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Olivo de Vouves: el árbol de 4.000 años que aún da frutos

La reproducción clonal y la bioquímica del aceite de oliva explican cómo este ejemplar cretense sobrevive desde la civilización minoica

Por Redacción El Diario Joven·domingo, 12 de abril de 2026Actualizado hace 33 min·4 min lectura·1 vistas
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En la isla griega de Creta, un olivo lleva enraizado en la localidad de Vouves desde hace al menos dos milenios. Las estimaciones más conservadoras sitúan su edad en torno a los 2.000 años, pero los cálculos más ambiciosos elevan esa cifra hasta los 4.000. De confirmarse la hipótesis más amplia, este ejemplar de *Olea europaea* habría brotado en plena civilización minoica, siglos antes de que figuras como Pitágoras o Aristóteles caminaran por suelo griego. El dato más llamativo es que, a pesar de su antigüedad extraordinaria, el árbol continúa produciendo aceitunas cada temporada.

La longevidad del olivo de Vouves plantea una pregunta obvia: ¿cómo es posible que un organismo sobreviva durante tantos siglos? La respuesta combina particularidades botánicas con mecanismos bioquímicos que la comunidad científica lleva años estudiando. Comprender estos procesos no solo arroja luz sobre esta especie en particular, sino sobre los límites biológicos de la vida vegetal en general.

Cuánto vive realmente un olivo

La esperanza de vida media de un olivo no alcanza cifras milenarias, pero sí supera con creces la de la mayoría de especies arbóreas comunes. Se estima que un ejemplar típico puede vivir entre 300 y 500 años en condiciones favorables. Un estudio publicado en 2021 en la revista *Dendrochronologia* concluyó que la mayoría de los llamados "olivos monumentales" del Mediterráneo presentan edades máximas dentro de ese rango, lo que convierte al olivo de Vouves en una anomalía estadística difícil de explicar.

El problema para los investigadores es que calcular con precisión la edad de un olivo resulta especialmente complicado. La dendrocronología, la técnica que mide los anillos de crecimiento del tronco para determinar la antigüedad de un árbol, funciona bien con especies cuya madera crece de manera regular y uniforme. Sin embargo, los olivos desarrollan sus troncos de forma irregular, generando un patrón interno aparentemente caótico que dificulta enormemente el conteo de anillos. Un estudio de 2013 publicado en *PLOS One* documentó esta dificultad y señaló que la estructura interna del tronco del olivo es una de las más complejas del reino vegetal. Esta es precisamente la razón por la que la horquilla de edad estimada para el ejemplar de Vouves es tan amplia: entre 2.000 y 4.000 años hay un margen de error enorme que refleja las limitaciones de las herramientas disponibles.

El secreto está en la reproducción clonal

Según explica el biólogo Scott Travers, de la Universidad Rutgers, uno de los factores clave detrás de la supervivencia prolongada de los olivos es su capacidad de reproducción vegetativa o clonal. En términos sencillos, un olivo no es un único tronco que envejece de forma lineal, sino un sistema compuesto por diversos esquejes que parten de una misma raíz. Cuando una parte del árbol sufre daños por un incendio, una tala parcial o cualquier otro evento destructivo, otros brotes pueden tomar el relevo y mantener vivo al organismo.

Este mecanismo convierte al olivo en una especie extraordinariamente resiliente. Donde otros árboles morirían tras un evento catastrófico, el olivo regenera tejido nuevo a partir de su sistema radicular compartido. Travers, en un artículo publicado en *Forbes*, añade que la bioquímica propia de la especie complementa este proceso: los compuestos presentes en el aceite de oliva, que los humanos aprovechamos como alimento, cumplen en el propio árbol funciones de reparación celular y defensa contra organismos patógenos. Es decir, la misma sustancia que hace del aceite de oliva un producto tan valorado en la dieta mediterránea es, en realidad, un escudo protector que el árbol genera para su propia supervivencia.

Olivos milenarios en la península ibérica

El Mediterráneo occidental también alberga ejemplares de edad extraordinaria. En la península ibérica, el récord lo ostenta un olivo portugués conocido como Mouchão, situado en Abrantes, en el centro de Portugal. Un estudio realizado por la Universidad de Trás-os-Montes e Alto Douro (UTAD) le atribuyó una edad aproximada de 3.350 años, lo que lo sitúa como uno de los olivos más antiguos del mundo, solo por detrás del ejemplar cretense.

En España, el olivo más célebre por su antigüedad es la Farga de Arión, ubicada en la provincia de Tarragona. Los expertos estiman que este árbol supera los 1.700 años de vida, lo que significa que habría sido plantado en época del emperador Constantino I, durante el siglo IV. La comunidad de Cataluña y el Levante español concentran una gran densidad de olivos centenarios y milenarios, un patrimonio natural que diversas administraciones han ido catalogando y protegiendo en las últimas décadas.

Más allá de los olivos: los árboles más longevos del planeta

Aunque el olivo de Vouves resulta impresionante, no encabeza las listas globales de longevidad arbórea. Ese puesto corresponde a dos pinos de la especie *Pinus longaeva* —denominada literalmente "pino longevo"— ubicados en el oeste de Estados Unidos. El primero, bautizado como Prometeo, fue talado para su estudio y los botánicos que lo analizaron contaron más de 4.800 anillos en su tronco, lo que arrojó una edad estimada de unos 4.900 años. El segundo, conocido como Matusalén, sigue vivo y también habría superado ampliamente la barrera de los 4.800 años.

Si se amplía el criterio para incluir organismos clonales, las cifras se disparan. El bosque de Pando, en el estado de Utah, está considerado el mayor organismo viviente del planeta. Se trata de una colonia de álamos temblones compuesta por miles de troncos que comparten un único sistema radicular, y algunas estimaciones le atribuyen una edad cercana a los 80.000 años. Este caso ilustra hasta qué punto la reproducción clonal, el mismo mecanismo que protege a los olivos, puede llevar la longevidad vegetal a escalas difíciles de concebir.

El olivo de Vouves, con sus posibles cuatro milenios de historia, sigue produciendo aceitunas cada año en suelo cretense. Un recordatorio tangible de que algunos de los organismos más resistentes del planeta no necesitan moverse para sobrevivir a imperios, guerras y al paso implacable del tiempo. Solo necesitan buenas raíces.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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