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El deshielo retrasa tres años el 'segundo negativo'

El cambio climático ha alterado la rotación terrestre y pospone a 2029 la eliminación de un segundo en los relojes mundiales.

Por Carlos García·jueves, 16 de abril de 2026·4 min lectura
Ilustración: El deshielo retrasa tres años el 'segundo negativo' · El Diario Joven

Los relojes del mundo estuvieron a punto de experimentar algo sin precedentes en 2026: eliminar un segundo, en lugar de añadirlo. Este ajuste, conocido como segundo negativo o intercalar negativo, nunca se había aplicado en la historia de la metrología moderna. Sin embargo, el cambio climático ha alterado los planes. El deshielo masivo en los polos ha modificado la velocidad de rotación de la Tierra y ha retrasado esa necesidad hasta 2029, según una investigación publicada en la revista Nature.

Para entender qué está en juego, hay que conocer cómo funcionan los segundos intercalares. Desde los años setenta, los metrólogos han añadido de forma ocasional un segundo extra al Tiempo Universal Coordinado (UTC) para compensar la tendencia histórica de la Tierra a girar cada vez más despacio. La causa principal de esa desaceleración era la fricción que ejercen las mareas lunares sobre el planeta. Sin ese ajuste periódico, el reloj atómico que marca el UTC y el tiempo astronómico real irían separándose poco a poco, con consecuencias para sistemas que dependen de una sincronía exacta.

Lo que cambió en los últimos años es que la Tierra empezó a comportarse de manera inesperada: aceleró su rotación. Los días comenzaron a ser, de forma imperceptible, ligeramente más cortos que los 86.400 segundos teóricos. Eso llevó a los científicos a contemplar la posibilidad de restar un segundo, algo que nunca se había hecho. Sin embargo, ahora los datos más recientes del Servicio Internacional de Rotación de la Tierra y Sistemas de Referencia (IERS) muestran que esa aceleración se ha detenido y el planeta ha vuelto a frenarse levemente.

El efecto patinador aplicado a un planeta

La explicación científica de este giro de los acontecimientos apunta directamente al calentamiento global. Cuando el hielo de Groenlandia y la Antártida se derrite a gran velocidad, el agua resultante no permanece en los polos, sino que fluye y se redistribuye hacia las zonas más bajas y ecuatoriales del planeta. Este desplazamiento de masa desde el eje de rotación hacia la periferia terrestre reproduce, a escala planetaria, lo que los físicos denominan conservación del momento angular.

La analogía más visual es la de un patinador artístico: cuando extiende los brazos, su giro se ralentiza; cuando los pega al cuerpo, acelera. La redistribución del agua de deshielo equivale a que la Tierra "abre los brazos", alejando masa de su eje central. El resultado es una desaceleración que ha contrarrestado y superado la aceleración interna que se había detectado previamente en el núcleo terrestre.

Según los datos recogidos en las investigaciones publicadas en los últimos años, entre 2000 y 2020 los días se han alargado a un ritmo aproximado de 1,33 milisegundos por siglo como consecuencia directa del deshielo. Los autores de estos estudios son categóricos: la redistribución de masas provocada por el cambio climático domina hoy la rotación terrestre, por encima incluso del histórico efecto de la fricción lunar.

¿Qué implica esto para nuestros relojes?

De forma práctica, este retraso de 2026 a 2029 en la necesidad del segundo negativo tiene una relevancia limitada para el ciudadano de a pie, que no va a notar ningún cambio en su día a día. Pero sí tiene implicaciones técnicas considerables para la infraestructura digital global. Las redes de telecomunicaciones, los sistemas de posicionamiento GPS, los servidores financieros y los centros de datos dependen de una sincronización temporal extremadamente precisa. Cualquier manipulación del reloj universal puede generar fallos en cascada.

Eso explica por qué la Oficina Internacional de Pesos y Medidas (BIPM) tomó la decisión, en noviembre de 2022, de eliminar definitivamente la práctica de los segundos intercalares a partir de 2035, aplazada en la práctica respecto a comunicaciones iniciales que situaban el cambio en 2025. La infraestructura tecnológica actual ha crecido hasta el punto de que ajustar el tiempo de forma manual supone un riesgo sistémico que los organismos internacionales ya no están dispuestos a asumir.

Lo que el caso del segundo negativo pone en evidencia es algo más profundo: el cambio climático ha alcanzado una escala capaz de alterar parámetros físicos del propio planeta, como la velocidad a la que gira sobre su eje. No es solo una cuestión de temperatura o de nivel del mar. Es una señal de que la redistribución de masas provocada por el deshielo está reconfigurando la dinámica terrestre de maneras que hasta hace poco pertenecían exclusivamente al ámbito de la geofísica teórica. Los relojes, por ahora, no cambian. Pero el planeta sí.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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