La campaña del IRPF correspondiente al ejercicio 2025 echa a andar el próximo 7 de abril, y con ella vuelve la eterna duda para los matrimonios: ¿merece más la pena presentar la declaración de forma individual o conjunta? La respuesta corta es que optar por la tributación conjunta solo tiene sentido económico cuando uno de los dos cónyuges ha ganado muy poco o directamente nada durante el año fiscal.
Para entenderlo hay que fijarse en dos cifras clave. Por un lado, el mínimo personal, que son 5.500 euros exentos de tributación que la Agencia Tributaria reconoce a cada contribuyente. Por otro, la reducción por tributación conjunta para matrimonios, que asciende a 3.400 euros sobre la base imponible. Si cada persona declara por separado, ambas se aplican sus 5.500 euros, sumando 11.000 euros de reducción total para la pareja. En cambio, si optan por la conjunta, la reducción extra es de solo 3.400 euros, que se añade al mínimo personal de uno de los dos. Resultado: la conjunta solo compensa cuando uno de los miembros ha ingresado menos de 3.400 euros, porque así la reducción total (8.900 euros entre mínimo personal y beneficio por conjunta) supera lo que ese contribuyente podría deducirse por su cuenta.
Hay un matiz importante que deja fuera a muchas parejas: este derecho a tributar de forma conjunta está reservado exclusivamente a los matrimonios. Las parejas de hecho y los convivientes no casados quedan excluidos, ya que la normativa fiscal española no los considera una unidad familiar a estos efectos. Es una distinción que genera debate recurrente, pero que a día de hoy sigue vigente.
Cuando hay hijos en común, entra en juego otro beneficio: el mínimo por descendiente. La legislación prevé una deducción de 2.400 euros por el primer hijo (que sube a 2.800 si es menor de tres años), y las cantidades crecen conforme aumenta el número de descendientes, hasta alcanzar los 4.500 euros anuales a partir del cuarto. Los requisitos son que los hijos tengan menos de 25 años, convivan con los padres y dependan económicamente de ellos. Si la declaración se presenta de forma individual, esta reducción se reparte a partes iguales entre los dos progenitores.
Existe además una reducción específica de 2.150 euros para las familias monoparentales, es decir, las formadas por un solo progenitor y sus hijos menores convivientes. Este importe se acumula al mínimo personal y al mínimo por descendiente, aunque tiene una limitación relevante: no se aplica si el contribuyente convive con el otro progenitor de alguno de los hijos incluidos en la unidad familiar.
En definitiva, antes de confirmar el borrador conviene hacer simulaciones con ambas opciones. El propio programa Renta WEB de la Agencia Tributaria permite comparar el resultado individual y el conjunto antes de presentar nada. En la mayoría de los casos en los que ambos cónyuges tienen ingresos regulares, la declaración individual será más ventajosa. La conjunta queda como mejor alternativa principalmente para matrimonios donde uno de los dos está en desempleo sin prestación, se dedica al cuidado del hogar o tiene rentas muy bajas.