China ha ordenado a Meta que revierta su adquisición de Manus, la aplicación de inteligencia artificial autónoma que la compañía de Mark Zuckerberg compró por 2.000 millones de dólares a principios de este año. La decisión, anunciada por la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma de China, convierte esta operación en uno de los casos más llamativos de intervención regulatoria entre empresas no chinas en el contexto de la rivalidad tecnológica entre Pekín y Washington.
La NDRC comunicó el lunes que prohibía la inversión extranjera en Manus y exigía a las partes involucradas la cancelación formal del acuerdo. Esto incluye, según fuentes cercanas al asunto, la devolución de los fondos, la restitución del registro de propiedad de la empresa y la suspensión inmediata del uso del algoritmo de Manus por parte de Meta. De no cumplirse estas condiciones, Pekín podría imponer sanciones económicas a Meta, restringir su actividad en el mercado chino e incluso iniciar procedimientos penales contra los individuos implicados en la operación.
La operación se cerró a principios de 2025, apenas unos meses después de que Meta la anunciara en diciembre de 2024. La empresa, que busca acortar distancias con OpenAI y Google en el campo de la IA generativa, ya había comenzado a integrar las capacidades de Manus en sus propias herramientas. Esto complica enormemente cualquier proceso de reversión: separar un software que ya está entrelazado con otros sistemas es técnicamente complejo y costoso, y obligaría a Meta a escindirla, vendérsela a sus anteriores inversores o buscar nuevos compradores.
El origen de Manus y su traslado a Singapur
Manus fue creada por la startup Butterfly Effect, fundada en China en 2022. La empresa desarrolla lo que describe como un motor de acción de IA: agentes autónomos capaces de gestionar archivos, ejecutar software y llevar a cabo tareas complejas sin intervención humana directa. Debutó públicamente en marzo de 2025, apenas dos meses después de que el lanzamiento de DeepSeek sacudiera a los inversores tecnológicos de Silicon Valley con la demostración de que China podía competir con los modelos de IA más avanzados del mundo.
Antes de la adquisición, Butterfly Effect trasladó su sede y equipo principal a Singapur tras una ronda de financiación liderada por Benchmark Capital, una de las firmas de capital riesgo más influyentes de Estados Unidos. Pese a este cambio de domicilio legal, las autoridades chinas han argumentado que la empresa seguía siendo, en esencia, de origen chino, y que su venta a una empresa estadounidense constituía una amenaza a la base tecnológica del país. Pekín llegó a calificar la adquisición de intento conspirativo para debilitar su posición en el sector de la IA.
Una intervención con mensaje político
Varias fuentes apuntan a que la orden de Pekín tiene tanto de advertencia política como de medida práctica. Revertir un acuerdo ya cerrado y parcialmente integrado es extraordinariamente difícil, y los propios analistas reconocen que el gesto podría tener como objetivo principal disuadir operaciones similares en el futuro. Como explicó una persona familiarizada con la decisión, es bastante complicado deshacer un trato que ya está hecho, pero el mensaje es claro: ninguna empresa china de IA, aunque haya reubicado su sede, debería caer en manos de competidores estadounidenses.
El anuncio llega además en un momento diplomáticamente delicado. Está prevista para el próximo mes una cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping en la que ambos líderes deberán abordar las tensiones comerciales y tecnológicas acumuladas. En ese contexto, el bloqueo a Meta se enmarca en una estrategia más amplia de Pekín para proteger sus activos tecnológicos, que también incluyó en marzo la prohibición de salida del país a dos cofundadores de Manus mientras se revisaba la operación.
No es la primera vez que China interviene en una operación de esta magnitud. Según informó el Financial Times, el caso recuerda al de la venta de 43 puertos globales por parte de CK Hutchison a un consorcio respaldado por BlackRock, en el que Pekín presionó para que el comprador incluyera también a un grupo chino. Aquella operación, aún sin cerrar, ilustra hasta qué punto el gobierno chino está dispuesto a usar su influencia regulatoria para condicionar transacciones internacionales cuando considera que sus intereses estratégicos están en juego.
Meta, por su parte, ha respondido con cautela. Un portavoz de la compañía indicó que la transacción cumplió plenamente con la legislación vigente y que confían en una resolución adecuada a la investigación. La entrada de Manus en la App Store de Apple todavía figura a nombre de la entidad singapurense Butterfly Effect como desarrolladora, lo que complica aún más la determinación de qué jurisdicción y qué normativa aplican realmente a la operación.