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El pelo no solo «crece»: lo arrastra el propio folículo

Un estudio publicado en Nature Communications desafía décadas de teoría capilar y abre la puerta a nuevos tratamientos contra la alopecia.

Por Carlos García·miércoles, 15 de abril de 2026·4 min lectura
Ilustración: El pelo no solo «crece»: lo arrastra el propio folículo · El Diario Joven

Durante décadas, la explicación estándar del crecimiento capilar ha funcionado como una metáfora sencilla: las células del bulbo piloso se dividen, se acumulan y empujan el pelo hacia fuera, igual que la pasta dentífrica sale del tubo cuando aprietas. Simple, mecánico, intuitivo. Pero un nuevo estudio publicado en Nature Communications acaba de poner en entredicho ese modelo clásico con evidencia experimental directa.

La investigación, realizada de forma conjunta por científicos de la Queen Mary University of London y el laboratorio de I+D de L'Oréal, propone que el crecimiento del cabello no obedece únicamente a ese mecanismo de «empuje» desde la raíz, sino que también implica fuerzas de tracción generadas por el tejido que rodea al folículo. En otras palabras: el pelo también es «tirado» hacia arriba por su propio entorno celular.

Un «pequeño motor» dentro del folículo

Para llegar a esta conclusión, los investigadores recurrieron a una tecnología que hasta hace poco resultaba inaccesible para este tipo de análisis: la microscopía tridimensional en tiempo real sobre folículos pilosos humanos vivos. Este avance técnico permitió observar con un detalle sin precedentes qué ocurre en el interior del folículo mientras el cabello crece, algo que los métodos convencionales no podían capturar con facilidad.

Lo que encontraron sorprendió al equipo. Las células de la capa externa del folículo no permanecen estáticas mientras el bulbo trabaja: se desplazan en movimientos espirales descendentes que generan tensiones internas. Esas tensiones, lejos de ser un efecto secundario del proceso, resultan ser un motor activo que impulsa el tallo capilar hacia la superficie.

Inês Sequeira, investigadora de Queen Mary University of London y una de las autoras del trabajo, describió el hallazgo con una imagen precisa: el tejido circundante «actúa casi como un pequeño motor» que arrastra activamente el cabello hacia arriba. Según Sequeira, el folículo piloso alberga una «fascinante coreografía» celular que había pasado inadvertida hasta ahora.

El experimento que cambia el modelo

Más allá de la observación, el equipo quiso comprobar hasta qué punto cada mecanismo —el de empuje y el de tracción— es realmente responsable del crecimiento. Para ello diseñaron experimentos en los que bloqueaban selectivamente distintos procesos celulares y medían el efecto en el ritmo de crecimiento del pelo.

El resultado fue llamativo. Cuando bloquearon la división celular del bulbo —el mecanismo que siempre se había considerado el motor principal—, el crecimiento apenas se detuvo. Sin embargo, cuando inhibieron las proteínas implicadas en el movimiento celular de la capa externa, el crecimiento cayó más de un 80%. La diferencia entre ambos resultados sugiere que el papel protagonista en el proceso lo tienen las fuerzas de tracción, no la simple multiplicación de células en la base.

El investigador Thomas Bornschlögl, coautor del estudio, subrayó que estos datos «demuestran que el crecimiento del cabello no depende solo de la división celular», abriendo una nueva forma de entender la biología capilar que podría tener implicaciones prácticas considerables.

Alopecia y tratamientos: ¿qué cambia?

El impacto potencial de este descubrimiento va más allá de la biología básica. La alopecia afecta a millones de personas en todo el mundo y, a pesar de los avances en tratamientos farmacológicos, las opciones disponibles siguen siendo limitadas y con resultados variables. Comprender con mayor precisión qué mecanismos controlan el crecimiento del cabello podría abrir vías terapéuticas que hasta ahora no se habían explorado, precisamente porque el marco teórico era incompleto.

Si las fuerzas de tracción generadas por el tejido del folículo son tan determinantes como sugiere el estudio, futuras terapias podrían orientarse a regular esos movimientos celulares en lugar de —o además de— estimular la división celular del bulbo. Eso cambiaría el enfoque de buena parte de la investigación aplicada en dermatología capilar.

No obstante, los propios autores del trabajo advierten de que es necesario mantener la cautela. Los experimentos se realizaron en condiciones de laboratorio, no en el cuerpo humano, y será imprescindible validar si este mecanismo de tracción opera de la misma manera in vivo antes de trasladar los hallazgos a aplicaciones clínicas. La investigación de la Queen Mary University of London representa un punto de partida sólido, pero el camino hasta un posible tratamiento todavía tiene varios pasos por delante.

Lo que sí queda claro es que el pelo, ese proceso biológico aparentemente mundano que todos experimentamos a diario, esconde una complejidad mecánica que la ciencia acaba de empezar a descifrar. La imagen del tubo de pasta de dientes, al menos en términos científicos, ya no es suficiente.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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