La península Ibérica lleva años considerada una isla energética dentro de Europa: produce enormes cantidades de electricidad renovable, pero carece de infraestructuras suficientes para exportarla al continente. Dos nuevos proyectos de cable submarino, bautizados como Apollo Link e Iberia Link, pretenden cambiar esa situación creando una conexión directa entre España y el norte de Italia a través del Mediterráneo. Ambos aparecen por primera vez en la cartera del Plan Decenal de Desarrollo de la Red 2026 (TYNDP) publicada por la Red Europea de Gestores de Redes de Transporte de Electricidad (ENTSO-E), que incluye casi 200 proyectos de transmisión, 22 de ellos completamente nuevos.
Los dos cables comparten objetivo —llevar energía limpia desde una potencia renovable como España hasta una de las regiones industriales con mayor consumo eléctrico de Europa—, pero difieren en escala. Apollo Link es el más ambicioso: prevé una capacidad de 2 GW y una entrada en servicio estimada para 2032. Iberia Link, por su parte, alcanzaría los 1,2 GW y tendería 1.034 kilómetros de cable submarino, lo que lo convertiría en uno de los enlaces eléctricos subacuáticos más largos del mundo. Ninguno de los dos cuenta aún con fecha firme ni con el respaldo de los operadores públicos de transporte, Red Eléctrica de España y Terna en Italia. Son iniciativas impulsadas por inversores privados italianos cuya identidad no se ha hecho pública.
Por qué importa romper el aislamiento ibérico
La capacidad de interconexión eléctrica de la península con Francia ronda actualmente los 3.000 MW, una cifra que queda muy por debajo del objetivo del 15 % de capacidad instalada que fija la normativa de la Unión Europea. Las consecuencias de ese cuello de botella se notan en ambos sentidos: cuando la generación solar y eólica se dispara, los precios de la electricidad pueden volverse negativos dentro de la península porque la energía sobrante no tiene salida comercial. Cuando hay escasez, tampoco resulta sencillo importar desde el resto del continente.
El reciente apagón que afectó a España e impactó en varios países vecinos puso de manifiesto la fragilidad que supone depender de unas pocas líneas de conexión internacional. En ese contexto, los dos cables mediterráneos aportarían seguridad de suministro y ayudarían a acoplar los mercados eléctricos español e italiano, algo que, según la teoría económica y la experiencia de otros corredores europeos, presiona los precios a la baja para el consumidor final. Los promotores de Apollo Link cifran en más de 300 millones de euros anuales el beneficio social neto que generaría la infraestructura.
Tecnología de última generación bajo el mar
Ambos proyectos emplearían corriente continua de alta tensión (HVDC) con convertidores VSC en configuración bipolar, el estándar más avanzado para transmisión submarina de larga distancia. Esta tecnología permite un control bidireccional del flujo eléctrico y minimiza las pérdidas de energía durante el transporte. Los dos cables operarían a 525 kV, la tensión que la industria europea ha adoptado como referencia para garantizar la interoperabilidad entre redes.
El flujo neto previsto sería predominantemente de oeste a este: España exportaría sus excedentes solares y eólicos hacia el norte de Italia. No obstante, la conexión funcionaría en ambas direcciones, de manera que Italia también podría enviar energía a la península en momentos de necesidad. Con una capacidad combinada de 3,2 GW, los dos cables servirían para abastecer a varios millones de hogares, aunque los expertos advierten de que esa cifra solo cubriría una fracción de los 10 a 15 GW de interconexión adicional que necesita la península para integrarse plenamente en el mercado europeo.
Un camino largo y lleno de obstáculos
Que Apollo Link e Iberia Link figuren en el TYNDP 2026 es un requisito imprescindible para poder optar al estatus de Proyecto de Interés Común (PCI) de la UE, que da acceso a financiación comunitaria y a un marco regulatorio acelerado. Sin embargo, su situación actual es de «bajo consideración»: se encuentran en fase de estudio y todavía no cuentan con aprobación regulatoria europea. Deberán superar los análisis coste-beneficio del ENTSO-E para avanzar, un veredicto que se espera para el último trimestre de 2026.
Tampoco disponen de permisos medioambientales ni de un trazado definitivo aprobado. Y el historial europeo de proyectos de interconexión similares invita a la prudencia: las líneas transpirenaicas previstas por Navarra y Aragón llevan años bloqueadas sin fecha de desbloqueo a la vista. Por otro lado, el cable submarino del Golfo de Vizcaya, incluido en todas las listas PCI desde 2013, sigue previsto para 2028 pero ha acumulado retrasos considerables.
No todo son malas noticias en el frente de la interconexión ibérica. Actualmente se encuentra en construcción una nueva línea entre el norte de Portugal y Galicia que añadirá unos 1.000 MW extra de capacidad de intercambio. Y la propia inclusión de los dos cables mediterráneos en el plan decenal europeo refleja un cambio de mentalidad: la transformación energética del continente no depende solo de instalar más paneles y aerogeneradores, sino de construir las autopistas eléctricas que permitan mover esa energía allí donde se necesita.
El siguiente hito clave será el análisis coste-beneficio previsto para finales de 2026. Si los números salen favorables y la Comisión Europea concede el estatus de PCI, Apollo Link e Iberia Link pasarían de ser una idea sobre el papel a un proyecto con financiación y calendario real. Hasta entonces, la península Ibérica seguirá siendo, a efectos prácticos, una isla eléctrica en el corazón del sur de Europa, con una capacidad renovable enorme y una salida al continente demasiado estrecha para aprovecharla.