El municipio de Siero acogió este domingo la primera final de la decimocuarta edición de su Concurso de Canción Asturiana, un certamen que se ha convertido en una de las citas imprescindibles del calendario cultural del concejo. Seis cantantes compitieron en una jornada marcada por la autenticidad de las interpretaciones, realizadas sin megafonía, dejando que las voces y los instrumentos tradicionales resonaran en toda su pureza.
La apertura del acto corrió a cargo de una estampa que resume a la perfección el espíritu de transmisión generacional que define la cultura asturiana. Monchu Cué, un joven llanisco de trece años, acompañó a su padre José Ramón Cué —él a la gaita— tocando el tambor con una soltura que evidencia años de vocación temprana. La pieza elegida para inaugurar la final fue 'El Saltón', una tonada que puso al público en pie desde el primer compás. Según relata su padre, Monchu ya mostraba inclinación musical con apenas dos años, cuando cogía dos cucharas y golpeaba cazuelas, mesas y sillas buscando cualquier superficie donde hacer música.
Un certamen que apuesta por la tradición sin artificios
Lo que distingue al Concurso de Canción Asturiana del Conceyu de Siero de otras citas similares es su firme compromiso con la interpretación acústica. En un tiempo en el que la amplificación electrónica domina prácticamente cualquier evento musical, este certamen prescinde por completo de la megafonía. Los cantantes se enfrentan al público con la única herramienta de su voz, una decisión que eleva la exigencia técnica y convierte cada actuación en un ejercicio de autenticidad difícil de encontrar en otros escenarios.
Esta apuesta no es casual. La canción asturiana —también conocida como tonada— es un género vocal que históricamente se interpretaba al aire libre, en praderías, romerías y desafíos entre cantantes. Prescindir de la tecnología sonora no es solo un gesto estético, sino una forma de respetar las condiciones originales en las que este arte nació y se desarrolló durante siglos en los valles y montañas del Principado.
Seis voces en busca del título
La primera final contó con la participación de seis intérpretes que habían superado las rondas clasificatorias previas. Aunque el contenido completo del concurso no ha sido difundido en su totalidad, la convocatoria confirma que el certamen mantiene un nivel de participación notable tras catorce ediciones. El formato de final dividida en varias jornadas permite que cada cantante disponga del tiempo y la atención necesarios para desplegar su repertorio sin prisas, algo que los aficionados al género valoran especialmente.
La canción asturiana vive un momento de renovado interés entre las generaciones más jóvenes del Principado. Asociaciones culturales, escuelas de música tradicional y concursos como el de Siero contribuyen a que un patrimonio inmaterial de enorme valor no quede relegado al recuerdo. De hecho, la tonada asturiana está reconocida como Bien de Interés Cultural Inmaterial por las autoridades del Principado, un estatus que subraya su importancia dentro del acervo cultural de la región.
Siero, epicentro de la cultura tradicional asturiana
El concejo de Siero no es ajeno a este tipo de iniciativas. Con una población que supera los 53.000 habitantes y una ubicación estratégica en el área central de Asturias, el municipio ha sabido combinar su desarrollo urbano y económico con la preservación de tradiciones que definen la identidad local. El concurso de canción asturiana se suma a otras citas como mercados tradicionales, fiestas patronales y eventos gastronómicos que mantienen vivo el tejido cultural de la zona.
La presencia de figuras como Monchu Cué, que con solo trece años ya participa activamente en este tipo de eventos, es un indicador esperanzador. La transmisión familiar del conocimiento musical —del padre gaitero al hijo tamborilero— representa exactamente el tipo de cadena generacional que garantiza la supervivencia de estas expresiones artísticas. Que un adolescente de Llanes encuentre en el tambor tradicional su forma de expresión dice mucho sobre la vitalidad de la música asturiana en pleno siglo XXI.
El concurso continuará con las siguientes fases de la final en las próximas semanas, hasta proclamar al ganador de esta decimocuarta edición. Para los aficionados a la tonada y la música tradicional asturiana, Siero se ha consolidado como una parada obligatoria en el calendario anual, un lugar donde la voz humana sigue siendo la protagonista absoluta, sin filtros ni amplificadores de por medio.
Más allá del resultado competitivo, lo que dejan jornadas como la de este domingo es la certeza de que la canción asturiana goza de buena salud. Mientras haya escenarios que apuesten por la autenticidad y familias que transmitan el oficio musical de padres a hijos, la tonada seguirá sonando con la misma fuerza que tenía cuando se cantaba entre montañas, sin más altavoz que el eco de los valles.