La economía global enfrenta un posible repunte inflacionario que podría situar la tasa en torno al 7% en los próximos meses, según ha explicado Javier Díaz-Giménez, profesor de Economía en el IESE, en una conversación con Amparo Polo para el podcast "En Acción" de EXPANSIÓN. Este aumento de la inflación no solo responde a factores económicos internos, sino que también está influenciado por tensiones geopolíticas como las que se están dando en el Estrecho de Ormuz.
La inflación ha sido una preocupación constante desde la recuperación tras la crisis sanitaria global que comenzó en 2020. Los precios comenzaron a subir de manera significativa motivados por factores como la interrupción en las cadenas de suministro, el aumento en la demanda tras la reapertura económica y el crecimiento de los precios de la energía. Pero, según Díaz-Giménez, en este contexto, el conflicto y las tensiones en zonas estratégicas, fundamentalmente en Oriente Medio, pueden exacerbar esta situación.
En concreto, el Estrecho de Ormuz es una vía marítima crucial para el transporte del petróleo a nivel mundial. Cualquier interrupción o amenaza sobre su seguridad genera incertidumbre y volatilidad en los mercados energéticos, lo que normalmente se traduce en un aumento de los precios del crudo y, en consecuencia, presiones inflacionarias globales. Esto se suma a los problemas ya existentes derivados del encarecimiento de las materias primas y los costes logísticos.
Además del impacto directo en el precio de la energía, el profesor del IESE alerta sobre cómo estos eventos geopolíticos están modificando permanentemente la manera en que se entiende la geopolítica mundial. La dependencia energética y la vulnerabilidad de los sistemas globales obligan a una revisión profunda de las estrategias políticas y económicas de países, especialmente de aquellos con economías muy interconectadas con Oriente Medio y Asia.
La perspectiva para la inflación en España y en la eurozona se mantiene preocupante. Pese a los intentos de los bancos centrales, como el Banco Central Europeo, de controlar la subida de precios mediante subidas de tipos de interés, la inflación continúa mostrando signos de resistencia. Según datos recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE), la inflación interanual en España se situó en torno al 6,5% en abril de 2026, reflejando todavía una presión inflacionista significativa en productos básicos y energía. Esto indica que, sin un desescalamiento de las tensiones geopolíticas ni cambios estructurales en los mercados de energía, la subida hasta el 7% es plausible.
La situación también revive los debates sobre las políticas energéticas y la necesidad de acelerar la transición hacia fuentes renovables y la diversificación energética. En este sentido, las restricciones geopolíticas evidencian la dependencia persistente de las economías occidentales respecto a regiones políticamente inestables, así como el riesgo de impactos económicos directos derivados de esos conflictos.
Por lo tanto, la inflación no es un fenómeno exclusivamente económico, sino también político y geoestratégico que obliga a mayores sinergias entre especialistas de diferentes áreas para diseñar respuestas eficaces. Las decisiones de los bancos centrales, las estrategias diplomáticas y las políticas energéticas nacionales e internacionales deberán ir de la mano para estabilizar tanto los precios como la confianza de los inversores y consumidores.
En conclusión, la inflación al 7% podría materializarse en los próximos meses si no se contienen los factores que la están empujando al alza. La combinación de cuellos de botella en la producción, la subida del coste energético y las nuevas tensiones en el Estrecho de Ormuz colocan a la economía mundial en un escenario de incertidumbre prolongada. La gestión eficaz de esta crisis requerirá una mirada amplia y coordinada, que incluya no solo medidas económicas internas sino también compromisos diplomáticos y avances en la descarbonización y diversificación de recursos energéticos.
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