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EE.UU. e Irán fracasan en Islamabad tras 21 horas de diálogo

El estrecho de Ormuz, el uranio enriquecido y los fondos congelados iraníes fueron los tres grandes escollos de la negociación

Por Redacción El Diario Joven·domingo, 12 de abril de 2026·4 min lectura
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Estados Unidos e Irán concluyeron sin acuerdo una maratoniana sesión de negociaciones de 21 horas en Islamabad, la capital paquistaní, según confirmaron ambas delegaciones el pasado domingo. El encuentro, que representó el contacto diplomático directo de mayor nivel entre ambos países desde la revolución islámica de 1979, terminó con un cruce de acusaciones mutuas: Washington señaló a Teherán como responsable del bloqueo y el régimen iraní devolvió la culpa a la administración estadounidense. El reloj corre en contra de ambas partes, ya que el alto el fuego vigente entre los dos países expira el próximo 21 de abril y, a día de hoy, no existe un marco que lo sustituya.

El vicepresidente estadounidense, JD Vance, encabezó la delegación de Washington y fue fotografiado levantando el pulgar al subir al Air Force Two tras abandonar Islamabad, un gesto que las fuentes diplomáticas norteamericanas interpretaron como una muestra de confianza en futuras rondas de diálogo. Sin embargo, el lenguaje oficial fue mucho menos optimista. Según las informaciones publicadas por AFP, ninguna de las dos partes ofreció una hoja de ruta concreta para retomar las conversaciones antes de la fecha límite del 21 de abril.

Los tres grandes escollos del diálogo

Fuentes iraníes desvelaron que la negociación encalló en tres puntos fundamentales. El primero y más sensible en términos geoestratégicos fue la reapertura y gestión del estrecho de Ormuz, el corredor marítimo por el que transita aproximadamente un tercio del petróleo mundial transportado por vía marítima. Estados Unidos planteó asumir un papel directo en la gestión de este paso estratégico, algo que Irán considera una línea roja inaceptable al tratarse de aguas que bordean su territorio. Para Teherán, ceder el control —o incluso compartirlo— equivaldría a una cesión de soberanía que el régimen no puede permitirse de cara a su propia opinión pública.

El segundo punto de fricción giró en torno al destino de casi 400 kilogramos de uranio enriquecido a altos niveles que Irán mantiene en sus instalaciones nucleares. Washington exige garantías verificables de que ese material no se destinará a fines armamentísticos, una posición coherente con las resoluciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Irán, por su parte, defiende su derecho al programa nuclear civil y rechaza cualquier mecanismo de supervisión que considere invasivo o desproporcionado. La cantidad de uranio altamente enriquecido en manos persas ha sido durante años uno de los termómetros más fiables de la tensión entre ambas naciones y, con el acuerdo nuclear de 2015 prácticamente enterrado, las posiciones parecen más alejadas que nunca.

El tercer obstáculo fue de naturaleza económica: Irán reclama la liberación de aproximadamente 27.000 millones de dólares en ingresos congelados en cuentas en el extranjero, fondos bloqueados como consecuencia de las sucesivas rondas de sanciones internacionales. Para el régimen iraní, la devolución de ese dinero no es una concesión, sino una restitución de lo que considera activos legítimos. Para Estados Unidos, soltar esos fondos sin contrapartidas claras en materia nuclear y de seguridad regional resulta políticamente inviable, especialmente en un contexto en el que la administración Trump ha endurecido su posición respecto a Teherán.

Un encuentro histórico pese al fracaso

Más allá del resultado inmediato, el hecho de que representantes de tan alto nivel de ambos países se sentaran a negociar cara a cara tiene un significado diplomático que los analistas no pasan por alto. Desde 1979, cuando la toma de la embajada estadounidense en Teherán rompió las relaciones bilaterales, los contactos entre Washington y la República Islámica han sido siempre indirectos, a través de intermediarios o en formatos multilaterales. Que el vicepresidente de Estados Unidos viajara expresamente a Islamabad para liderar las conversaciones marca un precedente que, según varios expertos en relaciones internacionales, podría facilitar futuras rondas de negociación.

Pakistán, como país anfitrión, jugó un papel relevante al ofrecer un terreno neutral aceptable para ambas partes. Islamabad lleva años cultivando una relación equilibrada con Irán y Estados Unidos, y su disposición a albergar este tipo de encuentros refuerza su aspiración a ejercer de mediador regional en un momento de máxima tensión en Oriente Medio.

Qué pasa si no hay acuerdo antes del 21 de abril

La pregunta que queda en el aire es qué ocurrirá cuando expire el alto el fuego dentro de nueve días. Sin un marco acordado, las opciones van desde una prórroga informal —que requeriría buena voluntad por ambas partes— hasta una escalada que podría afectar directamente al tráfico de crudo por el estrecho de Ormuz y, por extensión, a los mercados energéticos globales. Los precios del petróleo ya reaccionaron con nerviosismo a la falta de acuerdo, y los analistas del sector anticipan volatilidad en los próximos días si no se anuncia una nueva fecha de negociación.

En el terreno nuclear, la ausencia de pacto deja a la comunidad internacional sin herramientas efectivas para supervisar el programa iraní, una situación que preocupa especialmente a los países europeos y a Israel. El Departamento de Estado de Estados Unidos no ha confirmado por el momento si habrá una segunda ronda de conversaciones antes de la fecha límite, aunque fuentes cercanas a la delegación americana aseguran que los canales de comunicación siguen abiertos.

Lo que resulta evidente es que ninguna de las dos partes ha dado por cerrada la vía diplomática. Tanto Washington como Teherán dejaron la puerta abierta a retomar el diálogo, aunque sin comprometerse con plazos ni formatos. La comunidad internacional observa con una mezcla de esperanza y escepticismo: esperanza porque el mero hecho de haberse sentado a la mesa ya es un avance; escepticismo porque, tras 21 horas de negociación, los tres grandes nudos siguen exactamente donde estaban.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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