La temporada de resultados que arrancará a finales de abril va a ser el primer examen real del coste que la guerra de Irán está teniendo sobre las empresas que cotizan en los mercados europeos. Alrededor de la mitad de las cotizadas del viejo continente publicará sus cifras del primer trimestre de 2026 entre abril y mayo, un periodo que ya incluye más de un mes de conflicto, iniciado el 28 de febrero.
Aunque el impacto directo del trimestre es todavía parcial, los efectos ya se dejan notar en varios frentes: la subida del precio del petróleo, las interrupciones en algunas cadenas de suministro, la caída de las exportaciones hacia Asia y el encarecimiento de la financiación están presionando los márgenes empresariales. Factores que, combinados, dibujan un panorama más adverso del que el mercado había descontado.
Según las estimaciones de Goldman Sachs, las ganancias por acción de las cotizadas europeas crecerán apenas un 4% en el primer trimestre respecto al mismo periodo de 2025. Y si se excluyen los sectores energético y financiero —los grandes beneficiados por el alza del crudo y los tipos de interés— el resultado sería directamente negativo, con una caída del 2%.
El problema se agrava cuando se proyecta al conjunto del año. El consenso de analistas apunta a un crecimiento de los beneficios europeos del 13% en 2026, pero tanto Goldman como Barclays consideran esa cifra difícilmente sostenible. Goldman prevé un avance de solo el 5%, y Barclays lo sitúa en el 6%, ambos muy por debajo de lo que el mercado en su conjunto está descontando.
El argumento central de ambos bancos es que el precio del petróleo seguirá en niveles elevados incluso después de que concluya el conflicto. En el peor escenario contemplado por Barclays, con el crudo manteniéndose en torno a los 100 dólares por barril, el crecimiento de los beneficios empresariales en Europa podría quedarse en cero. Según este banco, las compañías europeas tendrán una factura pendiente derivada de las últimas seis semanas de guerra, independientemente de cuándo termine.
La clave de las próximas semanas será comprobar si los inversores reaccionan ajustando sus valoraciones o si mantienen una postura complaciente ante unos datos que, según las proyecciones de los grandes bancos de inversión, apuntan a una revisión a la baja de las expectativas para el conjunto del ejercicio.