El precio del oro ha dejado atrás un periodo de estancamiento al romper al alza el rango entre 4.000 y 4.100 dólares la onza, una barrera que había contenido su avance en los últimos meses. Desde finales de julio, firmas de inversión como Citi y UBS han destacado la mejora en el perfil riesgo-recompensa del oro, calificándolo como una de las inversiones más rentables para lo que resta de año.
La semana pasada confirmó este optimismo al superar los 4.300 dólares por onza, impulsando las expectativas sobre su tendencia alcista en el medio y largo plazo. Este impulso se produce después de que el oro experimentara una corrección del 25% desde finales de enero, influenciada por eventos geopolíticos como la guerra en Irán, el fortalecimiento del dólar y el aumento de los tipos de interés.
Los analistas de Pictet AM y Swisscanto resaltan cómo esta caída ofrece ahora un punto de entrada atractivo para los inversores, manteniendo intacta la tesis de inversión a medio plazo en el metal precioso. UBS incluso sugiere que los retrocesos hacia los 4.000 dólares podrían ser oportunidades para aumentar la exposición estratégica al oro, especialmente para quienes buscan activos reales en un contexto global marcado por la innovación tecnológica y la incertidumbre económica.
Tipos de interés reales bajos impulsan la demanda
Uno de los principales motores identificados para el rally del oro son los tipos de interés reales más bajos, es decir, la diferencia entre los tipos nominales y la inflación. Aunque el oro mantiene un precio elevado en comparación con las últimas dos décadas, UBS confía en que una relajación gradual de la política monetaria, especialmente en Estados Unidos, impulsa la demanda inversora.
Los últimos datos de empleo en EE.UU. han reducido la probabilidad de subidas de tipos por parte de la Reserva Federal, situándola por debajo del 50% para septiembre. Este escenario de tipos estables o incluso a la baja durante el resto del año favorecería que el oro retome su atractivo como refugio.
El dólar pierde fuerza, pero gana el oro
Otro factor relevante es la debilidad reciente del dólar. Tras la publicación de datos laborales en EE. UU., la divisa estadounidense cotiza cerca de mínimos de dos meses frente al euro, una tendencia que UBS considera sostenible ante un mercado que, a su juicio, ha sobreestimado la agresividad de la Fed.
Un dólar más débil implica menor competencia para captar inversiones, lo que beneficia a activos como el oro que cotizan en esta moneda. Además, UBS destaca que los flujos de diversificación hacia el oro continúan siendo un soporte sólido a medio plazo para su cotización.
Bancos centrales compran oro para fortalecer reservas
Finalmente, el respaldo de los bancos centrales es un pilar fundamental que refuerza las perspectivas alcistas. La compra sostenida de oro por parte de bancos centrales, especialmente en economías emergentes, funciona como un suelo para el mercado.
Pictet AM subraya que estas instituciones están reconstruyendo sus reservas mediante la adquisición de metal amarillo, mientras Swisscanto señala que el banco central chino ha reanudado sus compras estratégicas del oro, confirmando el interés institucional por este activo.
Con estos tres factores convergiendo —tipos reales bajos, un dólar debilitado y la demanda institucional—, los expertos de UBS proyectan que el precio del oro podría alcanzar los 5.000 dólares la onza en la primera mitad de 2027, representando un alza cercana al 15% frente a los niveles actuales.
Este pronóstico toma en cuenta que, aunque la volatilidad sea una constante en el corto plazo, la fortaleza de estos impulsores duraderos apoyará el rally y posicionará el oro una vez más como un activo defensivo clave para carteras diversificadas.
Para quienes quieran monitorear la evolución del mercado del oro en detalle, es recomendable consultar los análisis periódicos de entidades como UBS y Pictet AM, así como los informes económicos del Banco Central Europeo y la Reserva Federal.
En definitiva, el oro vuelve a posicionarse con fuerza como refugio y activo estratégico gracias a un entorno global donde la estabilidad monetaria y el interés institucional son clave para la confianza del inversor.