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Siete empresas holandesas se alían para plantar cara a Google, Amazon y Microsoft en la nube

La Open Cloud Alliantie nace con 2.500 millones de euros de facturación conjunta para ofrecer una alternativa europea a los gigantes estadounidenses del cloud

Por Redacción El Diario Joven·domingo, 12 de abril de 2026Actualizado hace 9 min·4 min lectura·1 vistas
Ilustración: Siete empresas holandesas se alían para plantar cara a Googl · El Diario Joven

Siete compañías holandesas de servicios en la nube han decidido dejar de competir solo entre ellas para formar un frente común contra los tres colosos que dominan el mercado mundial de infraestructura cloud: Microsoft Azure, Google Cloud y Amazon Web Services. La alianza, bautizada como Open Cloud Alliantie, reúne a Centric, KPN, Info Support, Intermax, Nebul, Previder y Uniserver, que en conjunto facturan unos 2.500 millones de euros al año. Su objetivo declarado es convertirse en una opción real y competitiva para el sector público y las empresas europeas que hoy dependen casi por completo de proveedores estadounidenses.

El movimiento no surge del vacío. Según los datos de Synergy Research, los ingresos globales por servicios de infraestructura en la nube superaron los 400.000 millones de dólares en 2025, una cifra que multiplica por nueve la registrada apenas ocho años antes. Aproximadamente el 60% de ese mercado está en manos de las tres grandes tecnológicas norteamericanas. En Europa, la situación de dependencia es aún más pronunciada: un análisis del medio público neerlandés NOS reveló que el 67% de los dominios vinculados a organismos públicos, hospitales y centros educativos de los Países Bajos utilizan al menos un servicio cloud de origen estadounidense.

El detonante: la posible venta de Solvinity a una empresa de EE.UU.

La chispa que encendió la mecha fue un caso concreto que puso de manifiesto la fragilidad del ecosistema digital holandés. Solvinity, la empresa que gestiona los servicios en la nube del sistema de identidad digital DigiD del gobierno neerlandés, podría ser adquirida por Kyndryl, una compañía estadounidense. La operación todavía aguarda el visto bueno del Ministerio de Asuntos Económicos de los Países Bajos, pero sus implicaciones ya han sacudido el debate público. Que un pilar tan sensible de la administración digital de un país europeo pueda quedar bajo control de una corporación sujeta a legislación extranjera activó todas las alarmas.

Ludo Baauw, director ejecutivo del Grupo Intermax, resumió la filosofía de la alianza en declaraciones al diario NRC: cada una de estas empresas es competitiva por separado, pero la unión no busca fijar precios ni eliminar la competencia interna, sino postularse de forma conjunta a grandes contratos públicos que individualmente no podrían asumir. En sus propias palabras, prefiere que un contrato lo gane un competidor holandés antes que una gran tecnológica de Estados Unidos.

Tres razones de peso para existir

La Open Cloud Alliantie se sostiene sobre tres argumentos fundamentales. El primero es puramente competitivo. El director ejecutivo de la Autoridad de Mercados y Competencia de los Países Bajos (ACM) ha señalado que alianzas de este tipo pueden dinamizar el mercado al crear actores con capacidad real de plantar cara a los grandes proveedores internacionales. No se trata de proteccionismo, sino de equilibrar un terreno de juego que hoy está profundamente inclinado hacia un lado.

El segundo argumento es económico. En su manifiesto fundacional, las siete empresas subrayan que generan empleo en los Países Bajos y que tanto las compañías como sus trabajadores tributan allí. Frente a la narrativa de que apostar por proveedores locales es más caro, su lema es claro: no es un gasto, es una inversión que revierte en el tejido productivo nacional.

El tercer pilar, y probablemente el más relevante a largo plazo, es la soberanía del dato. Que servicios esenciales del Estado como la sanidad, la educación o la identidad digital dependan de infraestructuras controladas por corporaciones extranjeras supone un riesgo estratégico difícil de ignorar. Las decisiones corporativas de esas empresas y la legislación del país donde tienen su sede pueden afectar directamente a servicios críticos de otro estado soberano.

Cómo funcionará la alianza en la práctica

El modelo operativo de la Open Cloud Alliantie se articula en torno a tres mecanismos. En primer lugar, las siete empresas adoptarán estándares técnicos comunes que permitan migrar datos entre proveedores sin fricciones, algo que hoy supone una de las mayores barreras para abandonar a los grandes del sector. En segundo lugar, compartirán infraestructura estandarizada y podrán concurrir juntas a licitaciones de gran envergadura, pero seguirán compitiendo entre sí en el mercado privado. No es un cártel: es una cooperación selectiva con reglas claras.

El tercer mecanismo es quizá el más innovador y el que marca una diferencia cualitativa con otros intentos anteriores. La alianza incluye una cláusula de soberanía: si cualquiera de las siete empresas es adquirida por una corporación de fuera de Europa, las restantes absorben automáticamente su papel dentro del consorcio. El dato permanece siempre bajo control holandés, independientemente de lo que ocurra en el mercado de fusiones y adquisiciones. Es una especie de cortafuegos jurídico diseñado precisamente para evitar escenarios como el de Solvinity.

El problema europeo de fondo: regula bien, pero escala mal

Esta iniciativa holandesa se enmarca en un debate europeo mucho más amplio sobre soberanía digital y reducción de la dependencia tecnológica respecto a Estados Unidos. La Unión Europea cuenta con un arsenal regulatorio considerable: el Reglamento General de Protección de Datos, la Ley de Mercados Digitales, la Ley de Servicios Digitales y la Chips Act conforman un marco legal diseñado para proteger a ciudadanos y empresas europeas. Sin embargo, tener leyes no equivale a tener industria.

Los proveedores cloud europeos son técnicamente solventes, pero carecen de la escala necesaria para absorber proyectos complejos o competir con la capacidad de inversión de las tres grandes estadounidenses. Ni siquiera GAIA-X, el ambicioso proyecto de nube soberana impulsado por Francia y Alemania, ha logrado hasta ahora materializarse como una alternativa operativa real. La política arancelaria y la imprevisibilidad del gobierno de Donald Trump han acelerado esta conversación en las capitales europeas, pero la brecha entre la ambición regulatoria y la capacidad industrial sigue siendo enorme.

La Open Cloud Alliantie no pretende resolver ese problema de un plumazo, pero sí ofrece un modelo replicable. Empresas medianas que, por separado, no pueden competir con los gigantes de Silicon Valley, pero que agrupadas bajo estándares compartidos y reglas de colaboración transparentes sí pueden presentar una alternativa creíble, al menos para el sector público. La gran incógnita es si otros países europeos tomarán nota de la experiencia holandesa y promoverán alianzas similares antes de que la dependencia tecnológica sea demasiado profunda como para revertirse. El reloj, como suele ocurrir en tecnología, corre deprisa.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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