El sector tecnológico del software ha vivido semanas de auténtica montaña rusa en los mercados financieros. Tras una segunda semana de abril marcada por caídas significativas, los principales valores del sector han comenzado a recuperar terreno con fuerza, lo que ha reabierto el debate sobre si estamos ante una oportunidad de entrada o simplemente ante un rebote técnico sin continuidad.
El ETF IGV de iShares, el vehículo de inversión de BlackRock que agrupa a las principales compañías de software cotizadas, perforó momentáneamente los mínimos de febrero y marzo durante esa segunda semana de abril. Sin embargo, desde entonces ha protagonizado una recuperación notable. El nivel de los 74 dólares ha actuado como suelo técnico relevante, coincidiendo con el 61,8% de retroceso de toda la subida acumulada desde los mínimos de 2022 hasta los máximos históricos registrados a finales de octubre del año pasado. En análisis técnico, ese porcentaje —uno de los llamados niveles de Fibonacci— es considerado una zona de soporte de primer orden.
Lo que hace especialmente llamativa la situación es la brecha histórica que se ha abierto entre el comportamiento del software y el del resto del mercado. La ratio que compara la evolución del S&P 500 con el sector del software se situó hace pocas semanas en su peor lectura desde 2002. Y si la comparación se hace frente al índice de semiconductores SOX, el diferencial negativo para el software no tiene precedentes en toda su historia. Ese nivel de pesimismo extremo, paradójicamente, es lo que muchos analistas técnicos interpretan como una señal de interés: cuando todos han vendido, los que quedan son compradores potenciales.
Las grandes del sector, bajo la lupa
Microsoft ha sido uno de los casos más analizados en este contexto. La compañía fundada por Bill Gates ha rebotado durante la última semana con un incremento claro del volumen negociado, lo que da más credibilidad a la subida. Además, y a diferencia del índice de referencia del sector, Microsoft no llegó a marcar un nuevo mínimo decreciente en el último tramo bajista. Lo más destacado desde el punto de vista técnico es que el título ha recuperado su media móvil de 200 semanas, un indicador que históricamente actúa como soporte de largo plazo y al que los inversores institucionales prestan mucha atención.
Palantir, la compañía especializada en plataformas de inteligencia artificial aplicadas al análisis masivo de datos para la toma de decisiones, presenta un esquema técnico diferente pero igualmente interesante. Su soporte clave se sitúa en los mínimos de abril, alrededor de los 122,68 dólares, mientras que la resistencia principal está en la zona de los 162-164 dólares, donde confluyen los máximos de marzo y la media de 200 sesiones. Si el valor lograse cerrar una semana por encima de esa zona de control de manera convincente, completaría una figura de doble suelo que, según los manuales del análisis técnico, proyectaría al título hacia sus máximos históricos en el entorno de los 207 dólares.
Oracle y SAP, apoyos europeos y americanos
Oracle, el gigante estadounidense de bases de datos y software empresarial, lleva desde febrero moviéndose en un rango lateral delimitado por el soporte de los 135 dólares y la resistencia de los 171,75. Durante todo ese tiempo, el título ha encontrado apoyo repetidamente en su media de 200 semanas, lo que refuerza la solidez de esa zona. Una ruptura semanal convincente por encima de los máximos de marzo completaría un doble suelo que, en términos de proyección técnica, apuntaría hacia los 220 dólares como objetivo mínimo.
Cerrando el análisis por el lado europeo, la alemana SAP —uno de los mayores fabricantes de software empresarial del mundo— parece haber encontrado un suelo firme en los 137,70 euros marcados en los mínimos de abril. Ese nivel coincide prácticamente con los máximos históricos registrados en 2020, lo que técnicamente se conoce como un retest: una zona que antes fue resistencia se convierte en soporte, y el precio regresa a testarla antes de rebotar.
El panorama conjunto del sector invita a reflexionar. Las señales técnicas de vuelta al alza están ahí: divergencias alcistas en osciladores de momento, soportes clave respetados, volumen acompañando las subidas y lecturas de sentimiento en mínimos históricos. Pero el contexto macroeconómico —con los tipos de interés aún en niveles elevados, la incertidumbre arancelaria y la desaceleración del gasto corporativo en tecnología— sigue siendo un factor de riesgo que los inversores no deben perder de vista. Las oportunidades técnicas existen, pero raramente vienen sin riesgo.