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Una piscifactoría de lenguados en la nuclear de Lemóniz

Atitlan, el grupo del yerno de Juan Roig, invertirá 170 millones en un parque acuícola en las instalaciones del fallido proyecto nuclear vasco.

Por Carlos García·lunes, 27 de abril de 2026·4 min lectura
Ilustración: Una piscifactoría de lenguados en la nuclear de Lemóniz · El Diario Joven

Más de cuatro décadas después de que el proyecto nuclear de Lemóniz quedara paralizado, las instalaciones de la central que nunca llegó a funcionar tendrán por fin un uso concreto. El Gobierno vasco, que adquirió los terrenos en 2019, había anunciado su interés en reconvertir el espacio para la acuicultura, pero el plan no ha recibido luz verde hasta ahora. La concesión recae en Atitlan, el grupo empresarial liderado por Roberto Centeno —yerno de Juan Roig, fundador y dueño de Mercadona— y Aritza Rodero.

El proyecto contempla la creación de un parque acuícola especializado en la cría de lenguados. Para gestionar la explotación se constituirá una nueva sociedad, Aquacría Basordas, que se integrará dentro de Sea Eight, la división de acuicultura del holding. Con una inversión público-privada de 170 millones de euros distribuida a lo largo de diez años, la instalación prevé generar 200 empleos directos y convertirse en una referencia del sector en el sur de Europa.

En términos de superficie, el futuro parque acuícola ocupará 46.600 metros cuadrados en los que se aglutinarán todas las etapas del ciclo productivo del lenguado: desde la eclosión y la cría larvaria hasta el engorde y la preparación para su comercialización. A pleno rendimiento, la capacidad de producción alcanzará las 3.000 toneladas anuales, una cifra que lo situaría entre las instalaciones más grandes de Europa en su especialidad.

El despliegue del proyecto se planifica en tres fases. La primera arrancará a partir de 2027 y, siguiendo los ciclos biológicos propios del lenguado, se espera que comience a ser productiva en torno a 2029. Esto significa que los primeros ejemplares criados en Lemóniz llegarían al mercado aproximadamente en 2030. El calendario es ambicioso pero coherente con la escala de la inversión y con la complejidad técnica de poner en marcha una instalación de este tamaño desde cero.

Sea Eight, la rama de Atitlan que asumirá la operación, no es un actor nuevo en el sector. El grupo ya gestiona otras cuatro plantas dedicadas a la cría de lenguado en España y Portugal: concretamente en Gijón, Cambados, y en las localidades portuguesas de Torreira y Póvoa de Varzim. La incorporación de Lemóniz supone un salto cualitativo tanto en capacidad como en visibilidad, dado el peso simbólico e histórico del enclave.

El interés de Atitlan en la acuicultura responde a una tendencia más amplia en el sector alimentario: la búsqueda de alternativas sostenibles a la pesca extractiva tradicional, cuyas capturas llevan décadas bajo presión regulatoria y medioambiental. El lenguado, una especie de alto valor gastronómico y con fuerte demanda en los mercados europeos, es uno de los productos más cotizados de la acuicultura marina. Su cría en instalaciones controladas permite optimizar los tiempos de producción y garantizar estándares de calidad difíciles de alcanzar con la pesca convencional.

Más allá del ángulo empresarial, la reconversión de Lemóniz tiene una carga simbólica innegable. La central nuclear fue uno de los proyectos más controvertidos de la Transición española: impulsada en los años setenta por Iberduero, nunca llegó a entrar en funcionamiento tras una combinación de oposición social, sabotajes por parte de ETA —que asesinó a dos trabajadores de la planta— y la moratoria nuclear decretada en 1983. El terreno ha permanecido en un limbo durante décadas hasta que el Gobierno vasco tomó el control y comenzó a explorar su reutilización. Que la primera actividad económica de peso que acogerá sea una piscifactoría de alta tecnología dice mucho sobre la transformación del modelo productivo que se persigue en Euskadi.

Atitlan, por su parte, es un holding diversificado con cuatro grandes áreas de negocio: agricultura y alimentación —donde se enmarca Sea Eight—, inmobiliario, financiero, e industrial y de servicios. La empresa ha ido ganando perfil público en los últimos años a medida que Roberto Centeno ha consolidado su papel como gestor independiente del capital familiar, más allá de la sombra de Mercadona. La apuesta por Lemóniz, con sus 170 millones y su horizonte a diez años, es hasta la fecha una de las operaciones más visibles del grupo y una señal clara de su estrategia de crecimiento en el sector agroalimentario.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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