El IPC español cerró marzo en el 3,4%, una décima por encima del dato adelantado y el nivel más alto desde junio de 2024, según ha confirmado el Instituto Nacional de Estadística este martes. La subida supone una aceleración de más de un punto frente al 2,3% registrado en febrero, la mayor escalada mensual desde junio de 2022, y tiene un protagonista claro: los combustibles, encarecidos de forma brusca por la guerra en Irán y su impacto directo sobre el precio del petróleo.
La diferencia entre cómo ha subido la gasolina y el diésel resulta llamativa. La gasolina se encareció un 4,8% interanual, mientras que el gasóleo lo hizo un 17,9%. La razón está en la estructura del mercado europeo: Europa tiene capacidad de refino suficiente para exportar gasolina, pero depende de importaciones para cubrir su demanda de gasóleo, lo que la hace mucho más vulnerable a las tensiones geopolíticas en los países productores.
La electricidad también sumó presión, con una subida del 4,3% interanual. Sin embargo, la apuesta de España por las energías renovables ha actuado como amortiguador frente al alza del gas natural en los mercados internacionales, evitando que el impacto sobre las tarifas eléctricas fuera aún mayor.
Hay una buena noticia en los datos: los alimentos y las bebidas no alcohólicas moderaron su inflación del 3,2% al 2,7%, lo que sugiere que, de momento, la tensión energética no se está contagiando a la cesta de la compra. Aun así, algunos productos siguen disparados: los huevos cuestan un 21,2% más que hace un año y las legumbres, un 19,6% más.
El Gobierno respondió al choque externo con una rebaja de impuestos que entró en vigor el 22 de marzo, aunque su efecto real sobre este dato fue limitado: solo cubrió los últimos 10 días del mes. El Ejecutivo calcula que la medida restará entre ocho décimas y un punto a la inflación durante abril, mayo y junio, cuando el alivio se notará de lleno.
España vuelve a alejarse de sus socios europeos en materia de precios. Mientras el IPC español subió al 3,4%, la inflación de la zona euro se situó en el 2,5%, seis décimas más que en febrero pero casi la mitad que en España. Esa brecha lastra la competitividad de las empresas nacionales y es una señal de alerta para la economía a medio plazo.
El escenario futuro depende en gran medida de cómo evolucione el conflicto en Irán. El Banco de España advierte que, en el peor caso, la inflación podría alcanzar el 5,9% en 2025 y mantenerse en el 3,2% en 2026. Sin embargo, las negociaciones de paz en curso han generado cierto optimismo en los mercados: el barril de crudo brent ya cotiza por debajo de los 100 dólares y el S&P 500 ha recuperado los niveles previos al estallido del conflicto. El acuerdo no está cerrado, pero los mercados empiezan a descontarlo.