En junio de 2022, cuando el precio medio de la gasolina en Estados Unidos superó los 5 dólares por galón, la Administración Biden enfrentó una situación excepcional ligada a la invasión rusa de Ucrania, un factor externo que elevó temporalmente los costes del combustible. Entonces, el Gobierno recurrió a herramientas como la liberación de 180 millones de barriles de la Reserva Estratégica de Petróleo y el aumento en la producción nacional para contener esa crisis.
Ahora, un año después, el país se enfrenta a un nuevo desafío energético, pero las vías para mitigar el impacto de los precios se han reducido significativamente. La reciente decisión de EE.UU. de lanzar acciones militares contra Irán ha tenido consecuencias económicas directas, con un impacto clave en la oferta global de petróleo y gasolina.
El cierre del estrecho de Ormuz, una ruta crucial para el tráfico mundial del petróleo, ha retirado del mercado más de 12 millones de barriles diarios, una cifra que la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha catalogado como el mayor desafío para la seguridad energética global en la historia. Este bloqueo limita la entrada de crudo y encarece aún más los precios, complicando la ya delicada situación del mercado.
A esto se suma un fenómeno significativo en las refinerías estadounidenses: la creciente preferencia por producir combustible para aviones debido a sus elevados márgenes de beneficio. Mientras que el precio del combustible para aviación ha alcanzado un récord de 80 dólares por barril, muy superior al máximo histórico del año anterior, la gasolina está perdiendo producción pese a su alta demanda y precios en aumento.
Esta tendencia ha provocado que la producción de gasolina caiga alrededor de 340.000 barriles diarios en comparación con el año pasado, pese a que las refinerías operan casi a plena capacidad. La Administración de Información Energética (EIA) revela que las reservas de gasolina en EE.UU. están a punto de alcanzar mínimos históricos, con un déficit acumulado de casi 11 millones de barriles respecto a la media de los últimos cinco años y una reducción sostenida de 4 millones de barriles por semana.
El presidente Biden y su equipo ya han liberado cerca de 80 millones de barriles de la Reserva Estratégica, aunque esta está menos disponible y resulta menos efectiva que en 2022, en parte porque la gasolina no se produce en igual proporción debido a la preferencia por el combustible para aviación. Además, el crecimiento en la producción y exportación de crudo y derivados marcó récords en los primeros meses de este año, por lo que esta palanca ya está al máximo.
Desde el punto de vista económico, la inflación vinculada al coste de la energía está dando señales preocupantes. El índice de precios al consumo muestra un aumento más persistente de lo esperado en los precios de la energía, y se prevé que la subida de la gasolina impacte en las cifras inflacionarias de los próximos meses. Esto afecta también a los rendimientos de los bonos del Tesoro, incrementando los costes de financiación para hipotecas, empresas y deuda pública, complicando el panorama económico para la Administración en un año electoral crucial.
Aunque se ha anunciado un alto el fuego en Irán, el estrecho de Ormuz permanece cerrado, y la incertidumbre continúa dominando el mercado energético. El desenlace de esta situación dependerá en gran medida de si el Gobierno estadounidense busca una solución política con Irán, incluyendo negociaciones sobre los acuerdos nucleares y de seguridad, para evitar que el choque energético se agrave.
La experiencia reciente muestra que las medidas militares tienden a complicar más que a solucionar problemas energéticos, mientras que la vía diplomática sigue siendo la alternativa viable para normalizar los flujos de energía y estabilizar la economía en medio de tensiones geopolíticas y un escenario electoral sensible.
Más información sobre la reserva estratégica y la situación del mercado se puede consultar en la página oficial de la EIA y los análisis de la Agencia Internacional de la Energía.