Desde 2023, cualquier persona dada de alta como trabajadora por cuenta propia tiene que presentar la declaración del IRPF, sin importar cuánto haya ingresado durante el ejercicio. Es una diferencia importante respecto a los asalariados, que cuentan con umbrales mínimos. La buena noticia es que el colectivo autónomo dispone de un amplio catálogo de gastos deducibles vinculados a su actividad, siempre que estén debidamente acreditados. La campaña de la renta correspondiente al ejercicio 2024 arranca el próximo 8 de abril y, según los expertos consultados, conviene tener claras las reglas del juego antes de sentarse frente al borrador.
El requisito fundamental, según señalan desde la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA), es que cada gasto que se pretenda deducir guarde relación directa con la actividad profesional. Álvaro Viqueira, técnico de ATA, recuerda que la carga de la prueba recae siempre sobre el propio autónomo y que, ante la menor duda, lo más sensato es consultar a un asesor fiscal. Francisco Serantes, coordinador del grupo de expertos en IRPF de la Asociación Española de Asesores Fiscales (AEDAF), añade un matiz relevante: la jurisprudencia ha ido ampliando el concepto de gasto necesario hacia el de gasto conveniente, de modo que no solo es deducible lo estrictamente imprescindible, sino todo aquello que contribuya a mejorar los ingresos del negocio.
Entre las partidas más habituales figuran la cuota mensual de autónomos a la Seguridad Social, deducible al cien por cien, el alquiler del local donde se ejerce la actividad, los honorarios de gestorías, abogados o consultores, el material de oficina, los equipos informáticos, el software, los gastos en publicidad digital y el diseño web. Para quienes trabajan desde casa, la normativa permite deducir el treinta por ciento de la parte proporcional de los suministros (electricidad, agua, internet) correspondiente a la superficie destinada al negocio. El respaldo documental es imprescindible: los técnicos insisten en que un simple ticket no suele ser suficiente y en que cada gasto debe constar en los libros de registro obligatorios.
Hay dos categorías que generan especial conflicto con la Agencia Tributaria: la telefonía móvil y el vehículo. Deducir la factura del móvil exige demostrar que la línea se usa en exclusiva para la actividad profesional, algo complicado cuando solo se dispone de un número. En cuanto al coche, Hacienda únicamente acepta la deducción completa de los gastos asociados en actividades muy concretas como transporte de mercancías, taxi, agentes comerciales o vehículos con licencia VTC. Para el resto de profesionales, justificar el uso exclusivo del vehículo es prácticamente inviable.
Quienes hayan recibido subvenciones públicas durante 2024 deben saber que tributan en el IRPF. Si se trata de ayudas corrientes —destinadas a cubrir gastos del día a día como salarios o alquileres— se incluyen íntegramente como ingresos. Las de capital, orientadas a inversiones en activos fijos, se imputan de forma progresiva a través de la amortización. El conocido kit digital, financiado con fondos del Plan de Recuperación europeo, suele tratarse como subvención corriente, según explica Valeria Hernández, especialista en fiscalidad de autónomos en la plataforma TaxDown.
Este año llegan varias novedades relevantes. La Agencia Tributaria intensificará el control sobre los cobros realizados a través de Bizum, algo que afecta especialmente a pequeños negocios. Los vehículos eléctricos y los puntos de recarga que hayan entrado en funcionamiento en 2024 o 2025 podrán amortizarse libremente. Pero el cambio más significativo tiene que ver con las regularizaciones de las cuotas a la Seguridad Social: desde la reforma de 2023, los autónomos cotizan en función de sus rendimientos reales, y el nuevo modelo de declaración incluye casillas específicas para declarar los ajustes resultantes como gasto deducible o como ingreso adicional, según el caso.
Por último, conviene recordar que existen tres modalidades de tributación. La estimación directa simplificada es la más común y se aplica cuando la cifra de negocio no supera los seiscientos mil euros. La estimación directa normal está pensada para quienes rebasan ese umbral e implica mayores obligaciones contables. La estimación objetiva, conocida popularmente como módulos, permite a determinados sectores —hostelería, peluquerías, transporte por carretera— pagar un porcentaje fijo sobre rendimientos calculados con parámetros que fija Hacienda, como los metros de barra de un bar. Además, los expertos recuerdan que cada comunidad autónoma ofrece sus propias deducciones en el IRPF, por lo que revisarlas puede suponer un ahorro extra nada despreciable.