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Juan Pablo II y Brzezinski: la alianza contra la URSS

Un libro rescata cómo el Papa polaco y el consejero de Seguridad Nacional tejieron una estrategia común para debilitar el control soviético.

Por Carlos García·jueves, 16 de abril de 2026·4 min lectura
Ilustración: Juan Pablo II y Brzezinski: la alianza contra la URSS · El Diario Joven

En 1979, Juan Pablo II aterrizó en Estados Unidos como el primer papa no italiano en 455 años. Aquella visita no fue solo un acontecimiento religioso: tuvo una dimensión geopolítica que durante décadas ha permanecido en segundo plano. El libro *Zbig*, de Edward Luce, biógrafo y columnista del Financial Times, rescata ahora uno de esos episodios que explican cómo se fraguó la resistencia occidental frente a la Unión Soviética durante la Guerra Fría.

Según relata Luce, el Papa se reunió primero con el presidente Jimmy Carter en la Casa Blanca, cumpliendo el protocolo diplomático habitual. Pero la cita más significativa llegó poco después, cuando el Pontífice invitó a cenar en la Nunciatura Apostólica de Washington a Zbigniew Brzezinski, por entonces consejero de Seguridad Nacional de Carter y una de las mentes más influyentes de la política exterior estadounidense del siglo XX.

Brzezinski era polaco de nacimiento, igual que Karol Wojtyła. Ese vínculo de origen era evidente, pero no era lo único que los unía. Ambos compartían una obsesión estratégica: cómo debilitar desde dentro el control que Moscú ejercía sobre las llamadas "naciones cautivas", los países de Europa del Este que habían quedado atrapados tras el telón de acero al terminar la Segunda Guerra Mundial. Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumanía. Territorios con identidades propias, lenguas propias, historias propias, sometidos a la tutela soviética por la lógica de los bloques.

La elección de Wojtyła como papa en octubre de 1978 había sido, en sí misma, una señal política difícil de ignorar. Por primera vez desde 1523, el trono de San Pedro no lo ocupaba un italiano. Y el elegido procedía precisamente de uno de los países más simbólicos del bloque soviético, una nación de profunda tradición católica que el régimen comunista nunca había logrado secularizar del todo. El Vaticano entendió desde el principio que aquel papado tendría repercusiones que iban mucho más allá de lo pastoral.

La cena en la Nunciatura de Washington, tal como la describe Luce, fue el inicio visible de una coordinación que se desarrollaría a lo largo de los años siguientes. Juan Pablo II emprendería en junio de 1979 su primer viaje a Polonia, una visita que congregó a millones de personas y que, según numerosos historiadores, contribuyó de forma directa al surgimiento del sindicato Solidarność al año siguiente. Solidarność se convertiría en el primer sindicato independiente del bloque soviético y en el germen del proceso que acabaría desmantelando el comunismo en Europa del Este.

Por su parte, Brzezinski trabajaba desde la administración Carter en una política de presión sobre Moscú que incluía el apoyo encubierto a la resistencia afgana tras la invasión soviética de diciembre de 1979, una operación que él mismo reconocería años después como parte de una estrategia deliberada para sangrar militarmente a la URSS. La coincidencia de objetivos entre la Santa Sede y Washington en aquellos años no fue casual ni espontánea: respondía a una lectura compartida de que el sistema soviético tenía grietas y que la presión coordinada podía ensancharlas.

El libro de Luce sitúa esta historia en el contexto más amplio de la trayectoria intelectual y política de Brzezinski, uno de los pocos estrategas de la Guerra Fría que mantuvo su influencia durante décadas, asesorando a sucesivas administraciones y publicando análisis que anticiparon con notable precisión algunas de las tensiones geopolíticas del siglo XXI. Murió en 2017, pero su visión del mundo, centrada en el papel de Eurasia como eje de la política global, sigue siendo referencia obligada en los departamentos de relaciones internacionales.

Lo que el episodio de la Nunciatura ilustra, más allá de sus protagonistas, es la forma en que la diplomacia real funciona: en cenas discretas, con conversaciones que no se transcriben, entre personas que comparten un diagnóstico aunque procedan de mundos distintos. Un papa y un académico polaco-americano, una institución religiosa milenaria y la maquinaria de seguridad nacional de la primera potencia mundial, encontrando un punto de intersección en la misma pregunta: ¿cómo se deshace desde fuera un sistema que se mantiene por la fuerza?

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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