Mark Mobius, uno de los inversores más influyentes del siglo XX y pionero en apostar por los mercados emergentes cuando nadie más lo hacía, falleció este miércoles a los 89 años. Su muerte fue anunciada a través de un comunicado publicado en su perfil de LinkedIn, donde quienes le conocieron le describieron como alguien que cambió para siempre la forma en que el mundo financiero mira a las economías en desarrollo.
La trayectoria de Mobius es difícil de resumir sin recurrir a los números que él mismo construyó durante décadas. Cuando se incorporó a Franklin Templeton en 1987, la gestora estadounidense daba sus primeros pasos en los mercados emergentes. Mobius se convirtió en el arquitecto de esa apuesta: lanzó uno de los primeros fondos del sector centrados en estas economías y asumió la dirección del Templeton Emerging Markets Investment Trust, un vehículo que bajo su liderazgo pasó de gestionar 100 millones de dólares a acumular 40.000 millones. Una multiplicación por 400 que sigue siendo un referente en la historia de la gestión de activos.
Pero más allá de los números, lo que distinguió a Mobius fue su método. Mientras la mayor parte del sector analizaba mercados desde despachos en Nueva York o Londres, él prefería el contacto directo. Viajó sin parar durante décadas a países que los grandes inversores internacionales ignoraban por completo: mercados asiáticos, latinoamericanos, africanos y de Europa del Este en los que la información era escasa y el riesgo, elevado. Según su propia biografía, llegó a acumular tantas horas de vuelo en clase económica que habría podido costear, con los puntos de viajero frecuente, varios trayectos a la luna en primera clase.
Esas expediciones no eran turismo financiero. Mobius recorría plantaciones de caucho en Tailandia, probaba motocicletas en carreteras chinas en mal estado o probaba platos locales en regiones remotas. Todo con un único objetivo: encontrar empresas infravaloradas antes de que el resto del mercado las descubriera. Esa filosofía —el valor está donde otros no miran— le convirtió en uno de los gestores más respetados y también más imitados de su generación.
Su popularidad trascendió los círculos financieros. Mobius era reconocible no solo por sus resultados, sino también por su imagen: cabeza rapada, trato directo y una franqueza que pocas veces se ve en el sector. En una entrevista concedida al Financial Times, describió a Donald Trump como "listo como un zorro", una frase que circuló ampliamente y que ilustraba bien su carácter poco dado a los eufemismos.
Tras más de tres décadas en Franklin Templeton, Mobius dejó la gestora en 2018 para fundar Mobius Capital Partners junto a Carlos Hardenberg y Greg Konieczny, dos colaboradores con los que había trabajado estrechamente durante años. La nueva firma mantuvo el mismo enfoque: inversión activa en mercados emergentes y de frontera, con un componente adicional de gobierno corporativo y sostenibilidad que reflejaba la evolución del sector en los últimos años.
La figura de Mobius hay que entenderla en su contexto histórico. Cuando comenzó a operar en mercados emergentes, estos representaban una fracción marginal de los flujos globales de capital. Hoy, según datos del Fondo Monetario Internacional, las economías emergentes y en desarrollo representan más de la mitad del PIB mundial medido en paridad de poder adquisitivo. Parte de ese cambio de percepción se debe, en buena medida, a inversores como Mobius que demostraron que el riesgo podía gestionarse y que la rentabilidad estaba precisamente donde otros no se atrevían a mirar.
Su legado es doble. Por un lado, el puramente financiero: décadas de rentabilidades superiores a la media, un fondo transformado en referente global y una firma propia que continúa su filosofía. Por otro, el conceptual: Mobius ayudó a construir la categoría de "mercados emergentes" como clase de activo reconocida y respetada dentro de las carteras institucionales. Antes de él, invertir en Brasil, India o Corea del Sur era considerado algo propio de especuladores. Después de él, se convirtió en una asignación estratégica que cualquier gran fondo de pensiones o gestora internacional considera hoy de forma rutinaria. Con su muerte, la industria pierde a uno de sus más genuinos exploradores.