El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán no solo remodela el mapa geopolítico de Oriente Próximo: también está sacudiendo los cimientos del mercado energético mundial. La Agencia Internacional de la Energía publicó este viernes un informe en el que concluye que la guerra tendrá un impacto directo sobre el Gas Natural Licuado (GNL) que se prolongará «al menos dos años», alterando las perspectivas de suministro y precios en Europa y Asia de forma sustancial.
La cifra que más llama la atención del análisis es la pérdida acumulada estimada: hasta 120.000 millones de metros cúbicos de GNL entre 2026 y 2030, lo que equivale a cerca del 15% del volumen de suministro previsto para ese periodo. El golpe será más intenso en 2026 y 2027, cuando la contracción de la oferta retrasará los efectos positivos que se esperaban de la expansión del sector. La agencia, con sede en París, advierte de que estas pérdidas solo podrán compensarse de forma progresiva con la puesta en marcha de nuevas plantas de licuefacción, aunque subraya la urgencia de reforzar inversiones en toda la cadena de valor y de diversificar las fuentes de energía.
El cierre del estrecho de Ormuz, el detonante
El punto de inflexión se produjo a principios de marzo, cuando el estrecho de Ormuz quedó cerrado de facto al tráfico de GNL como consecuencia directa de la escalada bélica. A través de este paso marítimo transita una parte decisiva del comercio energético mundial, y su bloqueo generó lo que la AIE califica como «una perturbación sin precedentes» en la oferta y en los precios. La producción mundial de GNL cayó un 8% interanual en ese mes, impulsada principalmente por la reducción drástica de los envíos desde Qatar y Emiratos Árabes Unidos, dos de los grandes exportadores del planeta.
Los ataques contra infraestructuras energéticas en la región han reducido la disponibilidad de gas para los mercados domésticos y dañado plantas de licuefacción clave, lo que deteriora directamente las perspectivas de exportación global. Parte de esa caída fue absorbida por nuevos proyectos en América del Norte y África, pero el informe señala que el impacto global «continúa ampliándose».
Precios al alza y demanda a la baja
Las consecuencias en los mercados ya son visibles. Los precios al contado del GNL se dispararon en marzo hasta su nivel más elevado desde enero de 2023. En Europa, el índice TTF —referencia del gas en el continente— había caído un 24% en los primeros meses de 2026 gracias a un mercado que comenzaba a reequilibrarse; en Asia, el indicador JKM había retrocedido un 27%. El cierre del estrecho de Ormuz invirtió esa tendencia en cuestión de semanas, borrando meses de moderación en los precios.
La volatilidad también se intensificó, lo que incentivó el desvío de cargamentos hacia Asia, donde los márgenes eran más atractivos. Europa quedó así expuesta a una presión adicional, recordando los peores momentos de la crisis energética de 2022-2023, cuando la invasión rusa de Ucrania disparó los precios del gas hasta niveles históricos.
En paralelo, la demanda empezó a debilitarse en los principales mercados importadores. El encarecimiento del gas, combinado con factores climáticos y políticas de contención del consumo, frenó la absorción. En el caso europeo, el mayor peso de las energías renovables en la generación eléctrica también contribuyó a moderar la demanda, aunque no lo suficiente como para compensar la escasez de oferta.
La AIE pide contratos a largo plazo y cooperación internacional
Antes de que el conflicto se recrudeciera, el mercado global de GNL mostraba señales claras de mejora. Durante la temporada de calefacción 2025-2026, el comercio mundial creció un 12% interanual, impulsado por nuevos proyectos, sobre todo en Norteamérica, y por el aumento de producción de los exportadores tradicionales. Ese equilibrio se evaporó con rapidez.
La AIE extrae de esta crisis una lección de fondo que lleva tiempo repitiendo: la seguridad energética no se improvisa. El organismo destaca la importancia de contar con carteras diversificadas de contratos a largo plazo, que protejan a compradores y vendedores frente a perturbaciones abruptas como la actual. También reclama mayor cooperación internacional entre países productores y consumidores, un mecanismo que considera imprescindible para gestionar crisis de esta magnitud.
El informe llega en un momento en que la Unión Europea trabaja activamente en reducir su dependencia de los combustibles fósiles importados, aunque el gas sigue siendo un pilar esencial de la transición energética para muchos estados miembros. La guerra en Irán complica ese proceso y recuerda que la geopolítica puede deshacer en semanas lo que los mercados tardan meses en construir.