Antonio Brufau, presidente de Repsol, ha lanzado una advertencia clara sobre los riesgos económicos que supondría un bloqueo prolongado en el Estrecho de Ormuz, en plena crisis del Golfo Pérsico. En la reunión anual del Cercle d'Economia celebrada en Barcelona, señaló que de no reabrirse pronto esta vía estratégica para el transporte de petróleo y gas, se desataría una crisis económica mundial con alta inflación, problemas de suministro y hasta una posible crisis alimentaria en ciertas regiones por la disrupción logística.
El Estrecho de Ormuz es crucial para la energía global: alrededor del 20% del suministro mundial de petróleo y gas natural líquido pasa por ese corredor. Brufau recordó que, a pesar de los discursos sobre la transición energética y la electrificación, los cambios en la matriz energética de Europa son limitados y lentos. "Si en 50 años no hemos conseguido un cambio significativo hacia una matriz menos dependiente de los combustibles fósiles, no ocurrirá a corto plazo", sostuvo.
Además, destacó que la prolongación del conflicto en Oriente Medio ha destruido infraestructuras esenciales, complicando aún más la recuperación y la estabilidad energética futura. "El alcance total de la destrucción todavía no se conoce", añadió, subrayando el impacto a medio y largo plazo.
Por su parte, Francisco Reynés, presidente de Naturgy, mostró un optimismo mesurado. Señaló que España está relativamente protegida frente a un impacto inmediato del shock gasista, pero advirtió que la tensión en los mercados se intensificará debido al redireccionamiento de la demanda asiática, dado que un 20% del gas natural licuado que pasa por Ormuz va a esa región.
"España no podrá esquivar el reajuste global en el suministro energético", afirmó Reynés, advirtiendo que las decisiones europeas sobre prohibir el gas ruso a partir de 2027 complican aún más la situación. Este reajuste implicará una redistribución y posible aumento de precios que afectará a la economía española.
Ambos ejecutivos cuestionaron la rigidez de la estrategia europea para reducir emisiones, señalando la paradoja de que la descarbonización está provocando una deslocalización industrial que puede debilitar el tejido productivo europeo. "Europa se está descarbonizando, pero al mismo tiempo está trasladando la industria a otros países", concluyó Brufau, enfatizando los desafíos para la competitividad y la seguridad energética en el continente.
La advertencia conjunta de Brufau y Reynés destaca la vulnerabilidad que sigue existiendo frente a eventos geopolíticos en regiones clave para la energía mundial, como el Golfo Pérsico. España, aunque actualmente más protegida que otros países, no está aislada de las consecuencias de esta crisis y deberá prepararse para los ajustes inevitables en la estructura energética y económica.
Este análisis se inserta en un contexto donde la incertidumbre geopolítica y la transición energética se superponen, obligando a gobiernos y empresas a reconsiderar sus estrategias. Para más detalles, puede consultarse la información oficial del Cercle d'Economia así como reportes sobre el suministro energético global disponibles en el Ministerio para la Transición Ecológica.
La dependencia aún elevada de hidrocarburos y la fragilidad de las cadenas de suministro demandan soluciones que vayan más allá de las políticas actuales, buscando balancear sostenibilidad, seguridad y competitividad industrial en España y Europa.