El futuro del comercio global atraviesa una etapa de transformación marcada por el declive de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la emergencia de redes comerciales fragmentadas. Mientras que el sistema anterior fue comparado con una catedral organizada alrededor de la OMC, el nuevo panorama se parece a dos sistemas solares: uno liderado por la Unión Europea y otro por el Acuerdo Transpacífico (CPTPP).
El contexto internacional está plagado de retos. La guerra en Irán y las tensiones geopolíticas afectan los suministros energéticos y las cadenas globales de valor. A esto se suma el proteccionismo de Estados Unidos, especialmente bajo la administración Trump, que instauró aranceles elevados y otras medidas comerciales agresivas, a pesar de que el Tribunal Supremo declaró varias ilegales en 2026. En respuesta, China ha usado restricciones a la exportación de minerales críticos y otros recursos, generando un escenario de coerción económica y vulnerabilidad global.
A pesar de estas tensiones, el comercio internacional no ha colapsado. El intercambio bilateral entre Estados Unidos y China cayó un 30% en el último año, pero China ha aumentado sus exportaciones hacia países de África y ASEAN, con lugares como Vietnam sirviendo de plataforma para evadir barreras arancelarias estadounidenses. Según datos recientes de la OMC, el comercio mundial creció un 2,4% en 2025, impulsado por países emergentes, el comercio de servicios y la innovación tecnológica en manufacturas, con un fenómeno creciente de near-shoring y friend-shoring, que refuerza relaciones comerciales con países cercanos o aliados.
Ante este entorno, la Unión Europea ha optado por una doble estrategia. Por un lado, busca modernizar e integrar su mercado interior mediante iniciativas como el informe Letta y reformas regulatorias que eliminan barreras internas equiparables a aranceles. Por otro, ha desplegado una estrategia de "de-risking" comercial, diversificando mercados y reduciendo su dependencia de actores geoeconómicos coercitivos.
Este cambio ha permitido cerrar en tiempo récord acuerdos que estuvieron años estancados, incluyendo el pacto provisional con Mercosur, el acuerdo con la proteccionista India, y tratados estratégicos con Indonesia y Australia. Más allá de reducir aranceles, estos pactos apuntan a fortalecer normas compartidas para garantizar previsibilidad y mejorar el acceso a minerales críticos esenciales para la transición energética y digital de Europa.
El actual sistema multilateral se estructura entonces en dos polos principales: el europeo y el del CPTPP. La UE actúa con acuerdos preferenciales variados según el nivel de integración, desde el Mercado Interior con países como Noruega, hasta acuerdos bilaterales como con México o Japón, y pactos más livianos con naciones del Magreb. En paralelo, el CPTPP, impulsado inicialmente por Estados Unidos y retomado por otros miembros, agrupa a 13 países de la región Asia-Pacífico y América, aunque con menor institucionalización que la UE. China, aunque estrechamente vinculada con varios miembros del CPTPP, aún no forma parte por diferencias en prácticas comerciales.
Ambos bloques convergen mediante tratados bilaterales que facilitan el comercio entre ellos, creando un entramado complejo pero funcional basado en normas y transparencia, aún en ausencia de un liderazgo global claro como el que ejercía la OMC. Países como India poseen acuerdos con ambas esferas, ilustrando la dinámica de integración prefencial en la economía mundial, cercana a la teoría del dominó donde los países buscan asegurar su acceso a estos grandes mercados.
La Unión Europea mantiene, así, su compromiso con un comercio abierto y regulado, utilizando herramientas geoeconómicas principalmente para protegerse de la presión o coacción de potencias como Rusia, China y Estados Unidos. Sin embargo, esta apuesta por la integración y apertura podría enfrentar tensiones políticas internas, dado el creciente escepticismo social frente a la globalización y una opinión pública que relaciona el comercio con sus inquietudes económicas y sociales.
En conclusión, el sistema comercial global está lejos de ser estable y uniforme. Ante el debilitamiento de la OMC y las tensiones proteccionistas, la UE busca consolidarse como un centro comercial fuerte mediante acuerdos estratégicos y modernización interna, formando junto al CPTPP los dos grandes ejes que configurarán las reglas y flujos del comercio internacional durante los próximos años. Este escenario plantea preguntas sobre la capacidad de estos bloques para generar estabilidad y abrir mercados en un mundo cada vez más fragmentado y geopolíticamente competitivo.
Para profundizar, puede consultarse el análisis de Federico Steinberg, investigador del Real Instituto Elcano, cuya visión detalla cómo la UE y otros actores están reconfigurando la gobernanza comercial: Real Instituto Elcano.
También es recomendable revisar informes oficiales de la OMC, que reflejan las tendencias actuales del comercio mundial y los retos regulatorios: OMC.
Finalmente, el documento Letta para la agenda de reformas en el mercado interior europeo ofrece una perspectiva sobre las iniciativas en marcha: Agenda Letta.