En vivo
Buscar

EE.UU. presiona a China cortando su petróleo barato

Las sanciones a Irán y Venezuela eliminan dos de las tres principales fuentes de crudo económico para Pekín, según un experto en relaciones internacionales.

Por Carlos García·sábado, 18 de abril de 2026·4 min lectura
Ilustración: EE.UU. presiona a China cortando su petróleo barato · El Diario Joven

La política exterior de Estados Unidos está reconfigurando el tablero energético mundial con una velocidad que pocos analistas anticipaban. Las sanciones reforzadas contra Irán y la presión sostenida sobre Venezuela han eliminado, de facto, dos de las tres principales fuentes de petróleo barato a las que China tenía acceso regular. El resultado es un escenario más tenso para Pekín en plena guerra comercial con Washington y en un momento en que su economía necesita energía asequible para mantener el ritmo de crecimiento.

Así lo explica Juan Luis López Aranguren, profesor de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales en la Universidad de Zaragoza y autor del libro *El eje del mundo que viene* (Ariel, 2026), una obra en la que analiza el Indo-Pacífico como el gran epicentro geopolítico de las próximas décadas. En su análisis, las decisiones de Washington no son erráticas en su objetivo final —contener a China—, aunque sí en sus formas y en los daños colaterales que generan sobre aliados y mercados globales.

Irán había funcionado durante años como un proveedor discreto pero constante para China. Pekín compraba crudo persa con importantes descuentos, aprovechando que Teherán necesitaba ingresos y que las sanciones occidentales le cerraban otros mercados. Venezuela, en situación parecida, ofrecía petróleo pesado a precios por debajo del mercado. Ambos flujos permitían a China abaratar su factura energética y mantener una ventaja competitiva en sectores industriales intensivos en energía. Con ambas vías ahora bajo presión severa, Pekín debe reorientar sus compras hacia proveedores más caros o políticamente más complicados.

El Indo-Pacífico, el nuevo centro de gravedad

El contexto en el que se produce este movimiento energético es más amplio. Según López Aranguren, el Indo-Pacífico está consolidándose como el eje económico y demográfico del siglo XXI. En esa región conviven potencias consolidadas como China, Japón y Corea del Sur, junto a economías emergentes de gran potencial como India, Vietnam e Indonesia. El crecimiento de esas naciones impulsa una demanda energética creciente que convierte el control del flujo de crudo en un instrumento de poder tan relevante como la tecnología o las finanzas.

Japón y Corea del Sur, aliados de Washington, ya operan bajo un marco distinto: importan petróleo de Oriente Próximo con la seguridad que otorga el paraguas militar estadounidense. China, en cambio, necesita construir su propia red de abastecimiento, lo que explica sus inversiones en infraestructura energética en África, Latinoamérica y Asia Central, así como su implicación en la Ruta de la Seda.

La tercera fuente: qué queda para Pekín

Con Irán y Venezuela fuera de juego como proveedores fiables, la tercera fuente principal que mencionan los analistas es Rusia. Moscú, igualmente sancionado por Occidente tras la invasión de Ucrania, ha redirigido gran parte de sus exportaciones de crudo hacia Asia, y China se ha convertido en su principal cliente. Los datos de comercio bilateral publicados por la Administración General de Aduanas de China muestran que las importaciones de petróleo ruso aumentaron significativamente desde 2022. Sin embargo, esta dependencia tiene sus propios riesgos: cualquier escalada diplomática o acuerdo de paz en Europa podría alterar esos flujos.

El resultado práctico es que China se encuentra en una posición energética más vulnerable que hace cinco años, aunque no en una situación crítica. Sus reservas estratégicas, sus acuerdos a largo plazo con países del Golfo y su capacidad de compra siguen siendo activos importantes. Pero el margen de crudo barato que le permitía competir en costes con Europa y Estados Unidos se ha reducido.

Consecuencias para el mercado global

La presión sobre las exportaciones venezolanas e iranías también tiene efectos en el precio internacional del petróleo. Cuando barriles que antes llegaban al mercado —aunque fuera de forma discreta, a través de intermediarios— empiezan a escasear, el equilibrio oferta-demanda se tensa. Esto puede beneficiar a productores como Arabia Saudí o los Emiratos Árabes Unidos, que ganan cuota de mercado a precios más elevados, pero encarece la energía para economías importadoras, incluidas las europeas.

España, que importa una parte significativa de su petróleo de países del Golfo y de Nigeria según los datos del Ministerio para la Transición Ecológica, no queda al margen de estas turbulencias. Un mercado del crudo más caro o más volátil afecta directamente a la inflación, al transporte y a la industria.

En definitiva, lo que Washington presenta como una política de sanciones hacia regímenes autoritarios tiene una dimensión estratégica clara: debilitar la posición competitiva de China en el largo plazo reduciendo su acceso a energía barata. Si esa estrategia funcionará depende, en buena medida, de lo que ocurra con Rusia, la última gran fuente de crudo asequible que le queda a Pekín.

Compartir:XFacebookWhatsAppEmail

Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

También te puede interesar