Un equipo internacional de astrofísicos acaba de publicar la medición más exacta hasta la fecha de la velocidad a la que se expande el Universo. El resultado: 73,5 kilómetros por segundo por megaparsec, con un margen de error de apenas 0,81. Una precisión sin precedentes. El problema es que, lejos de resolver uno de los grandes enigmas de la cosmología moderna, lo complica todavía más.
Para entender por qué esto importa, conviene tener claro qué significa que el Universo se expande. No es que las galaxias se muevan como cohetes por el espacio, sino que el propio espacio entre ellas se estira. La imagen clásica es la de un globo con puntos pintados: cuando se infla, los puntos se alejan entre sí sin que ninguno se haya desplazado. Eso es exactamente lo que ocurre a escala cósmica.
El problema: dos métodos, dos respuestas distintas
Desde hace décadas, los astrónomos emplean dos enfoques para medir esa velocidad de expansión, conocida como constante de Hubble. El primero observa objetos del Universo cercano: estrellas cefeidas, gigantes rojas, supernovas. El segundo analiza el fondo cósmico de microondas, la radiación que dejó el Big Bang y que representa la "foto más antigua" del cosmos. Ambos métodos deberían arrojar el mismo número. Pero no lo hacen.
Cuando se mira el Universo cercano, la expansión ronda los 73 km/s por megaparsec. Cuando se analiza el fondo cósmico de microondas, el valor cae a unos 67 km/s por megaparsec. Esa discrepancia tiene nombre propio: tensión de Hubble, y es uno de los dolores de cabeza más persistentes de la física moderna.
Un cálculo más robusto que no resuelve nada
Ante la posibilidad de que la discrepancia se debiese a errores de medición, los investigadores decidieron combinar datos de múltiples telescopios terrestres y espaciales, cruzando información de distintos tipos de objetos astronómicos con brillo conocido. Al eliminar cualquiera de las técnicas del conjunto, el resultado apenas variaba. Eso significa que la medición es sólida y que la tensión de Hubble no es un artefacto estadístico: es real.
Entonces, ¿qué está pasando? Las hipótesis son varias. Una apunta a la materia oscura, esa masa invisible que constituye cerca del 27% del contenido del Universo según los modelos estándar de cosmología de la ESA, y cuya naturaleza sigue siendo un misterio. Quizás su comportamiento en distintas épocas del cosmos sea más complejo de lo que los modelos actuales contemplan.
Otra hipótesis, defendida entre otros por el físico Indranil Banik, sugiere que la Tierra podría estar situada en una región del espacio con una densidad de materia inusualmente baja, algo así como una burbuja en el interior de un pastel. La mayor concentración de materia en los bordes de esa cavidad ejercería una atracción gravitatoria que alejaría las galaxias interiores más rápido de lo esperado, inflando artificialmente la medición local.
Lo que está claro, tras este nuevo estudio, es que los instrumentos no mienten y que los científicos no se están equivocando al medir. La tensión de Hubble existe. Ahora toca explicarla, y eso podría obligar a revisar algunos de los pilares del modelo estándar de la cosmología.