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La guerra de Irán redefine el mapa energético mundial

El cierre del estrecho de Ormuz deja cicatrices profundas en los mercados de petróleo y gas, con precios más altos durante meses

Por Redacción El Diario Joven·domingo, 12 de abril de 2026·5 min lectura
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El conflicto bélico entre Estados Unidos e Israel contra Irán, iniciado el pasado 28 de febrero, ha provocado el cierre del estrecho de Ormuz y desencadenado una sacudida en los mercados energéticos globales que dejará secuelas mucho más allá de la eventual firma de la paz. Aunque esta semana se anunció un alto el fuego, la reapertura del paso marítimo por el que circula aproximadamente el 20% del petróleo y el gas que consume el planeta no se ha materializado, y los expertos coinciden en que la crisis ha cambiado de forma estructural la percepción del riesgo en el sistema energético internacional.

Teherán ha demostrado que su capacidad para bloquear una franja de agua de apenas 34 kilómetros de anchura basta para poner en jaque a la economía mundial. Esa lección resulta tan poderosa que ha funcionado como factor disuasorio frente a la maquinaria militar de las potencias atacantes. "Irán ha demostrado que no necesita una guerra abierta ni un cierre total y prolongado de Ormuz para generar una crisis; eso cambia de forma permanente el cálculo de riesgo del sistema energético mundial", señala Eduardo García Castro, economista de Mapfre Economics. Según el experto, el efecto más duradero del conflicto es la normalización del suministro energético como arma geopolítica real, no como simple amenaza retórica.

El petróleo se encarece y las previsiones saltan por los aires

Antes de la escalada bélica, el mercado petrolero operaba en un contexto de exceso de oferta que permitía anticipar un barril de brent entre los 60 y los 70 dólares durante 2025 y 2026. El cierre de Ormuz ha pulverizado esas estimaciones. En apenas seis semanas, el crudo de referencia ha pasado de 70 a casi 120 dólares, y el mundo ha dejado de recibir unos 20 millones de barriles diarios de petróleo y derivados procedentes de los países del golfo Pérsico.

Incluso si el conflicto concluyera pronto, la recuperación del suministro no será inmediata. Será necesario reactivar la producción paralizada, reparar infraestructuras dañadas y resolver el embotellamiento de buques atrapados en la zona. "Incluso en el mejor escenario, estamos hablando de al menos otro mes de flujo muy reducido por Ormuz", advierte Jorge Molinero, analista de Sparta. Bank of America calcula que, si la guerra termina a finales de abril, el déficit de oferta se mantendrá en cuatro millones de barriles diarios durante el segundo trimestre, reduciéndose a 2,5 millones en la segunda mitad del año, lo que sitúa su estimación media del brent para 2026 en 92,5 dólares, muy por encima de los 70 dólares previos.

Por su parte, la gestora suiza J. Safra Sarasin estima que el barril debería estabilizarse entre los 80 y los 90 dólares hacia final de año en un escenario base de acuerdo diplomático. La firma solo concede un 10% de probabilidades a un desenlace de capitulación iraní que devolvería el brent a los 65 dólares, y otorga un 20% de opciones al escenario más extremo —escalada bélica, cierre prolongado de Ormuz y daños permanentes en infraestructuras— que podría disparar el crudo hasta los 150 dólares antes de estabilizarse en torno a los 100.

La segunda crisis energética en menos de cinco años

Más allá de las proyecciones a corto plazo, el mercado va a incorporar una prima geopolítica duradera al precio de la energía. "Este episodio eleva la probabilidad percibida de interrupciones, y eso se traduce en una prima geopolítica más alta, especialmente en el corto y medio plazo", explica Olivia Álvarez, analista de AFI. A esa sobrecarga se sumarán costes más elevados en seguros marítimos y fletes en la zona, además de la necesidad de diversificar rutas de suministro, un proceso costoso que repercutirá en los precios finales de la energía.

La sacudida recuerda inevitablemente al shock que supuso la invasión rusa de Ucrania en 2022. Europa rompió entonces de forma drástica con el gas natural procedente de Moscú e inició un proceso de diversificación que aún no ha concluido. El conflicto iraní ha puesto al descubierto que la vulnerabilidad no se limita a un proveedor concreto, sino que es sistémica. "El riesgo ya no es solo ruso o gasista, sino sistémico y global", subraya García Castro. Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía, ha calificado el bloqueo de Ormuz como un shock energético y económico sin precedentes.

Más allá del petróleo: cadenas de suministro en riesgo

Oriente Próximo se ha convertido en algo más que un exportador de hidrocarburos. Arabia Saudí, Catar y Emiratos Árabes Unidos son proveedores destacados de productos químicos y metales. La región concentra cerca de un tercio de las exportaciones mundiales de urea, materia prima esencial para la fabricación de fertilizantes, y es un suministrador clave de helio, un gas noble imprescindible para la industria de semiconductores. Su cuota en la producción global de aluminio y aleaciones alcanza el 15%, con destino principal en la metalurgia y la construcción europeas.

La dependencia directa de Europa respecto a estas materias primas es limitada y la disrupción afecta sobre todo a las economías asiáticas, pero el encarecimiento generalizado no deja a nadie indemne. Más del 70% de la energía que consume la Unión Europea sigue procediendo de fuentes no renovables, y el transporte, que absorbe un tercio del consumo energético total, depende casi por completo de la gasolina y el diésel, cuyos precios se han disparado. Según los expertos de CaixaBank Research, más del 47% de la electricidad comunitaria se genera ya con renovables, frente al 16% con gas y el 10% con carbón, pero existen diferencias enormes entre países: Polonia e Italia figuran entre los más vulnerables.

Europa ante la urgencia de reforzar su autonomía energética

La UE afronta este verano el reto de rellenar sus almacenes estratégicos de gas natural partiendo de un nivel de reservas del 30%, ocho puntos por debajo del registrado hace un año. "Dos crisis energéticas en menos de cinco años pueden impulsar una transición más rápida hacia un modelo energético sostenible y seguro, con diversificación de fuentes y mayor cooperación europea", apunta CaixaBank Research.

Goldman Sachs propone como mejor antídoto ante futuras crisis "electrificarlo todo" y reforzar la seguridad energética de raíz. El consejo parece haber calado ya entre los consumidores: las ventas de vehículos eléctricos de segunda mano se están disparando en toda Europa como respuesta al alza de los combustibles. En un contexto de desglobalización acelerada y creciente inestabilidad geopolítica, la independencia energética se perfila como una prioridad estratégica ineludible, al mismo nivel que la autonomía financiera o la defensa. La guerra en Irán y el cierre de Ormuz dejan una lección que ya no admite prórroga: la seguridad del suministro no puede seguir dependiendo de estrechos corredores geográficos controlados por actores con capacidad y voluntad de utilizarlos como palanca.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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