España cerrará esta década con 53 milmillonarios, frente a los 38 actuales. Ese incremento del 40% la convierte, junto a Dinamarca y Austria, en uno de los países europeos donde las grandes fortunas crecen más rápido, según el informe sobre riqueza global 2025 de Knight Frank, la consultora inmobiliaria británica que analiza cada año la distribución del capital a escala mundial.
El estudio pone el foco en quienes superan los 30 millones de dólares de patrimonio, un umbral que en 2025 alcanzaban 713.626 personas en todo el mundo, un 30% más que en 2021. La lista ha engordado a un ritmo de 89 personas al día durante los últimos cinco años, una cadencia que refleja la capacidad de ciertos segmentos económicos para generar riqueza incluso en entornos de alta incertidumbre: pandemia, guerra en Ucrania y tensiones en Oriente Próximo han golpeado la economía global sin frenar esta tendencia.
En el caso de España, el informe contabiliza 9.186 ciudadanos con un patrimonio de al menos 25 millones de euros, un 42% más que hace cuatro años. Para 2031, la previsión apunta a un crecimiento adicional del 11% en ese segmento. Son cifras modestas en términos absolutos —España representa apenas el 1,2% de los milmillonarios del mundo—, pero la velocidad de expansión es lo que destaca a nivel europeo. Liam Bailey, director de estudios de Knight Frank, señala que el país está consolidando su posición en el mapa de reubicación de grandes capitales, atrayendo a ultrarricos procedentes del norte de Europa, Latinoamérica y Estados Unidos.
Entre los factores que explican este imán, Bailey apunta a la calidad de vida, las infraestructuras y la oferta educativa. Pero hay un elemento fiscal que pesa igual o más: la conocida como ley Beckham, que permite a ciertos contribuyentes extranjeros tributar a un tipo fijo del 24% sobre sus rentas durante los primeros años de residencia en España. Madrid, además, ofrece una carga impositiva más reducida que la media nacional gracias a las bonificaciones autonómicas en impuestos como el de patrimonio y sucesiones, lo que refuerza el atractivo de la capital frente a otras grandes ciudades europeas.
El español con mayor patrimonio sigue siendo Amancio Ortega, fundador y principal accionista de Inditex, a quien Forbes atribuye una fortuna de alrededor de 120.000 millones de euros. Su figura ilustra bien el perfil de riqueza consolidada que predomina en España: negocios de escala global construidos durante décadas, frente al modelo anglosajón de fortunas surgidas de la tecnología o el capital riesgo en tiempos más cortos.
Europa, en su conjunto, atraviesa una fase de menor dinamismo en la creación de grandes patrimonios. El informe de Knight Frank describe el fenómeno con claridad: el ciclo de crédito barato y expansión fiscal post-pandemia se ha agotado, dejando paso a un entorno de inflación persistente, tipos de interés elevados y deuda pública creciente. Estas condiciones moderarán la generación de riqueza en el continente durante los próximos años, lo que hace aún más llamativo el ritmo que mantiene España dentro de ese contexto europeo.
El contraste con Estados Unidos es rotundo. El país norteamericano concentra uno de cada tres ultrarricos del mundo y prevé aumentar ese número un 43% hasta 2031. El informe atribuye esta hegemonía a la profundidad de sus mercados de capitales y al ecosistema tecnológico, que abarca desde las grandes plataformas digitales hasta la inteligencia artificial, la biotecnología y el deep-tech. Elon Musk encabeza la lista global con una fortuna estimada en más de 663.000 millones de euros según Forbes, una cifra que por sí sola supera el PIB de muchos países medianos.
Fuera del eje transatlántico, el informe destaca dos focos emergentes. Arabia Saudí será el país donde los milmillonarios crecerán proporcionalmente más, casi triplicando su número hasta llegar a 65, en el marco de la estrategia de diversificación económica Vision 2030 impulsada por el gobierno saudí. En Asia, India e Indonesia también aparecen como mercados con fuerte potencial de generación de grandes patrimonios, mientras que China, pese a ser la segunda economía mundial, crecerá a un ritmo más lento que sus rivales regionales.
El panorama que dibuja Knight Frank es el de un mundo donde la riqueza extrema se concentra cada vez más, pero también se internacionaliza. España, que hasta hace poco no figuraba entre los destinos prioritarios para grandes capitales internacionales, ha sabido posicionarse aprovechando una combinación de ventajas fiscales, calidad de vida y estabilidad macroeconómica relativa. Si las previsiones se cumplen, el país tendrá en 2031 un ecosistema de grandes fortunas significativamente más denso que hoy, con todo lo que eso implica en términos de inversión, mercado inmobiliario de lujo y dinamismo económico en los segmentos de mayor valor añadido.