Un puñado de creadores de contenido en TikTok ha encontrado un pasatiempo tan absurdo como revelador: entrar corriendo en la sede de la Iglesia de la Cienciología en Hollywood, recorrer sus pasillos a toda velocidad con la cámara encendida y aguantar dentro el mayor tiempo posible antes de que el personal los escolte hasta la salida. Los vídeos resultantes, que replican la lógica de los speedruns del mundo gamer, acumulan decenas de millones de reproducciones y han reavivado un debate de fondo sobre la organización y sus métodos.
El concepto es sencillo y cualquier aficionado a los videojuegos lo reconocerá al instante. En la cultura gamer, un speedrun consiste en completar un juego en el menor tiempo posible, explotando atajos, rutas alternativas y fallos del sistema. Lo que estos tiktokers han hecho es trasladar esa mecánica al mundo real, eligiendo como escenario uno de los edificios más fotografiados y menos conocidos por dentro de todo Hollywood: la sede central de la Iglesia de la Cienciología. El participante entra por la puerta principal, corre todo lo que puede, graba lo que alcanza a ver y acaba siendo acompañado —o directamente empujado— hacia la puerta de emergencia. Nadie ha llegado demasiado lejos.
35 millones de visitas en una semana
Las cifras dan una idea del interés que despierta el fenómeno. El vídeo más viral de esta tendencia supera los 35 millones de reproducciones en apenas siete días. En realidad, no se trata de un movimiento masivo de creadores: son dos o tres vídeos principales que se redistribuyen sin parar por distintas plataformas, desde TikTok hasta X o Instagram. Más que una corriente cultural consolidada, lo que hay es un par de personas que han dado con una tecla que conecta con la curiosidad —y el morbo— de millones de espectadores que siempre han querido saber qué hay al otro lado de esas puertas.
Lo irónico del asunto es que la Cienciología, en teoría, quiere que la gente entre en sus edificios. Sus sedes están diseñadas para atraer visitantes: ofrecen tours abiertos, tienen personal amable dispuesto a guiar recorridos y cuentan con zonas preparadas para recibir a los curiosos. Pero todo eso funciona bajo un protocolo muy específico, el de la propia organización, que marca los tiempos, los espacios visibles y el mensaje que se transmite en cada sala. Lo que no estaba previsto es que alguien apareciera sin avisar, a toda velocidad y con una cámara apuntando hacia puertas entreabiertas y rincones que no forman parte del tour oficial.
El personal ya identifica a los creadores
El equipo del edificio de Hollywood lleva tiempo adaptándose a este tipo de situaciones. Según los propios vídeos, el personal ha empezado a identificar a los creadores de contenido que los trolean habitualmente, y cuando detecta a alguien sospechoso acercándose a la entrada, las puertas se cierran antes de que pueda cruzarlas. Ese mecanismo de defensa ha añadido, paradójicamente, un elemento de desafío que alimenta todavía más el juego: ahora no solo se trata de recorrer el edificio a toda velocidad, sino de lograr entrar en primer lugar.
Esta dinámica de gato y ratón refuerza la imagen que muchos ya tenían de la organización: la de un grupo hermético, vigilante y receloso de cualquier mirada externa que se salga de su guion. Pero el debate que han generado estos vídeos va bastante más allá de la simple gamberrada.
¿Crítica legítima o munición para la Cienciología?
El periodista Yashar Ali, conocido por años de cobertura crítica sobre la Cienciología, planteó en la red social X una reflexión que ha resonado con fuerza. Según Ali, este tipo de contenido encaja a la perfección con la narrativa interna de la organización, que enseña a sus miembros que el mundo exterior es un lugar hostil empeñado en sabotear la difusión de sus enseñanzas. Los speedruns, con su tono de asalto y provocación, refuerzan exactamente esa idea: la de que los críticos externos son irrespetuosos y agresivos, lo que a su vez justifica ante los fieles la necesidad de protegerse y aislarse del exterior.
En otras palabras, lo que para millones de espectadores es un vídeo divertido y transgresor, para la cúpula de la Cienciología puede ser una herramienta útil de cohesión interna. Una prueba visible de que el mundo de fuera es exactamente como ellos lo describen. Es un matiz importante que convierte un reto viral aparentemente inocuo en algo más complejo de lo que parece a primera vista.
Años de contenido crítico en TikTok
El edificio de Hollywood no es, ni mucho menos, territorio virgen para los creadores de contenido. TikTok y otras plataformas acumulan años de vídeos relacionados con la Cienciología que van desde testimonios de exmiembros tan conocidos como Leah Remini o el exdirectivo Mike Rinder, hasta análisis detallados de las prácticas de la organización, grabaciones en la vía pública de sus métodos de reclutamiento o documentales independientes con millones de visualizaciones. Todo ese contenido informativo, construido con rigor y a menudo con un coste personal enorme para quienes lo producen, convive ahora con el formato speedrun en el mismo ecosistema digital.
La diferencia de calado entre ambos tipos de contenido es evidente. Un testimonio de una persona que pasó décadas dentro de la organización y un vídeo de 30 segundos corriendo por un pasillo no tienen el mismo peso ni la misma capacidad de generar cambio. Pero lo cierto es que los speedruns están llevando el tema de la Cienciología a audiencias que probablemente nunca habrían buscado un documental o un reportaje al respecto. La pregunta es si esa exposición superficial sirve para algo más que generar entretenimiento efímero.
Lo que está claro es que el fenómeno dice tanto de la Cienciología como de la propia cultura de creación de contenido en TikTok. En una plataforma donde la atención se mide en segundos y la viralidad lo es todo, convertir un edificio polémico en el escenario de un videojuego improvisado era solo cuestión de tiempo. Que eso sea una forma válida de crítica, una gamberrada sin más o un regalo involuntario para la organización que se pretende cuestionar es un debate que, de momento, sigue abierto.