Tres de las cuatro grandes operadoras de telecomunicaciones de Francia han dado un paso decisivo para reorganizar radicalmente el sector en el país. Bouygues Telecom, el Grupo Free-Iliad y Orange han anunciado el inicio de negociaciones en exclusiva con Altice France para adquirir conjuntamente SFR, la segunda operadora del mercado galo, por un valor empresarial total de 20.350 millones de euros. La exclusividad tiene fecha límite: el 15 de mayo de 2026, plazo acordado para cerrar los términos definitivos del acuerdo.
La operación no es nueva sobre el tablero. Ya en octubre de 2025, el mismo consorcio presentó una oferta inicial de 17.000 millones de euros que Altice France, controlada por el empresario Patrick Drahi, rechazó por insuficiente. Ahora, tras completar la fase de due diligence iniciada a comienzos de 2026, los tres compradores han regresado con una propuesta mejorada que supone un incremento del 20%, es decir, 3.350 millones de euros adicionales sobre la cifra anterior. Que Altice haya abierto la puerta a la exclusividad sugiere que esta vez el precio está más cerca de lo que el vendedor considera aceptable.
Cómo se reparte el pastel
Dentro del consorcio, Bouygues Telecom asume el papel protagonista como comprador principal. Le correspondería alrededor del 42% del valor total, unos 8.547 millones de euros. El Grupo Free-Iliad aportaría el 31%, equivalente a 6.308 millones, mientras que Orange quedaría con el 27% restante, es decir, 5.494 millones. El reparto de activos entre los tres también está definido en líneas generales: Bouygues se haría con el negocio B2B de SFR al completo, mientras que los clientes y el negocio de consumo (B2C) se dividirían entre las tres operadoras. La infraestructura de red y el espectro radioeléctrico también se repartirían, salvo la red móvil de SFR en zonas de baja densidad de población, que quedaría íntegramente en manos de Bouygues.
La oferta excluye una serie de activos específicos de Altice France: las participaciones en ACS/Intelcia, XP Fibre, Ultraedge y Altice Technical Services, así como las operaciones del grupo en los departamentos y regiones de ultramar francesas. No todo SFR está, por tanto, sobre la mesa.
Orange, a contrarreloj con su cartera
Para Orange, la situación financiera merece un análisis propio. La operadora francesa acaba de cerrar la compra de MásOrange en España, una fusión con MásMóvil por la que desembolsará 4.250 millones de euros adicionales. Si la adquisición de SFR sigue adelante, Orange habrá comprometido casi 10.000 millones de euros en grandes operaciones corporativas en un período de tiempo muy reducido, concretamente 9.744,5 millones sumando ambas transacciones. Es un esfuerzo inversor de primera magnitud que obliga a la compañía a afinar mucho su gestión de capital y endeudamiento en los próximos trimestres.
En todo caso, el consorcio defiende que la operación generará beneficios a largo plazo: mayor capacidad de inversión en redes de banda ancha de muy alta velocidad, refuerzo de la ciberseguridad y avances en tecnologías emergentes como la inteligencia artificial aplicada a las telecomunicaciones. También argumentan que se consolidará el control sobre infraestructura estratégica nacional y que, pese a la reducción del número de actores, el mercado seguirá siendo competitivo para los consumidores.
El mayor obstáculo: la competencia
Precisamente ahí reside el principal escollo regulatorio. Si la operación prospera, Francia pasaría de tener cuatro operadores de telecomunicaciones a tres, una concentración que las autoridades de defensa de la competencia examinan siempre con lupa. La Autoridad de Competencia francesa (Autorité de la concurrence) y, previsiblemente, la Comisión Europea deberán dar su visto bueno antes de que cualquier acuerdo sea vinculante. Los reguladores analizarán si la reducción de jugadores en el mercado puede derivar en subidas de precios o en un deterioro del servicio para los usuarios, y es probable que impongan condiciones o remedios estructurales como paso previo a la autorización.
Esta clase de megafusiones en telecomunicaciones tiene precedentes en Europa con resultados dispares ante los reguladores. En algunos países se han permitido con condiciones; en otros, se han bloqueado o retrasado durante años. El consorcio deberá demostrar que el mercado resultante preserva suficiente presión competitiva, algo nada sencillo cuando desaparece uno de los cuatro grandes actores.
En paralelo, la operación abre interrogantes sobre el futuro del empleo en SFR y sobre la integración de sistemas, marcas y contratos de clientes en tres empresas distintas con culturas corporativas diferenciadas. La complejidad operativa de repartir una teleco de este tamaño entre tres compradores simultáneos no tiene muchos precedentes en el sector europeo y será uno de los elementos que también escrutarán los analistas y los propios reguladores durante los próximos meses.