En vivo
Buscar

El FMI advierte: caos político y economía resiliente no durarán

El Fondo rebaja las perspectivas de crecimiento mundial por la guerra en Oriente Próximo y la política impredecible de Trump.

Por Carlos García·miércoles, 15 de abril de 2026·4 min lectura
Ilustración: El FMI advierte: caos político y economía resiliente no dura · El Diario Joven

La economía global ha demostrado una resistencia notable frente a años de turbulencias geopolíticas, guerras comerciales y cambios bruscos de política. Pero esa capacidad de aguante tiene límites, y el Fondo Monetario Internacional ya los está cartografiando con detalle. En su último informe de Perspectivas de la Economía Mundial, el organismo avisa de que la combinación entre políticas impredecibles y fundamentos económicos sólidos no puede mantenerse indefinidamente, y que la guerra en Oriente Próximo ha acelerado el reloj.

Las cifras de partida no son alarmantes, pero sí reveladoras. El FMI proyecta un crecimiento mundial del 3,1% para 2026 y del 3,2% para 2027, frente al 3,4% registrado durante 2024-25. Lo más significativo no es la caída en sí, sino lo que la explica: de no haberse producido el conflicto en la región, las previsiones habrían sido revisadas al alza. En otras palabras, la guerra no solo ha frenado la recuperación, sino que ha borrado una mejora que ya estaba en marcha. La inflación, por su parte, se espera que cierre el año en torno al 4,4%, aún lejos de los objetivos de los principales bancos centrales.

Tres escenarios y ninguno es el ideal

El organismo ha optado por abandonar el tradicional escenario único y presentar tres proyecciones diferenciadas según la evolución del conflicto. En el escenario de referencia, que asume una desescalada gradual y la reapertura del estrecho de Ormuz hacia mediados de 2026, el crecimiento se estabilizaría en esa banda del 3,1-3,2%, muy por debajo de la media del 3,7% registrada entre 2000 y 2019. En el escenario adverso, con un conflicto más prolongado y precios energéticos persistentemente altos, el crecimiento global caería al 2,5% y la inflación escalaría hasta el 5,4%. El escenario más severo, que contempla daños graves a infraestructuras energéticas en la región, recorta el crecimiento hasta el 2% e impulsa la inflación al 5,8%, niveles que en muchas economías equivaldrían a una recesión técnica.

Estos números no son ejercicios académicos. Los precios del petróleo y el gas están directamente ligados a lo que ocurra en torno al estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del comercio mundial de crudo. Cualquier interrupción sostenida tiene efectos directos sobre los costes de producción, el poder adquisitivo de los hogares y los márgenes de las empresas en todo el mundo, pero especialmente en los países importadores de energía y en las economías más vulnerables.

La imprevisibilidad como estrategia y sus costes

Más allá de los datos macroeconómicos, el informe del FMI dedica una atención notable a la incertidumbre como variable en sí misma. Y los indicadores que la miden se han disparado. La política comercial de la administración Trump, con sus aranceles en zigzag y sus negociaciones abruptas, ha generado un entorno en el que las empresas posponen inversiones y los gobiernos evitan compromisos a largo plazo. A eso se suma la guerra en Ucrania, las fracturas en las alianzas occidentales y la escalada en Oriente Próximo.

El ex gobernador del Banco de Canadá Mark Carney ha descrito esta fase histórica como una era de "ruptura", un término que el FMI parece compartir en el fondo aunque no en la forma. El organismo señala que los riesgos son predominantemente a la baja, una formulación técnica que en la práctica significa que hay más probabilidad de que las cosas empeoren que de que mejoren respecto a lo proyectado.

Señales positivas que no conviene ignorar

Sin embargo, el cuadro no es uniformemente sombrío. Antes del estallido del conflicto, la economía global evolucionaba mejor de lo esperado. El auge de la inversión en inteligencia artificial impulsó las exportaciones tecnológicas de varias economías asiáticas y compensó parcialmente el lastre de los aranceles estadounidenses. El comercio mundial también se reorganizó con cierta agilidad para sortear la guerra comercial entre Washington y Pekín, lo que amortiguó parte del impacto. Y el proteccionismo, de momento, no se ha generalizado más allá de los focos ya conocidos.

En el plano político, la derrota electoral de Viktor Orbán en Hungría sugiere que el modelo populista de alianza entre polarización cultural y corrupción institucional tiene un techo electoral cuando los comicios son razonablemente libres. Eso no cambia el panorama geoeconómico inmediato, pero sí apunta a que las democracias conservan cierta capacidad de autocorrección.

El FMI nació en Bretton Woods en 1944 con el objetivo de garantizar la estabilidad financiera internacional en un mundo que acababa de salir de la mayor catástrofe bélica y económica de la historia. El mundo que describe su último informe dista mucho de ese ideal fundacional, pero el propio informe demuestra que el andamiaje institucional todavía existe y sigue produciendo análisis y alertas. La cuestión es si los actores con poder de decisión están dispuestos a escucharlas.

Compartir:XFacebookWhatsAppEmail

Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

También te puede interesar