En noviembre de 2025, la Administración de Donald Trump presentó una estrategia nacional de seguridad que sitúa a Latinoamérica en el centro de la política exterior estadounidense, buscando restaurar la preeminencia de EEUU en la región tras décadas de menor atención. Este cambio marca un giro significativo, dando prioridad al hemisferio occidental frente a competidores globales como China y Rusia.
Desde principios del siglo XIX, la política estadounidense ha invocado la Doctrina Monroe para limitar la presencia de potencias extranjeras en América. Sin embargo, el documento del 2025 introduce el "Corolario Trump", que busca impedir que rivales estratégicos controlen activos clave en el continente.
La estrategia estadounidense se ha concretado en acciones directas, como la operación especial en Caracas en enero de 2026, que llevó a la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por cargos de narcotráfico y la instalación de Delcy Rodríguez en el poder bajo influencia favorable a Washington. Esto ha abierto nuevas oportunidades para inversión estadounidense en sectores energéticos y mineros donde China y Rusia tenían presencia tradicional.
Paralelamente, la Administración ha incrementado la presión sobre Cuba, intensificando un bloqueo casi total de petróleo y exigiendo reformas políticas y económicas.
En marzo de 2026, Trump reunió en su complejo vacacional de Doral a varios líderes latinoamericanos, principalmente de derechas, con un mensaje claro sobre la necesidad de frenar la "influencia extranjera hostil", en referencia a China, y fortalecer la cooperación militar contra los cárteles de droga, estableciendo el Escudo de las Américas como un mecanismo de colaboración regional.
Sin embargo, esta alianza muestra fisuras importantes. Países clave como Colombia, México y Brasil, involucrados en el narcotráfico, no participaron, lo que limita la efectividad del Escudo. Las elecciones presidenciales en Colombia y Brasil podrían alterar la correlación política, aunque México mantiene una postura contraria a la intervención militar estadounidense.
En cuanto a China, aunque ha sufrido reveses políticos y judiciales, mantiene una relación económica robusta con Latinoamérica. El comercio bilateral se disparó de 12.000 millones de dólares en 2000 a más de 518.000 millones en 2024. Brasil, principal socio regional, diversifica sus relaciones y se muestra reticente a acuerdos exclusivos con EEUU para sus recursos minerales críticos.
Expertos como Christopher Sabatini de Chatham House destacan que el Escudo de las Américas no representa una nueva Doctrina Monroe ni una alianza multilateral tradicional, sino un proyecto personalista que gira en torno a Trump, que puede ser efectivo en ciertos niveles políticos pero carece de una base institucional amplia.
El escenario latinoamericano configura así un terreno de competencia intensa entre EEUU, con una estrategia marcada por la restauración de su hegemonía y una fuerte agenda militar y política, y China, que capitaliza sus vínculos comerciales profundos para afianzar su presencia a largo plazo en la región.
Este enfrentamiento tendrá implicaciones significativas no solo para la política regional, sino también para la economía global y el equilibrio geopolítico del hemisferio occidental, donde ambos actores buscan posicionarse como el socio preferente.
Para más información, puede consultarse el documento oficial de la estrategia de seguridad estadounidense disponible en el Departamento de Defensa de EEUU y análisis económicos en el Banco Mundial sobre comercio Latinoamérica-China, así como el seguimiento de la situación política en Venezuela y Cuba a través de la BBC.