El Celta de Vigo necesita un milagro este jueves en Balaídos. Los de Claudio Giráldez reciben al Friburgo en los cuartos de final de la UEFA Europa League con un 3-0 en contra tras el partido de ida disputado en Alemania. Para pasar, el equipo vigués tendría que ganar por cuatro goles de diferencia sin encajar ninguno, o por tres y luego resolver en la prórroga o los penaltis. Un escenario que la estadística histórica de la competición convierte en algo extraordinariamente difícil, pero no imposible.
A pesar del contexto adverso, las entradas para el partido se agotaron el lunes, justo después de que el equipo encajara otra derrota, esta vez en LaLiga ante el Oviedo. La afición confía, y eso es lo primero que el vestuario ha pedido: que Balaídos sea una caldera desde el primer minuto, que el apoyo de las gradas actúe como un gol más desde el pitido inicial. En los dos últimos años, la comunión entre plantilla y afición ha alcanzado un nivel difícil de igualar en el fútbol español, y ese vínculo puede ser un factor determinante en una noche de estas características.
Sin embargo, el ambiente no marca goles. El Celta lleva dos encuentros sin convencer, sin el fútbol fluido y vertical que mostró en otras fases de la temporada. Recuperar ese nivel en un partido de esta exigencia es el principal reto deportivo al que se enfrenta Giráldez. El técnico vigués deberá encontrar el equilibrio entre la intensidad ofensiva que requiere la remontada y la solidez defensiva que evite un gol visitante, que prácticamente cerraría cualquier opción de clasificación.
Para darle a la noche el tono épico que merece, el músico gallego Abraham Cupeiro, conocido internacionalmente por su trabajo con instrumentos de la antigua Hispania, actuará en los minutos previos al inicio del encuentro. Una forma de conectar la cita con la identidad cultural de Galicia y de elevar la temperatura emocional antes del saque inicial.
Un hito histórico al alcance
El Celta solo ha alcanzado unas semifinales europeas en una ocasión. Fue en la edición 2016-2017 de la Europa League, cuando los vigueses eliminaron precisamente al Manchester United con una actuación memorable en Old Trafford. Varios de los futbolistas que forman parte de la convocatoria actual vivieron aquella noche siendo niños desde la grada de Balaídos. Hoy tienen la oportunidad de protagonizar un momento equivalente, de pasar de espectadores a actores de una gesta similar.
Esa carga histórica puede ser tanto un estímulo como una losa. Giráldez ha pedido públicamente a sus jugadores que afronten el partido sin complejos, desde el disfrute y la libertad, sin perder de vista que, pase lo que pase este jueves, la temporada del Celta merece ser valorada en términos muy positivos. El equipo ocupa la sexta plaza en LaLiga y ha llegado a los cuartos de final de un torneo europeo de primer nivel. Ningún aficionado celeste hubiese rechazado ese escenario en agosto.
El Friburgo, un rival sólido
Enfrente estará un Friburgo que viaja a Vigo con la clasificación prácticamente resuelta pero que no vendrá a especular. El club alemán, histórico del fútbol centroeuropeo, ha demostrado durante toda la competición una solidez defensiva notable y una capacidad para gestionar los partidos que complica la tarea de los locales. Remontar un 3-0 ante un equipo así en una eliminatoria europea es algo que ocurre muy pocas veces, lo que no significa que sea imposible.
La estadística es cruel: en la historia de la Europa League y su predecesora, la Copa de la UEFA, los equipos que han remontado un 3-0 en la vuelta se pueden contar con los dedos de una mano. Pero el fútbol tiene esa capacidad de romper los pronósticos en las noches más improbables, y Balaídos ha sido escenario de algunas de ellas.
Si el Celta logra marcar pronto, si la presión del estadio se traslada al campo desde los primeros compases y si el Friburgo se muestra nervioso ante la intensidad local, el guion puede cambiar. Todo depende de que los vigueses sean capaces de rendir al máximo nivel durante noventa minutos, algo que no han conseguido en sus dos últimos partidos. La fe que pide Giráldez tendrá que ir acompañada de fútbol. Sin él, los creyentes volverán a casa con las manos vacías.