El papa León XIV visitó la Sagrada Família de Barcelona para bendecir la nueva Torre de Jesús, que con sus 172,56 metros la convierte en la iglesia más alta del mundo. Durante la misa, lanzó un duro mensaje: no es posible creer en Jesús y promover la guerra, matar inocentes o abandonar a los más vulnerables, aludiendo directamente a la crisis migratoria actual.
Calificó al templo como una "catequesis elocuente hecha de piedras y luz", destacando su belleza y función como símbolo de apoyo a los pobres, excluidos e imperfectos, quienes según el Evangelio tienen un lugar central en las enseñanzas cristianas.
La jornada del pontífice incluyó además encuentros con presos, reflexiones sobre el envejecimiento poblacional, la exclusión social y la recepción de extranjeros. León XIV también se refirió a los desafíos tecnológicos y sociales, lamentando la proliferación de lenguaje ofensivo en redes sociales y condenando tanto la violencia física como la virtual, que muchas veces permanece oculta.
Desde el monasterio benedictino de Montserrat, lugar con fuerte carga histórica y simbólica para Cataluña, reafirmó su rechazo a la polarización social y política y recordó que el Evangelio promueve la integración de todos en una misma familia, un mensaje relevante en un contexto de aumento del discurso xenófobo y la presencia de extrema derecha en la región.
La visita del Papa continuó en el Raval, uno de los barrios más desfavorecidos de Barcelona, donde se reunió con la comunidad agustina y organizaciones que apoyan a personas vulnerables. Destacó la diversidad cultural y la acogida que caracteriza a esta área, subrayando la importancia del compromiso social y la integración.
El recorrido del pontífice por la ciudad coincidió con el centenario del fallecimiento de Antoni Gaudí, arquitecto de la Sagrada Família. León XIV recordó una frase del creador modernista: "Para hacer las cosas bien hace falta, en primer lugar, amor, y en segundo lugar, la técnica", vinculando esta idea con la dignidad humana.
En un acto singular, el Papa fue el primer pontífice en visitar una cárcel española, Brians 1 en Sant Esteve Sesrovires. Allí transmitió su convicción de que los errores no definen a las personas y que el cristianismo implica arrepentirse, reinventarse, reconciliarse y perdonar, apelando a la posibilidad constante de cambio y superación.
Durante la visita, el pontífice también respondió a preguntas de niños, compartiendo su experiencia personal, como que nunca quiso ser Papa y destacando el valor del deporte y el perdón. En este sentido, afirmó que el fútbol enseña que la vida no es una competición solitaria y definió el perdón como la capacidad de no dejar que el odio domine el corazón.
Este recorrido y sus mensajes se inscriben en una defensa clara de la paz, la empatía y la inclusión, en un momento marcado por tensiones migratorias y sociales en Cataluña y en España, reafirmando la voz del Vaticano en el apoyo a los más vulnerables y la denuncia de las injusticias contemporáneas.
Para más detalles sobre la visita papal y su impacto, consultar Vatican News y el portal oficial de la Basílica de la Sagrada Família.