Apple ha confirmado uno de los relevos más esperados del sector tecnológico. John Ternus, hasta ahora vicepresidente sénior de Ingeniería de Hardware, asumirá el cargo de CEO el próximo 1 de septiembre, sustituyendo a Tim Cook, que permanecerá vinculado a la compañía como presidente ejecutivo. Con este movimiento, Apple suma su tercer CEO en toda su historia, lo que habla de una cultura corporativa que apuesta por la estabilidad interna antes que por la disrupción en los puestos de mando.
Lo más llamativo del nombramiento no es solo quién entra, sino lo que representa. Ternus tiene 50 años, la misma edad que tenía Cook cuando tomó el relevo de Steve Jobs en 2011. Lleva exactamente 25 años en la compañía, la mitad de su vida, y su trayectoria está construida desde abajo: entró en 2001 como parte del equipo de diseño de producto, con un título en ingeniería mecánica por la Universidad de Pensilvania y experiencia previa en Virtual Research Systems, una pequeña empresa de realidad virtual. No es un ejecutivo venido del mundo financiero ni de la consultoría. Es un ingeniero puro que, según él mismo ha contado, pasó sus primeras noches en plantas de proveedores contando ranuras en tornillos con una lupa para verificar que las piezas de un monitor cumplían exactamente las especificaciones de diseño.
Un perfil técnico en un momento crítico
Ese detalle biográfico resume bien quién es Ternus. En 2013 fue nombrado vicepresidente de Ingeniería de Hardware, trabajando bajo las órdenes de Dan Riccio, y desde esa posición supervisó el desarrollo de productos que han marcado la historia reciente de la compañía: los AirPods, los iPad, la transición de chips Intel a Apple Silicon —uno de los movimientos técnicos más audaces de la empresa en décadas— y las Apple Vision Pro. En 2021 ascendió a vicepresidente sénior y desde entonces su nombre ha estado asociado a prácticamente todos los grandes hitos de hardware de la firma.
El perfil de Ternus envía un mensaje claro sobre hacia dónde quiere ir Apple. Dipanjan Chatterjee, analista de Forrester Research, lo explica así: el nombramiento indica que la compañía busca diferenciarse en sus productos físicos mientras replantea el concepto del dispositivo como plataforma para experiencias inteligentes. En otras palabras, Apple quiere volver a liderar desde el producto, no solo desde la gestión operativa o la ingeniería financiera. Cook fue un maestro de las cadenas de suministro y la eficiencia global. Ternus es otra cosa: es alguien que piensa en cómo se sostiene un tornillo.
Los retos que esperan al nuevo CEO
Heredará una empresa con una capitalización de alrededor de cuatro billones de dólares, pero con desafíos evidentes. El más urgente es la inteligencia artificial. Apple lleva años por detrás de sus competidores en este terreno: Siri sigue siendo un asistente con limitaciones evidentes frente a las propuestas de Google, OpenAI o Microsoft. La compañía ha buscado compensar esa brecha a través de alianzas externas, y en enero de este año anunció que el modelo Gemini de Google funcionará en sus iPhone a lo largo de 2025. Es un reconocimiento implícito de que, en IA generativa, Apple aún no tiene una respuesta propia a la altura.
Luego está el problema de la concentración de ingresos. Aproximadamente la mitad de los más de 400.000 millones de dólares en ingresos anuales de Apple dependen del iPhone. Eso convierte al teléfono en el motor y el ancla de la compañía al mismo tiempo. Diversificar esa dependencia es uno de los grandes objetivos estratégicos no resueltos. Las Vision Pro se presentaron como el siguiente gran producto, pero su acogida en el mercado fue limitada y su expansión comercial ha sido modesta. Ahora se apunta a dos nuevas apuestas: unas gafas de realidad aumentada más ligeras, orientadas a competir con las Meta Ray-Ban, y el primer teléfono plegable de Apple, que podría llegar precisamente en septiembre, en la primera keynote con Ternus como máxima autoridad ejecutiva.
El propio Chatterjee advierte del riesgo del gradualismo: Ternus deberá resistir la tentación de mejorar lo que ya existe sin atreverse a definir el próximo formato disruptivo. Cook gestionó Apple con brillantez operativa, pero los últimos años han generado la sensación de que la compañía refina en lugar de revolucionar. El nuevo CEO llega con el mandato implícito de cambiar eso, aunque la transición se plantee sin rupturas bruscas.
Cook no desaparece del todo. Como presidente ejecutivo, mantendrá su papel como interlocutor con gobiernos y reguladores, algo especialmente relevante en un momento en que Apple enfrenta investigaciones antimonopolio en Europa y Estados Unidos. Es una división de roles que garantiza continuidad institucional mientras Ternus toma las riendas del producto y la estrategia tecnológica.
El ingeniero que contaba ranuras en tornillos a medianoche ahora tiene en sus manos la empresa más valiosa del planeta. Su reto es demostrar que esa obsesión por el detalle puede escalar hasta redefinir, una vez más, lo que significa un producto de Apple en la era de la inteligencia artificial.