El pesimismo se ha instalado entre los grandes gestores de fondos internacionales. La combinación de tensiones geopolíticas, presiones inflacionistas y señales de desaceleración del crecimiento global ha llevado el sentimiento del mercado a su punto más bajo desde junio de 2025, según la última encuesta mensual de Bank of America a gestoras de fondos, en la que han participado cerca de 200 firmas internacionales con más de 563.000 millones de dólares bajo gestión. El diagnóstico es claro: los profesionales de la inversión están poniendo el freno.
La fotografía de las carteras lo confirma. La exposición neta a renta variable ha caído de forma notable: si el mes anterior los gestores mantenían una sobreponderación neta del 37% en Bolsa, esa cifra se ha desplomado hasta el 13% en las últimas semanas. Una reducción de 24 puntos porcentuales en apenas un mes que habla de un giro estratégico significativo, no de un ajuste menor.
Inflación y geopolítica, los dos grandes miedos
Detrás de este movimiento hay dos factores que los propios gestores señalan como los principales riesgos para sus carteras. El primero es la inflación: el porcentaje de profesionales que espera un repunte de los precios en los próximos doce meses ha subido al 70%, frente al 45% que lo anticipaba en marzo. Es el nivel de alerta inflacionista más alto desde mayo de 2021. El segundo es la escalada de tensiones geopolíticas, agravada por el conflicto en Irán, que ha inyectado una dosis extra de volatilidad tanto en renta variable como en renta fija.
A ello se suma un deterioro marcado de las perspectivas de crecimiento. Las expectativas sobre el PIB global han caído con más fuerza que en ningún otro momento desde marzo de 2022, según los datos recogidos en la encuesta. El escenario que temen los gestores tiene nombre propio: estanflación, es decir, inflación alta con crecimiento débil, la peor combinación posible para los activos de riesgo.
Japón cae, emergentes resisten
Los cambios más llamativos en la composición de las carteras se concentran en la renta variable por regiones y sectores. Las acciones japonesas, que durante el primer trimestre del año habían captado una atención considerable por parte de los grandes inversores globales, han protagonizado en apenas cuatro semanas la mayor salida de capital desde noviembre de 2024. El sector sanitario también ha sufrido recortes relevantes en la ponderación de las carteras.
En el lado contrario, dos apuestas destacan. Por un lado, el dólar estadounidense, que vuelve a ganar peso como activo refugio ante la incertidumbre. Por otro, las acciones de mercados emergentes, que siguen siendo la gran apuesta de los gestores a nivel regional, posiblemente por sus valoraciones más atractivas relativas y por el potencial de diversificación que ofrecen frente a los mercados desarrollados.
En cuanto a sectores, las telecomunicaciones han ganado presencia en las carteras, lo que sugiere una rotación hacia negocios más defensivos y con flujos de caja predecibles.
El petróleo y la gran incógnita de los bancos centrales
Otro elemento clave en el tablero es el precio del crudo. El conflicto en Irán ha disparado la incertidumbre sobre el suministro energético, y los gestores encuestados prevén que el barril de Brent se sitúe en torno a los 84 dólares a finales de año. Esa cifra está por debajo de los niveles actuales, pero supone casi un 40% más que los 61 dólares a los que cotizaba cuando arrancó el ejercicio. El petróleo, en este contexto, actúa como un multiplicador de presión inflacionista que complica aún más el trabajo de los bancos centrales.
Y ahí llega la gran pregunta sin respuesta: ¿qué harán la Reserva Federal y el Banco Central Europeo ante este escenario? Las opiniones están divididas. El 58% de los gestores cree que la Fed recortará tipos al menos una vez en los próximos doce meses, aunque un 29% considera que Jerome Powell no moverá ficha. En Europa, el consenso apunta en la dirección opuesta: el 46% de los encuestados espera que el BCE suba tipos a lo largo de este año, lo que refleja una lectura diferente del ciclo económico a ambos lados del Atlántico.
En cuanto a los niveles de liquidez, tras el fuerte aumento registrado el mes pasado como reacción al estallido del conflicto en Irán, el efectivo en cartera se ha estabilizado en torno al 4,3% del patrimonio. No hay pánico vendedor, pero sí una cautela evidente que se traduce en carteras más defensivas, menor apetito por la renta variable y una búsqueda activa de activos que aguanten mejor si la tormenta arrecia. El mensaje de los gestores profesionales es tan sencillo como elocuente: ahora mismo, proteger lo ganado pesa más que buscar nuevas rentabilidades.