La tensión geopolítica en Oriente Próximo está dejando huella en la actividad empresarial de las compañías alemanas instaladas en España. Según el Barómetro AHK España, publicado por la Cámara de Comercio Alemana para España, el 45,9% de estas firmas ya está experimentando interrupciones en sus cadenas logísticas, mientras que el 77% ha tenido que asumir subidas en el precio de los insumos necesarios para su operativa diaria. Entre las empresas afectadas se encuentran multinacionales de primer nivel como Volkswagen, Mercedes, Bayer, Siemens, Merck o Braun.
El cierre del estrecho de Ormuz y el conflicto en la región han alterado rutas comerciales fundamentales para estas compañías. El 10,8% de las encuestadas señala además que las dificultades para mover empleados entre países ya impacta en su actividad cotidiana. Solo un residual 4,1% afirma no haber notado ningún efecto hasta ahora, lo que da una idea de la magnitud del problema: prácticamente la totalidad del tejido empresarial alemán en España está acusando, en mayor o menor medida, las consecuencias del conflicto.
Frente a este escenario, las empresas han optado principalmente por dos estrategias de adaptación. La más extendida, adoptada por el 47,5% de las firmas, consiste en la búsqueda y apertura de nuevos mercados para reducir su dependencia de las rutas afectadas. La segunda línea de acción pasa por ampliar y diversificar las redes de proveedores, ante la imposibilidad de mantener las relaciones comerciales previas con los suministradores habituales. Son respuestas pragmáticas que, sin embargo, implican costes y tiempos de adaptación que no todas las empresas pueden absorber con la misma facilidad.
El pesimismo sobre la economía española crece, pero el empleo aguanta
Esta coyuntura ha deteriorado las perspectivas que las empresas alemanas tienen sobre la economía española. El 31,1% cree que la situación nacional empeorará en los próximos doce meses, una cifra que contrasta con el 25,4% registrado en el barómetro del pasado otoño, antes del estallido del conflicto, y con el 25% de hace exactamente un año. El salto es significativo: en pocos meses, el pesimismo ha ganado más de cinco puntos porcentuales.
La Cámara de Comercio Alemana explica este deterioro por "la elevada incertidumbre marcada por factores geopolíticos y tensiones comerciales internacionales", un diagnóstico que comparten muchos actores económicos en Europa. Sin embargo, hay un dato que rompe la tendencia negativa: el 40,5% de las empresas alemanas en España prevé crear más empleo en el próximo año, más de dos puntos por encima del registro de la primavera anterior. Según la Cámara, esto refleja "la continuidad de una dinámica positiva en el mercado laboral" que todavía resiste a pesar del contexto adverso.
En términos generales, el clima empresarial alemán en España mantiene un tono sorprendentemente sólido. El 92% de las compañías encuestadas califica su situación actual como buena o satisfactoria, un dato que se explica en parte porque las opiniones negativas han caído más de cuatro puntos porcentuales desde el barómetro de otoño. Es decir, aunque el horizonte genera dudas, el presente todavía se sostiene.
La energía, un frente con luces y sombras
Uno de los aspectos más relevantes del informe tiene que ver con los precios de la energía. Las empresas alemanas reconocen que España se encuentra en una posición menos expuesta que otros mercados europeos gracias al mayor peso de las energías renovables en el mix energético nacional. Esta ventaja competitiva ha sido señalada también por el Gobierno español en los últimos días como un escudo frente a la volatilidad de los mercados de hidrocarburos.
Sin embargo, el barómetro también registra un salto llamativo en la preocupación por los precios energéticos: del 11% al 54% respecto a la encuesta anterior. Un aumento que evidencia que, aunque España parte de una posición más favorable, la escalada de costes no es ajena a las empresas instaladas aquí. Para preservar esa ventaja competitiva, las firmas alemanas consideran imprescindible invertir en redes de distribución energética que garanticen tanto la estabilidad del suministro como la competitividad de los precios a medio plazo.
El informe también lanza una crítica velada a la gestión de los fondos europeos Next Generation en España. La Cámara lamenta una oportunidad perdida por la falta de continuidad en los proyectos financiados, que se ejecutan, según sus palabras, "sin mantenimiento". Una queja que apunta a un problema estructural: captar fondos es solo la mitad del trabajo; gestionarlos con eficacia y darles continuidad es la otra mitad, y ahí España tiene aún margen de mejora según la percepción del empresariado alemán.