El presidente de la Junta General del Principado de Asturias, Juan Cofiño, ingresó este miércoles como miembro de honor del Real Instituto de Estudios Asturianos (Ridea), una de las instituciones culturales de referencia en la región. El acto, celebrado el 15 de abril de 2026, no se limitó al protocolo habitual de este tipo de recepciones académicas: el discurso de Cofiño se extendió sobre más de cuatro décadas de historia democrática asturiana y concluyó con una advertencia directa sobre el estado del modelo autonómico vigente.
El presidente de la cámara regional aprovechó el marco institucional del Ridea para trazar un recorrido por el proceso de construcción del autogobierno asturiano desde la Transición hasta hoy. En ese balance, Cofiño no eludió el diagnóstico crítico: el modelo autonómico actual, según sus palabras, muestra signos de agotamiento. Una afirmación que, pronunciada por el máximo representante del poder legislativo regional, trasciende el ámbito académico y abre un debate de fondo sobre el encaje territorial del Estado.
Asturias aprobó su Estatuto de Autonomía en 1981, convirtiéndose en una comunidad autónoma de régimen común. Desde entonces, el Principado de Asturias ha gestionado competencias en áreas como sanidad, educación, servicios sociales o medio ambiente, aunque el debate sobre la suficiencia financiera y la capacidad real de autogobierno ha sido una constante en la política regional, compartida con buena parte del resto de comunidades autónomas de España.
El planteamiento de Cofiño conecta con un debate más amplio que lleva años sobrevolando el sistema autonómico español. Desde distintos sectores políticos y académicos se ha señalado que el modelo diseñado en la Constitución de 1978 y desarrollado durante los años ochenta y noventa no se adaptó del todo a los cambios económicos, demográficos y tecnológicos de las décadas siguientes. La España vaciada, la financiación autonómica pendiente de reforma desde 2014 o las tensiones territoriales de los últimos años son algunos de los síntomas que se citan con frecuencia en ese diagnóstico.
El Ridea, fundado en 1946, es el organismo académico más veterano de Asturias dedicado al estudio y la difusión de la cultura, la historia y la identidad regional. La institución otorga la condición de miembro de honor a personalidades que han contribuido de forma destacada a la vida pública o cultural asturiana. El ingreso de Cofiño se enmarca en esa tradición, aunque la dimensión política de su intervención dotó al acto de una relevancia que supera la esfera estrictamente cultural.
La Junta General del Principado, que Cofiño preside, es el parlamento regional asturiano. Elegido para ese cargo, su posición le otorga una perspectiva institucional privilegiada sobre el funcionamiento del autogobierno: desde la cámara legislativa se aprueban los presupuestos, se controla al Ejecutivo regional y se debaten las reformas normativas que afectan al día a día de los asturianos. Que quien ocupa ese cargo hable públicamente de agotamiento del modelo no es un dato menor.
El discurso de Cofiño no ofreció, según la información disponible, una hoja de ruta concreta sobre qué reformas serían necesarias ni en qué dirección debería evolucionar el modelo. Sin embargo, el solo hecho de que un dirigente institucional de su perfil ponga ese debate sobre la mesa en un foro de estas características indica que la cuestión ha dejado de ser un asunto reservado a la academia o a los partidos de la periferia. La reforma del sistema de financiación autonómica, pendiente desde hace más de una década según el propio Ministerio de Hacienda, es uno de los elementos estructurales que más peso tiene en esa percepción de desgaste.
El acto del Ridea dejó, en definitiva, una imagen que resume bien el momento político asturiano y español: una institución cultural centenaria como escenario, un cargo parlamentario como protagonista y un mensaje que mira al pasado para interpelar al presente. Lo que venga después, en forma de propuestas o de reformas reales, está aún por ver.