Jerome Powell concluye su mandato como presidente de la Reserva Federal tras enfrentarse a una etapa convulsa marcada por la pandemia y la presión política extrema. Nombrado por Donald Trump, Powell mantuvo una postura firme e independiente, lo que le llevó a sufrir incluso ataques personales y una investigación judicial conocida como sin precedentes en la historia reciente de la Fed.
Además de lidiar con la hostilidad política de Trump, Powell gestionó con habilidad las relaciones con el Congreso, buscando mantener la estabilidad institucional en un contexto muy polarizado. Su intención de permanecer en la junta de la Fed durante la presidencia de Kevin Warsh se interpreta como un signo de continuidad y prudencia ante los retos futuros para la economía estadounidense.
Sin embargo, su legado también refleja ciertos fracasos, sobre todo en materia de control inflacionario. La crisis del Covid-19 desató un aumento sostenido de los precios que la Fed no logró contener, con una inflación que, en marzo de 2026, superaba en un 10,4% la senda que hubiera mantenido el objetivo del 2% anual. Esta desviación, criticada por sectores políticos y la ciudadanía, pone en entredicho la eficacia de la política monetaria en tiempos de disrupción global.
En agosto de 2020, la Fed adoptó un nuevo marco de política monetaria que reconocía la posibilidad de permitir una inflación moderadamente superior al 2% para compensar periodos de inflación baja. Esta estrategia, asumida en un momento poco oportuno, fue seguida por un repunte inflacionario severo, cuestionando su implementación y el momento elegido.
Un aspecto destacado ha sido la evolución del monetarismo. La Fed transitó desde una visión rígida de la oferta monetaria a una aparente desconexión entre dinero e inflación. No obstante, la experiencia de la última década ha demostrado que la oferta monetaria influye en el nivel de precios y en la actividad económica, como se observó en el aumento temporal de la relación entre oferta monetaria y PIB durante la crisis sanitaria.
Powell también ha sido señalado por no haber reforzado suficientemente la regulación bancaria, lo que quedó en evidencia con la caída de Silicon Valley Bank y el rescate de sus depositantes no asegurados, casos que revelaron riesgos morales y la necesidad de mejores planes de resolución para bancos regionales.
Al no ser economista, Powell se apoyó en expertos técnicos y se centró en las funciones esenciales de la Fed, evitando debates polémicos como la política climática, lo que fue valorado por algunos como una decisión acertada para mantener el enfoque institucional.
El sucesor de Powell, Kevin Warsh, afronta un panorama complejo. Entre los desafíos inmediatos destacan la crisis geopolítica en Ormuz que podría presionar al alza los tipos de interés y el debate sobre la reducción del balance de la Fed, cuyo efecto sobre la economía a largo plazo genera incertidumbre. Warsh también ha planteado que la inteligencia artificial podría ser un factor desinflacionario, aunque esa visión se considera todavía prematura dada la reciente inversión masiva en esta tecnología.
El equilibrio entre mantener la independencia de la política monetaria y evitar una nueva crisis financiera será fundamental. La experiencia con Powell indica que la posición frente a presiones políticas y decisiones de política económica deben combinarse con una regulación prudente del sistema financiero.
En definitiva, el paso de Jerome Powell por la Fed deja una mezcla de firmeza institucional y lecciones en política monetaria y regulación, con implicaciones que el nuevo presidente deberá abordar en un entorno global altamente volátil y desafiante.
Para más información sobre la evolución de la Reserva Federal y su política monetaria puede consultarse el Financial Times o el análisis sobre política monetaria de la Fed del banco central.