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KPMG y EY degradan a socios para repartir menos beneficios

Las grandes firmas de auditoría rompen con el modelo del socio vitalicio y apuestan por controlar quién acciona los beneficios.

Por Carlos García·viernes, 24 de abril de 2026·4 min lectura·2 vistas
Ilustración: KPMG y EY degradan a socios para repartir menos beneficios · El Diario Joven

Ser socio de una de las grandes firmas de auditoría del mundo era, hasta hace poco, sinónimo de seguridad económica garantizada. Un estatus que, salvo escándalo mayúsculo o jubilación, nadie te quitaba. Ese modelo está empezando a agrietarse. KPMG y EY han comenzado a excluir a determinados socios de sus estructuras de participación accionarial y a ofrecerles en su lugar contratos de socios asalariados, según informó el Financial Times citando a varias fuentes internas con conocimiento directo de los casos.

La diferencia entre ambas categorías no es menor. Un socio accionista comparte los beneficios de la firma en función de las unidades que tiene asignadas, mientras que un socio asalariado recibe un sueldo fijo —con posibles bonus— pero queda fuera del reparto de ganancias del negocio. En KPMG Reino Unido, la remuneración media de los socios con participación en el capital alcanzó las 880.000 libras el pasado ejercicio, una cifra que ilustra lo que está en juego en cada decisión de este tipo.

El fin silencioso del socio de por vida

Hasta ahora, la práctica habitual cuando un socio no rendía lo esperado era pedirle, de forma más o menos discreta, que se jubilara anticipadamente. Lo que KPMG ha comenzado a hacer es diferente: convocar a esos socios a reuniones presentadas como conversaciones sobre su desarrollo profesional y comunicarles, al final, que serán reclasificados. Varias fuentes citadas por el Financial Times apuntan a que algunos de los afectados optaron por marcharse directamente antes que aceptar la rebaja, especialmente porque en muchos casos habían recibido evaluaciones positivas y no se les había dado margen para mejorar.

EY, por su parte, introdujo la categoría de socio asalariado en 2022 y desde entonces ha aplicado esa misma reclasificación a un número reducido de socios accionistas. La firma no ha hecho declaraciones públicas detalladas sobre los criterios utilizados, aunque la tendencia apunta claramente hacia una gestión más activa de quién participa en los beneficios y en qué medida.

Esta práctica no es exclusiva del sector de la auditoría. En banca de inversión, firmas como Goldman Sachs llevan años gestionando con precisión quirúrgica la composición de sus cúpulas de socios. Los grandes bufetes de abogados también reducen la participación de quienes no generan suficiente negocio, especialmente en firmas de tamaño medio que necesitan proteger sus márgenes. Lo que sí resulta llamativo es que este mecanismo llegue ahora a las Big Four con la intensidad que describen las fuentes.

Presión sobre beneficios y nuevos criterios de rendimiento

Detrás de este cambio hay un contexto económico claro: las cuatro grandes firmas —Deloitte, EY, KPMG y PwC— llevan meses enfrentándose a una ralentización de la demanda de servicios de consultoría, uno de sus motores de crecimiento más potentes durante la última década. Mantener la remuneración de los socios en niveles atractivos exige, en ese entorno, afinar quién entra en el reparto.

En KPMG, ese proceso ha sido especialmente visible bajo la dirección de Jon Holt, quien asumió la dirección ejecutiva en 2021. Holt ha rediseñado el sistema de unidades con el que se calcula la participación de cada socio, dando más peso a la captación de nuevos clientes y menos a la antigüedad. El resultado ha sido un aumento de las ganancias por socio que ha permitido a KPMG superar a PwC y EY por primera vez en más de una década. Parte de esa mejora se explica también porque entre 2021 y 2023 la firma prácticamente no incorporó nuevos socios accionistas, reduciendo el tamaño de su sociedad al mínimo en más de veinte años.

El fenómeno tiene incluso su propio acrónimo interno: dentro de KPMG algunos empleados utilizan el término "Huncs" —High Units, No Clients— para referirse a socios con participaciones accionariales elevadas pero que no generan honorarios directos. El término resume bien la tensión que existe entre el modelo tradicional, basado en la antigüedad y el estatus, y la lógica más mercantil que se está imponiendo.

Una inflación de títulos que ahora se corrige

La categoría de socio asalariado nació, en su origen, como una herramienta de retención: ofrecer el título de socio a directivos que de otro modo podrían marcharse a la competencia, sin abrirles del todo la puerta al reparto de beneficios. Con el tiempo, esa figura se multiplicó hasta generar lo que algunos analistas del sector llaman "inflación de títulos": demasiados socios, demasiado poco negocio por cabeza.

Ahora, la misma herramienta se usa en sentido inverso: no para atraer talento con un título atractivo, sino para desplazar hacia abajo a quienes ya no se consideran suficientemente productivos. El mensaje implícito que envían KPMG y EY es que el estatus de socio ya no es irreversible, y que la pertenencia al círculo de quienes comparten los beneficios de la firma depende cada vez más de los números que se generan.

KPMG Reino Unido ha señalado públicamente que prevé crear más de 200 nuevas posiciones en su sociedad durante los próximos dos años, incluyendo tanto socios asalariados como accionistas, y que aumentará las promociones en el próximo ejercicio fiscal. La firma insiste en que todos sus socios son evaluados por su rendimiento. Lo que no dice, pero queda implícito en los testimonios recogidos por el Financial Times, es que ese rendimiento tiene ahora consecuencias en ambas direcciones.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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