El fabricante español de componentes para automóviles Teknia cerró 2025 con un beneficio neto de apenas 1,2 millones de euros, un 60% menos que el ejercicio anterior. La caída no responde a un deterioro operativo estructural, sino al peso de los costes extraordinarios derivados de su plan de reorganización interna, bautizado como Plan Elcano, que le llevó a abandonar operaciones en Alemania y Turquía y a reducir su plantilla global.
Detrás de esta restructuración está una realidad que sacude a todo el sector: la producción de vehículos en Europa lleva años desacelerándose. La lenta transición hacia el coche eléctrico, combinada con la irrupción de marcas chinas que compiten con precios muy agresivos, ha dejado a muchos fabricantes de componentes en una posición difícil. Teknia, propiedad de la familia Quesada, no ha sido una excepción.
El Plan Elcano: salida de mercados y recorte de plantilla
El Plan Elcano fue la respuesta de la compañía a este entorno adverso. Su objetivo: concentrar recursos en los mercados más rentables y mejorar la eficiencia operativa. En la práctica, eso significó tomar decisiones dolorosas. El verano pasado, Teknia cerró su única planta en Turquía, ubicada en Gebze. Poco después, vendió sus instalaciones industriales en Stuttgart, lo que supuso el fin de su actividad productiva en Alemania.
El coste económico de estas medidas ascendió a 9,5 millones de euros en extraordinarios, que lastraron directamente el resultado neto del ejercicio. Sin contar esos cargos, el beneficio normalizado habría alcanzado los 10,1 millones de euros, casi tres veces más que el dato publicado. La plantilla también se redujo: la empresa pasó de aproximadamente 3.560 empleados a unas 3.300 personas, lo que supone un recorte del 7,5%.
Javier Quesada de Luis, consejero delegado de la compañía, reconoció que durante el pasado año tuvieron que adoptar "decisiones duras", pero subrayó que, a pesar de todo, el grupo mantuvo la generación de caja y preservó su rentabilidad con un resultado neto positivo. En un sector donde varias empresas del entorno han entrado en pérdidas, ese matiz no es menor.
Los números reales: el ebitda sube aunque la facturación baja
Más allá del beneficio neto, los datos operativos de Teknia ofrecen una lectura más favorable. La facturación cerró en 408,4 millones de euros, una caída del 5% respecto al año anterior, pero esa bajada se explica casi íntegramente por la desinversión de activos. A perímetro comparable, es decir, excluyendo las plantas vendidas o cerradas, los ingresos se mantuvieron prácticamente planos, con un crecimiento del 0,3%.
Donde sí hubo mejora real fue en el ebitda, que subió un 15% hasta los 41,6 millones de euros, con un margen del 10,2%, dos décimas por encima del ejercicio previo. Esto indica que la empresa es más eficiente con los activos que mantiene. La deuda neta también cayó de forma notable: de 85 millones a 65,6 millones de euros, gracias en parte a la reducción del capex, que bajó un 42% hasta los 22,6 millones.
Este perfil financiero, con más rentabilidad por euro generado y menos deuda, sugiere que el ajuste está funcionando en términos operativos, aunque el impacto puntual de los extraordinarios haya distorsionado la imagen del beneficio.
Un nuevo plan estratégico hasta 2029
Con la reorganización prácticamente completada, Teknia ya tiene la vista puesta en el futuro. La compañía trabaja en un nuevo plan estratégico que se presentará a lo largo de este año y que fijará el rumbo hasta 2029. Según ha avanzado la empresa, el plan pondrá el foco en la mejora de la rentabilidad, el refuerzo de la liquidez y la solidez financiera, sin renunciar a las ambiciones de crecimiento.
Uno de los elementos más destacados es la intención de seguir creciendo de forma inorgánica, es decir, mediante adquisiciones. En un sector en plena consolidación, donde la industria europea del automóvil atraviesa una de sus fases de mayor incertidumbre, la capacidad de comprar activos a precios ajustados puede ser una palanca de valor relevante para empresas con músculo financiero suficiente.
Teknia no cotiza en bolsa, por lo que su información pública es limitada, pero su trayectoria reciente ilustra bien el dilema al que se enfrentan muchos proveedores de automoción de tamaño medio en Europa: adaptarse rápido o quedarse fuera del mercado. La compañía, con sede en Madrid, ha optado por la primera vía, asumiendo un coste a corto plazo para construir una base más sólida de cara a la próxima fase del ciclo industrial.
La pregunta ahora es si el nuevo plan estratégico logrará traducir esa mejora operativa en crecimiento real, en un entorno donde la demanda de vehículos en Europa sigue sin despegar con fuerza y donde las tensiones arancelarias globales añaden otra capa de complejidad al panorama.