Joseph Safra no era el tipo de banquero que aparece en las portadas de las revistas financieras ni el que cierra operaciones arriesgadas para ganar titulares. Era todo lo contrario: un hombre que construyó un imperio silencioso aplicando una filosofía sencilla pero poderosa, heredada de su padre. "Si decides navegar por los mares de la banca, construye tu banco como construirías tu barco, con la fuerza suficiente para navegar con seguridad a través de cualquier tormenta." Esa máxima familiar se convirtió en el lema de Safra Group y explica mejor que cualquier dato por qué este banquero de origen libanés llegó a ser el más rico del mundo según Forbes, con una fortuna de 23.200 millones de dólares en el momento de su fallecimiento en diciembre de 2020.
En el sector financiero brasileño se decía que Safra solo prestaba dinero a quien no lo necesitaba. Era una crítica velada a su exceso de prudencia, pero también un reconocimiento implícito de que ese método funcionaba. Mientras otros bancos asumían riesgos que luego les pasaban factura, Banco Safra crecía de forma constante hasta convertirse en una de las principales entidades financieras de Brasil, un país con un sistema bancario extraordinariamente competitivo y volátil. El banco nunca cotizó en bolsa, lo que le permitió mantener el control absoluto del negocio y evitar las presiones de los mercados a corto plazo.
Un linaje con siglos de historia financiera
La historia de los Safra no empieza con Joseph. La familia llevaba generaciones operando como intermediaria financiera en las rutas comerciales del Imperio Otomano, financiando caravanas y gestionando divisas en ciudades clave como Constantinopla y Alejandría. Era una banca avant la lettre, rudimentaria pero efectiva, que fue evolucionando hasta que el padre de Joseph, Jacob Safra, fundó un banco en Beirut en los años veinte del siglo pasado. Tres décadas después, la inestabilidad creciente en Oriente Medio tras la creación del Estado de Israel le convenció de que la región era un polvorín. Decidió trasladar a toda su familia a Brasil, donde ya existía una gran comunidad sirio-libanesa y donde el mercado tenía un potencial enorme.
Allí, los Safra apostaron desde el principio por el asesoramiento y la gestión de grandes patrimonios, una especialización que los diferenciaba de la banca comercial convencional y que resultó ser una ventaja competitiva duradera. Cuando Joseph tomó las riendas del negocio junto a sus hermanos Edmond y Moise tras la muerte de su padre, esa base estaba sólidamente construida. Sin embargo, la muerte de Edmond en un incendio en Montecarlo generó tensiones internas sobre el control del grupo que tardaron años en resolverse. Moise se negó durante mucho tiempo a vender su participación, lo que obligó a Joseph a fundar su propio banco paralelamente. Finalmente, en 2006, logró reunificar el grupo bajo su mando y estructurarlo como Safra Group.
Un imperio más allá de la banca
El núcleo del negocio era financiero, pero Joseph Safra amplió el perímetro del grupo de forma selectiva y siempre con la misma filosofía: calidad sobre cantidad, largo plazo sobre especulación. En el sector internacional, Safra National Bank of New York y J. Safra Sarasin, con sede en Suiza, se convirtieron en destinos preferidos de las grandes fortunas familiares del mundo para gestionar su patrimonio. La reputación de discreción y solidez del grupo era un activo en sí mismo.
En el sector agroalimentario, la operación más llamativa fue la compra del 50% de Chiquita Brands, uno de los mayores productores y distribuidores de plátano del mundo, por 742 millones de dólares, después de que el consejo de la compañía rechazara una oferta inicial de 610 millones. Y en el inmobiliario, Safra aplicó el mismo criterio selectivo: pocos activos, pero de primer nivel. El más emblemático fue The Gherkin, el rascacielos neofuturista de 180 metros en la City de Londres, adquirido en 2014 por 1.100 millones de dólares. A ese activo se sumaba el 660 de Madison Avenue, en pleno corazón de Nueva York.
La herencia y los conflictos tras su muerte
Joseph Safra falleció el 10 de diciembre de 2020 en São Paulo, dejando un patrimonio familiar estimado en 26.900 millones de dólares repartido entre su viuda, Vicky, y sus cuatro hijos. Sin embargo, la sucesión no fue tranquila. Uno de sus hijos, Alberto, acusó al resto de la familia de manipular los testamentos para desheredarlo, supuestamente por haber creado un banco rival. El conflicto, que chocaba frontalmente con la discreción que siempre caracterizó al patriarca, acaparó la atención mediática durante años hasta que la familia logró alcanzar un acuerdo en 2024.
La historia de Joseph Safra es, en definitiva, la de alguien que entendió que en las finanzas la paciencia y la solidez generan más riqueza duradera que la audacia. Un legado que sus herederos tendrán que demostrar que pueden mantener en un sector que cada vez exige más velocidad y más apetito por el riesgo.