Lo que antes era una partida menor en los presupuestos empresariales se ha convertido en un elemento estratégico. Los uniformes de trabajo viven una transformación profunda en España: cada vez más compañías invierten en prendas laborales que refuercen su imagen de marca, mejoren la experiencia de sus empleados e incluso reduzcan su huella ambiental. Desde cadenas hoteleras de lujo hasta laboratorios farmacéuticos, el sector se profesionaliza a marchas forzadas.
De la sastrería al contrato corporativo
Un buen ejemplo de esta evolución es Jeffrey's Apparel, una firma que nació hace unos cuatro años del taller de la sastrería Old Jeffrey cuando empezaron a recibir peticiones de empresarios clientes que necesitaban uniformes para sus negocios. Según su directora de operaciones, Rocío Alonso, pasaron rápidamente de vestir a restaurantes icónicos como Zalacaín o el Club Metrópolis del Grupo Paraguas a trabajar con hoteles como el Mandarin Oriental Ritz de Madrid, concesionarios de Mercedes-Benz e incluso hospitales públicos madrileños. "Cuando el trabajador se ve guapo, eso influye en su manera de trabajar", resume Alonso para explicar el impacto directo que detectan en la productividad.
Meliá y Lacoste: que el empleado elija qué ponerse
La cadena Me by Meliá, la enseña más orientada al lifestyle del gigante hotelero español, decidió renovar por completo los uniformes de sus establecimientos aliándose con Lacoste. No se trata de diseños exclusivos, sino de una selección de prendas de la marca francesa entre las que cada departamento puede elegir, y donde cada trabajador decide qué combinación lleva cada jornada. Alicia Solá, responsable de marketing de Me by Meliá, explica que buscaban sinergias entre el bienestar del empleado y una firma cuyos valores encajaran con los suyos. Los primeros hoteles en adoptar el nuevo sistema fueron los de Marbella, Lisboa y Málaga, y el despliegue se completará en los 11 establecimientos de la cadena durante el próximo año. La propia plantilla protagonizó la campaña de comunicación de la colaboración, convirtiendo el hotel de Marbella en un set de producción audiovisual.
Identidad visual más allá del logotipo
En el sector sanitario, el laboratorio alemán Merz, dedicado a la medicina estética, encargó al diseñador Joan Camatxo —fundador de Des Garçons de Café— una nueva chaquetilla negra para sus médicos especialistas de producto, profesionales que forman a unos 2.000 doctores al año. Frida Muntión, gerente de marca corporativa de la compañía, define el uniforme como "una nueva forma de identidad visual, igual que un logo", y destaca que refuerza el sentimiento de pertenencia de colaboradores que trabajan de forma puntual con la empresa y después regresan a sus propias consultas.
Esa misma idea de pertenencia vertebra el trabajo de Bastida for work, una marca de ropa laboral de alta gama fundada por Nagore Vitallé y Marta M. Soldevilla. Su propuesta se basa en ofrecer una colección permanente —no efímera— de prendas estéticas diseñadas según la función real que desempeña cada empleado. Según sus fundadoras, cuando una empresa invierte en un uniforme de calidad, los trabajadores desarrollan orgullo de pertenencia y se sienten más valorados.
Sostenibilidad: el punto ciego de la moda laboral
Marisa Selfa, con más de 25 años de experiencia en firmas como Ecoalf, Levi's, Adidas y Timberland, fundó Impact Tailors al constatar que los uniformes son el gran olvidado del debate medioambiental en la industria textil. Según sus estimaciones, alrededor del 90% de las prendas laborales terminan incineradas o en vertederos apenas uno o dos años después de su estreno. Su empresa diseña y produce uniformes con menor huella de carbono, utilizando materiales más responsables, y trabaja con clientes como Grupo Eulen o la cadena hotelera Four Seasons.
Impact Tailors ha puesto en marcha además un programa de recogida de uniformes usados para reciclarlos y reintroducirlos en la cadena textil como nuevos hilos, o derivarlos a otras industrias como la automovilística cuando el reciclaje textil no es viable. Selfa defiende que lo que tradicionalmente es puro coste en la cuenta de resultados puede convertirse en un activo de imagen si se comunica bien. Y añade un argumento generacional: las nuevas incorporaciones al mercado laboral priorizan empresas con impacto positivo, y vestir un uniforme sostenible refuerza ese vínculo.