El presidente estadounidense, Donald Trump, arribará a Pekín esta semana para celebrar una cumbre bilateral con su homólogo chino, Xi Jinping, donde ejercerá presión para que China disminuya su apoyo a Irán. Según un funcionario estadounidense, Trump pretende retomar las conversaciones sobre el suministro de productos y tecnología de doble uso y la posible exportación de armas a Irán y Rusia por parte del gigante asiático.
En los últimos días, el Departamento de Estado de EE. UU. impuso sanciones a tres empresas chinas dedicadas a proporcionar imágenes satelitales y otros servicios a Irán, lo que facilitaría ataques contra fuerzas estadounidenses en Oriente Medio. Además, el Tesoro sancionó a Yushita Shanghai International Trade por ayudar a Irán a importar sistemas portátiles de defensa aérea (Manpads) desde China.
Trump y Xi se reunirán el jueves por la tarde en el marco de la visita del presidente estadounidense, que incluye además una visita al Templo del Cielo y una cena de Estado. Antes de regresar a Estados Unidos, sostendrán un almuerzo de trabajo el viernes. Además de la cuestión iraní, ambos tratarán posibles acuerdos en sectores clave como la aeronáutica, la agricultura y la energía. Se espera que negocien compras chinas de aviones Boeing y soja, según informó Anna Kelly, subsecretaria de prensa de la Casa Blanca.
Una de las propuestas que se analiza es la creación de una Cámara de Comercio para productos no sensibles, junto con un Comité de Inversiones para discutir planes bilaterales. Sin embargo, otro alto funcionario estadounidense matiza que aún no existen propuestas firmes para inversiones a gran escala y que estos acuerdos podrían concretarse tras la cumbre.
En paralelo, las negociaciones previas han incluido una demanda china para cambiar la política estadounidense respecto a Taiwán, buscando que Trump adopte una posición más explícita contra su independencia y reduzca la retórica neutral. Esta petición genera preocupación en Taiwán, donde algunos políticos rechazan un cambio en esta política, y en Washington.
Aunque la administración Trump autorizó en diciembre un paquete récord de ventas de armas a Taiwán valorado en 11.100 millones de dólares (con otro paquete en preparación por más de 14.000 millones), se ha diferido su notificación al Congreso para no entorpecer la cumbre. No obstante, los funcionarios recuerdan que Trump ya había acordado entregar más armamento a Taiwán que lo aprobado por su predecesor Joe Biden.
La situación defensiva en Taiwán también genera tensiones internas, ya que el parlamento, controlado por la oposición, aprobó un presupuesto para defensa inferior al solicitado por el presidente Lai Ching-te, considerado insuficiente para mantener las maniobras disuasorias frente a China.
En cuanto a la inteligencia artificial, es probable que los líderes aborden preocupaciones sobre tecnologías avanzadas, como los modelos de IA Mythos desarrollados por Anthropic. Se plantea la creación de un canal de comunicación directa para dialogar sobre esta materia, aunque aún no se han concretado detalles.
Esta cumbre se produce seis meses después de que Trump y Xi acordaran una tregua de un año en la guerra comercial durante su encuentro en Corea del Sur. Todavía no está claro si la tregua se extenderá formalmente en Pekín o más adelante. Un funcionario estadounidense confía en que cualquier posible acuerdo se anunciará en el momento adecuado.
La agenda de la cumbre refleja la complejidad de las relaciones bilaterales entre EE. UU. y China, que combinan la cooperación económica con la competencia estratégica, en un contexto regional delicado que incluye Oriente Medio y Taiwán. Esta reunión será una prueba importante para definir tanto la dinámica comercial como la postura política en áreas sensibles.