Tim Cook deja de ser el máximo responsable ejecutivo de Apple después de 15 años al frente de la compañía tecnológica más valiosa del mundo. El directivo pasará a ocupar el cargo de executive chairman, una figura de presidencia representativa desde la que seguirá gestionando las relaciones institucionales y los asuntos de políticas públicas. Su salida marca el fin de una era en Cupertino y abre una nueva etapa para la empresa fundada por Steve Jobs.
La transición no tardó en generar reacciones fuera del ámbito corporativo. Donald Trump, presidente de Estados Unidos, publicó un mensaje en su red social Truth Social en el que elogió la trayectoria de Cook en términos poco habituales para un político en activo. El mandatario describió al directivo como «un tipo increíble» y comparó su gestión favorablemente con la del propio Jobs, a quien admira públicamente. La publicación llamó la atención precisamente por su tono efusivo hacia un empresario al que numerosos analistas y críticos han señalado por su proximidad al entorno presidencial.
La relación entre Cook y Trump, bajo la lupa
La conexión entre ambos no es nueva ni discreta. Cook fue uno de los empresarios tecnológicos que acompañaron a Trump en la ceremonia de investidura de su segundo mandato, junto a otros dirigentes del sector conocidos como «tecnoligarcas». Poco después, durante una visita al Despacho Oval, Cook entregó al presidente un obsequio que consistía en un cristal con una base de oro de 24 quilates, un gesto que no pasó inadvertido y que intensificó las críticas sobre la actitud del directivo ante la Casa Blanca.
Los encuentros entre ambos han sido frecuentes. Trump invitó en varias ocasiones a los máximos responsables de las grandes tecnológicas estadounidenses a reuniones en las que, según versiones publicadas en su momento, les instó a aumentar sus inversiones en territorio americano. Cook también acudió en febrero al estreno privado de un documental sobre Melania Trump en la Casa Blanca, lo que amplificó las voces críticas dentro y fuera del sector.
El propio Trump ofreció una versión detallada de cómo comenzó esta relación en el mismo texto que publicó con motivo de la salida de Cook. Según el presidente, todo empezó durante su primer mandato cuando el entonces CEO de Apple le llamó para pedirle ayuda con un problema que sólo él, en su calidad de presidente, podía resolver. Trump no reveló los detalles del asunto, pero aseguró que lo resolvió «de manera rápida y eficaz» y que a partir de ahí se forjó una relación que calificó de «larga y muy grata». Añadió que a lo largo de sus años en la presidencia prestó a Cook «tres o cuatro grandes ayudas», aunque reconoció que en alguna ocasión declinó hacerlo porque las peticiones le parecieron «demasiado agresivas».
Apple, entre la diplomacia corporativa y los problemas regulatorios
Mientras Cook cultivaba este vínculo con la administración estadounidense, Apple acumulaba frentes abiertos en otras geografías. La Comisión Europea impuso a la compañía una multa histórica por las restricciones que aplica en su App Store y en sus sistemas de pago, en el marco de las investigaciones por prácticas contrarias a la competencia. En paralelo, el Tribunal de Justicia de la UE confirmó la obligación de Apple de devolver más de 13.000 millones de euros a Irlanda en concepto de ayudas fiscales ilegales, la sanción tributaria más elevada de la historia europea contra una empresa.
A estos problemas regulatorios se suman las tensiones derivadas de su cadena de producción, concentrada en gran medida en China. Las relaciones comerciales entre Washington y Pekín han puesto en una posición delicada a Apple, que depende de fabricantes como Foxconn para ensamblar sus productos. Cook, consciente de ello, ha intentado diversificar parte de la producción hacia países como India, aunque el proceso avanza lentamente.
Ante las críticas por su cercanía a Trump, Cook ha insistido en que su objetivo es incidir en políticas públicas y no en política partidista. «No soy una persona política de ningún bando. Me centro en las políticas públicas, por lo que me complace que la administración sea accesible para hablar de ellas», declaró en unas de sus últimas intervenciones como CEO. Una postura que sus detractores interpretan como una forma de justificar una relación que va más allá de lo estrictamente institucional.
Con su paso a executive chairman, Cook cede el control operativo de Apple pero mantiene influencia en los aspectos estratégicos y de representación que han definido su estilo durante tres lustros. La compañía deberá ahora gestionar una transición en el liderazgo ejecutivo en un momento en que la inteligencia artificial redefine el sector tecnológico y la presión regulatoria global sobre las grandes plataformas no da señales de remitir.