WiZink, el banco digital controlado mayoritariamente por el fondo Värde Partners, se enfrenta a una nueva reestructuración de deuda. En diciembre vence un bono por 265 millones de euros y la entidad deberá negociar con sus acreedores para ampliar los plazos o aceptar otras condiciones que alivien la presión financiera.
Desde 2018, cuando Värde Partners tomó el control completo del banco tras la compra del 49% que aún poseía Santander, WiZink ha atravesado diversas dificultades. Los planes iniciales de salida a Bolsa y venta de negocios, como su división en Portugal o la fintech Aplazame, fracasaron debido en parte a la llegada de la pandemia y el entorno complejo para los bancos digitales.
El principal problema radica en las pérdidas acumuladas, impulsadas por los litigios relacionados con las tarjetas revolving, producto que dominó su oferta durante casi una década. En 2023, la entidad registró pérdidas de 53 millones de euros y según el plan estratégico anunciado, no espera alcanzar rentabilidad hasta 2029.
Esta situación complica la devolución del bono que vence en diciembre, emitido en 2018 y que actualmente ofrece un rendimiento del 8%. Fuentes financieras indican que Värde Partners busca acordar con los fondos bonistas Beach Point y Monarch una extensión del vencimiento para ganar tiempo y evitar un impago, lo que podría incluir la conversión de parte de la deuda en acciones, tal como ocurrió en la reestructuración previa del año 2022.
En aquella ocasión, Värde logró convencer a los bonistas para reconvertir deuda en capital e inyectó 250 millones de euros adicionales para fortalecer a WiZink. Además, amplió el plazo del 55% de la deuda original otros tres años, operación que debería acabar este diciembre con estos 265 millones pendientes.
WiZink ha provisionado más de 600 millones en su balance en los últimos años para cubrir contingencias derivadas de los litigios por los tipos de interés abusivos en las tarjetas revolving. Aunque sigue ofreciendo este producto, ha diversificado sus servicios hacia otros segmentos de banca de consumo, como la financiación para la compra de vehículos usados.
En paralelo, trabaja para replicar acuerdos similares al que mantiene con Aliexpress, al emitir tarjetas para grandes comercios y mejorar su oferta en el sector del consumo. Su modelo operativo destaca por una gestión eficiente de la morosidad, con una base de clientes que supera el millón y medio entre España y Portugal, y una plantilla cercana a 800 empleados, incluido un centro de atención en Zaragoza.
La financiación de WiZink se sustenta en un 80% en depósitos y un 20% en titulizaciones de deuda. El desafío ahora es negociar con acreedores para evitar contratiempos financieros que puedan poner en riesgo su operativa, en un momento en el que el sector bancario digital se enfrenta a una creciente competencia y un marco regulatorio más exigente.
La evolución de estas negociaciones será decisiva para la estabilidad del banco, que aún se encuentra lejos de la rentabilidad y depende del apoyo de sus accionistas y acreedores para continuar su operación y planes de crecimiento. En definitiva, WiZink lucha por ganar tiempo y flexibilidad financiera en un entorno complejo, que ya le obligó hace cinco años a modificar su estructura de deuda para sobrevivir.
Para más detalles sobre la reestructuración y las condiciones financieras de WiZink, pueden consultarse los informes en Expansion y Cinco Días.