La familia Riedel lleva más de dos siglos perfeccionando el arte de fabricar copas de vino. Desde que en 1756 se fundara la empresa en Austria y Alemania, su compromiso ha sido único: crear cristalería que potencie la experiencia del vino. Hoy, a sus 45 años, Maximilian J. Riedel representa la undécima generación al mando del grupo familiar que produce no solo copas para vinos, sino también para agua, café y destilados, con unas ventas anuales de 300 millones de euros y cerca de 60 millones de piezas distribuidas en todo el mundo.
Maximilian, que asumió el cargo de CEO y presidente en 2013, combina tradición con nuevas formas de gestión. Reside en el Tirol austríaco y viaja constantemente para consolidar la marca. Su impacto no se limita únicamente a la dirección empresarial: con más de 637.000 seguidores en Instagram, es una voz influyente en el mundo del vino, capaz de acercar la cultura enológica a un público más joven y globalizado. Recientemente visitó Madrid para una cata organizada por Euroselecció, la importadora de la compañía.
"Ser la undécima generación implica más que heredar un negocio, es comunicarse con las futuras generaciones para que continúen la labor", señala Maximilian sobre los retos generacionales que afrontan. El mayor desafío, admite, es motivar a los jóvenes en un mundo cambiante, donde las prioridades laborales y los estilos de vida son distintos a los de sus antecesores.
Desde 1756, Riedel ha afrontado distintos escenarios históricos y de mercado, desde guerras hasta crisis económicas y ahora la pandemia global. Cada generación ha tenido que adaptar la estrategia. En palabras de Maximilian, "vivimos tiempos complejos, con eventos como el 11-S, la crisis de 2008, la pandemia o incluso tensiones geopolíticas que afectan el consumo". Sin embargo, la empresa mantiene su enfoque en la innovación y la calidad, combinando técnicas artesanales con tecnología avanzada.
El grupo Riedel cuenta con tres marcas principales: Riedel, Spiegelau y Nachtmann. Su producción se divide entre Austria, donde se cuida el trabajo manual, y Alemania, con maquinaria de alta precisión. Esta mezcla entre artesanía y tecnología les permite mantenerse competitivos frente a mercados como China, donde los costes de producción son mucho menores. Maximilian alerta sobre la situación en Europa: "La tendencia preocupa, pues las tasas de desempleo en Centroeuropa son hoy superiores a hace seis años, y la gente cada vez valora menos el trabajo manual o intelectual. La sostenibilidad del empleo artesanal está en juego".
La apuesta por la calidad y la sostenibilidad no es solo una cuestión de marketing. La empresa defiende que fabricar las mejores copas es esencial para maximizar el disfrute del vino. La pasión por la calidad y la durabilidad está presente en toda la producción y se refleja en la preferencia de clientes internacionales, especialmente en Europa y Norteamérica, donde Riedel concentra su mercado principal y sus mayores exportaciones.
Desde el punto de vista de liderazgo, Maximilian se formó en Estados Unidos, donde vivió casi quince años. Este periodo le explicó la importancia de adaptarse rápidamente a los cambios y gestionar con agilidad, mezcla que aplica al modelo europeo tradicional de la empresa familiar. Reconoce el legado de sus padres y abuelos, quienes superaron crisis y condujeron la compañía hacia el éxito, pero siente que su desafío es enfrentar el mundo de hoy con sus nuevas dificultades.
Paralelamente, Maximilian abre la ventana hacia el futuro, pensando en cómo integrar a sus hijos y sobrinos en el negocio. Para él, es vital construir bases sólidas para que la siguiente generación pueda continuar dirigiendo con éxito: "Debo crear la estructura para que los próximos puedan continuar, porque ser sólo la generación número once no es suficiente sin continuidad".
Sobre la evolución del sector vitivinícola, observa que el vino está dejando de ser una moda entre los jóvenes y considera que la industria debe reinventarse para atraer nuevos consumidores. En este escenario cambiante, asociaciones con bodegas como Vega Sicilia o productos especiales como As Sortes forman parte de experiencias que buscan reconectar con el consumidor final, utilizando la cristalería como un valor añadido.
En resumen, Riedel sigue siendo un referente global en cristalería, gracias a su profunda tradición, pero también por su apuesta constante por la innovación y la calidad. La visión de Maximilian J. Riedel es un equilibrio entre lo artesanal y lo tecnológico, lo regional y lo global, lo clásico y lo digital, que busca mantener vigente una marca y un apellido emblemáticos en el mundo del vino.
Para conocer más sobre la historia y productos de Riedel puede visitarse su sitio oficial y para entender el impacto de sus redes sociales, basta con consultar su perfil de Instagram con contenido actualizado y formativo sobre vinos.
Además, la empresa es un ejemplo de cómo una firma familiar puede adaptarse y crecer en un mercado globalizado sin perder su esencia, un modelo que tendrá que superar futuros retos de sucesión y de innovación en un entorno competitivo y cambiante.