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Los hoteles de EEUU bajan precios por la baja demanda del Mundial

Las entradas caras, el sentimiento antiestadounidense y la inflación frenan las reservas para el torneo de 2026.

Por Carlos García·miércoles, 15 de abril de 2026·4 min lectura
Ilustración: Los hoteles de EEUU bajan precios por la baja demanda del Mu · El Diario Joven

Los hoteles de las ciudades estadounidenses que acogerán partidos del Mundial de Fútbol 2026 están recortando sus precios de forma significativa. Lejos de vivir el boom de reservas que prometía el evento más visto del planeta, el sector hotelero se enfrenta a una demanda decepcionante marcada por las entradas carísimas, el temor a la inflación y un clima político que está disuadiendo a viajeros de todo el mundo.

Según datos de Lighthouse Intelligence, empresa especializada en análisis del sector hotelero, las tarifas en ciudades sede como Atlanta, Dallas, Miami, Filadelfia y San Francisco han caído cerca de un 33% respecto a los máximos registrados a principios de año. Es un indicador claro de que la demanda no está respondiendo como se esperaba. Scott Yesner, fundador de Bespoke Stay, una firma de gestión de hoteles boutique y alquileres turísticos en Filadelfia, lo resume sin rodeos: hay pánico en el sector y los operadores están bajando precios para no quedarse con las habitaciones vacías.

El optimismo de la FIFA choca con la realidad

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, prometió en 2024 a las ciudades anfitrionas la llegada de cientos de miles de visitantes, no solo los aficionados con entrada, sino una masa de turistas que simplemente querría ser parte del ambiente. Sin embargo, Vijay Dandapani, presidente de la Asociación Hotelera de la Ciudad de Nueva York, afirma que por ahora no se ha visto ningún aumento significativo en la demanda. El propio organismo rector del fútbol mundial ha cancelado miles de reservas hoteleras que tenía contratadas para personal técnico y equipos, liberando un volumen de habitaciones mayor del que los hoteleros habían anticipado.

Jan Freitag, analista de CoStar, empresa de referencia en datos inmobiliarios y hoteleros, explica que esas cancelaciones han dejado a muchos establecimientos con mucha más oferta disponible de lo previsto entre fechas de partido. La consecuencia directa es una guerra de precios silenciosa que erosiona los márgenes que el sector había calculado para este verano.

El contexto político y económico pesa demasiado

Los factores que explican esta falta de demanda van más allá de los precios hoteleros. Lior Sekler, director comercial de HRI Hospitality, señala directamente al contexto político: el descontento internacional con las políticas migratorias y de visados de la administración Trump, junto con la inestabilidad generada por el conflicto en Oriente Próximo, ha reducido el deseo de muchos aficionados extranjeros de viajar a Estados Unidos. Aran Ryan, director de estudios de Tourism Economics, añade que el sentimiento antiestadounidense se ha agravado en los últimos meses, lo que ha llevado a su firma a revisar a la baja las previsiones de turismo internacional para 2026: ahora esperan un crecimiento del 3,4%, frente al 3,9% estimado en diciembre.

El coste total de seguir al equipo propio durante el torneo también es un factor decisivo. Según Football Supporters Europe, la asociación europea de aficionados, asistir desde el partido inaugural hasta la final costaría al menos 6.900 dólares solo en entradas, casi cinco veces más que en el Mundial de Catar 2022. Para muchos europeos, ese coste, sumado a la incertidumbre inflacionaria y al encarecimiento de los billetes de avión por el precio del combustible, hace que esperar al Mundial de 2030, que se celebrará en España, Portugal y Marruecos, sea una opción mucho más atractiva.

¿Puede la demanda doméstica salvar el verano?

Algunos operadores apuntan a que el turismo interno podría compensar parcialmente la caída de visitantes internacionales. Yesner observa que los alquileres de corta estancia de Bespoke Stay están funcionando mejor que sus hoteles, lo que sugiere que grupos de aficionados buscan ahorrar compartiendo alojamiento. Sin embargo, el problema es estructural: los turistas internacionales son los que más gastan y más tiempo se quedan, según Ed Grose, consejero delegado de la Asociación Hotelera del Gran Filadelfia. Las reservas en esa ciudad son estables pero no espectaculares, muy lejos de lo que los hoteleros esperaban.

Hay quien apunta, además, a que parte del problema es la propia estrategia de precios del sector. Aran Ryan, de Tourism Economics, sugiere que algunos hoteleros pusieron el listón demasiado alto desde el principio, exigiendo estancias mínimas de varios días a tarifas muy elevadas. Esa apuesta por maximizar ingresos puede haber alejado a viajeros que habrían reservado en condiciones más razonables. Con los partidos acercándose, el margen para corregir el rumbo se estrecha, y la pregunta que recorre el sector es si el esperado efecto de las reservas de última hora llegará a tiempo para salvar las cuentas del verano.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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