La Comisión Europea lleva meses intentando cambiar el relato sobre el papel de Europa en la carrera tecnológica global. Mientras las cinco mayores empresas del mundo por capitalización bursátil son compañías tecnológicas estadounidenses, Bruselas insiste en que el Viejo Continente tiene sus propios gigantes y, sobre todo, las herramientas para crear más. En ese contexto, la comisaria europea de Empresas Emergentes, Investigación e Innovación, Ekaterina Zaharieva, participó esta semana en el foro Wake Up, Spain! Wake Up, Europe!, celebrado en Madrid, donde expuso las líneas maestras de la estrategia europea para cerrar la brecha con Estados Unidos.
El diagnóstico que hace Zaharieva no pasa por la falta de talento ni de investigación. Según su análisis, el problema estructural de Europa reside en el acceso al capital. Las startups y empresas innovadoras europeas encuentran financiación suficiente en sus primeras fases, pero se topan con un muro cuando necesitan escalar y competir a nivel global. Muchas acaban marchándose a buscar inversión a Estados Unidos, lo que provoca que el ecosistema europeo pierda parte de sus mejores activos justo cuando están a punto de despegar.
Para atajar este problema, la Comisión ha puesto en marcha varias iniciativas. Una de las más relevantes es la armonización del Mercado Único europeo, que todavía presenta una fragmentación considerable entre los 27 estados miembros. La reciente adopción del llamado "régimen 28" busca precisamente facilitar que las empresas innovadoras operen de forma más sencilla en todo el territorio comunitario, sin tener que adaptarse a marcos regulatorios distintos en cada país. El objetivo es que una startup fundada en Varsovia, Lisboa o Ámsterdam pueda crecer con las mismas facilidades que una con sede en California.
La IA, entre la oportunidad y el riesgo
Uno de los debates centrales en el foro giró en torno a la inteligencia artificial. La Ley de Inteligencia Artificial de la UE, que entró en vigor en 2024 y que se aplica de forma progresiva, ha generado críticas en el sector privado por considerarla excesivamente restrictiva. Zaharieva salió al paso de esas críticas argumentando que la alternativa —27 marcos regulatorios nacionales distintos— sería mucho más perjudicial para la innovación y para la seguridad jurídica de las empresas.
La comisaria fue especialmente directa al explicar por qué considera necesaria esa regulación: los modelos de inteligencia artificial, sin supervisión, pueden exponer a menores a contenidos que les enseñen a fabricar artefactos explosivos o que fomenten conductas suicidas. Ese argumento, más concreto que los habituales mensajes institucionales sobre "IA ética", resume la postura de Bruselas: regular no es frenar la innovación, sino garantizar que esta no se convierta en un vector de daño. La ley, además, excluye expresamente la investigación básica, lo que deja margen para el desarrollo científico sin restricciones comerciales.
En cuanto al impacto de la IA sobre el empleo, la comisaria reconoció que algunos puestos de trabajo desaparecerán, como ha ocurrido con cada revolución tecnológica anterior. Sin embargo, defendió que también surgirán nuevas categorías profesionales y que el enfoque correcto es prepararse para esa transición, no tratar de evitarla.
Europa gana atractivo para el talento científico
Uno de los datos más llamativos que maneja la Comisión tiene que ver con el movimiento de investigadores desde Estados Unidos hacia Europa. Las políticas de la Administración Trump en materia de ciencia y universidades —recortes en financiación pública, restricciones en visados y presión sobre determinadas líneas de investigación— han generado un clima de incertidumbre que está empujando a científicos estadounidenses a explorar alternativas.
El Consejo Europeo de Investigación (ERC), principal organismo de financiación científica de excelencia en la UE, ha registrado un aumento del 400% en solicitudes de becas avanzadas procedentes de investigadores con sede en EE UU, y un incremento del 230% en las dirigidas a científicos con entre siete y doce años de experiencia posdoctoral. La iniciativa comunitaria "Choose Europe", lanzada para atraer talento internacional, ha cobrado un impulso inesperado a raíz de esa coyuntura.
Zaharieva sostiene que el atractivo de Europa no se reduce a los salarios —reconocidamente más bajos que los de las universidades e instituciones privadas estadounidenses—, sino a un ecosistema más amplio: libertad de investigación, igualdad de derechos, infraestructuras de calidad y, en particular, la posibilidad de trabajar sin presión política sobre los resultados científicos.
Gasto militar y doble uso tecnológico
El aumento del presupuesto de defensa en los países europeos, acelerado por el contexto geopolítico derivado de la guerra en Ucrania, plantea la pregunta de si ese gasto puede restar recursos a la investigación civil. La comisaria rechazó esa lectura y apostó por el concepto de doble uso: tecnologías desarrolladas con fines militares que tienen aplicaciones directas en el ámbito civil, y viceversa. Los drones son el ejemplo más citado: su uso en logística sanitaria —transporte de sangre, vacunas u órganos en zonas de difícil acceso— ilustra cómo la inversión en defensa puede generar retornos sociales significativos.
Europa cuenta con empresas referentes en sectores como las energías renovables, la biotecnología, la tecnología espacial y la computación cuántica. La estrategia de la Comisión pasa por consolidar esos liderazgos sectoriales mientras se trabaja en eliminar las barreras que impiden a las empresas europeas competir en igualdad de condiciones con sus rivales estadounidenses y chinas. El reto no es pequeño, pero el diagnóstico, al menos, parece más preciso que en años anteriores.