Comparar las economías de Estados Unidos y Europa no es sencillo, pues implica múltiples variables y perspectivas. Mientras en Estados Unidos prevalece la idea de que Europa está en declive, expertos como Paul Krugman y Mario Draghi apuntan que esa visión puede ser simplista y carente de matices.
Estados Unidos destaca en sectores como la tecnología digital y la inteligencia artificial, áreas en las que lleva una clara ventaja. Su estructura como un único Estado facilita el ejercicio del poder nacional y la aplicación de políticas comunes. Sin embargo, cuando se analizan otros factores de bienestar, el panorama cambia: la esperanza de vida en hombres y mujeres estadounidenses es menor que en países europeos comparables, a pesar de gastar más en salud. Además, EEUU presenta tasas mucho más altas de homicidios y reclusos, lo que cuestiona su superioridad si se consideran aspectos sociales y de calidad de vida.
Desde la óptica económica tradicional, especialmente centrándose en el PIB per cápita, la situación es paradójica. Estados Unidos ha tenido un crecimiento más rápido del PIB real per cápita desde el 2000, pero el nivel relativo del PIB europeo respecto al estadounidense ha mejorado. Esta paradoja se explica por cómo se mide y qué sectores impulsan dicho crecimiento.
El sector tecnológico, aunque representa solo el 9,2 % del PIB estadounidense frente al 5,4 % de la UE, explica prácticamente la mitad de la diferencia en la productividad entre ambas economías. Además, la productividad tecnológica crece más rápido en Estados Unidos. Sin embargo, medir estos avances depende de ajustes hedónicos que valoran mejoras tecnológicas desde la perspectiva del consumidor, y estas mediciones son sujetas a debate y diferencias metodológicas.
En otros sectores, la productividad en Estados Unidos y Europa es bastante similar. Por otro lado, comparar el PIB per cápita en términos de poder adquisitivo es más fiable y muestra que el nivel de vida relativo de Europa ha mejorado con respecto a Estados Unidos, corroborado por el programa de comparación internacional del Banco Mundial que evalúa precios y bienes no comerciables.
El consumo real por hora crece más rápido en Estados Unidos, pero también aquí los ajustes metodológicos influyen en los resultados. En realidad, tanto el consumo per cápita como el PIB per cápita siguen patrones similares en ambas regiones a lo largo del tiempo.
La razón fundamental detrás de estas diferencias es que el sector tecnológico de Estados Unidos actúa como un bien público global que beneficia a todo el mundo, inclusive a sectores no tecnológicos dentro de Europa. Las empresas tecnológicas estadounidenses se benefician de sus avances, pero esos beneficios son compartidos internacionalmente, sin que afecten del todo al bienestar relativo europeo.
Por tanto, Europa no está en desventaja en términos de bienestar frente a Estados Unidos aunque sea más débil en ciertos ámbitos y dependa de suministros tecnológicos estadounidenses para capitalizar estos avances. Más allá de lo económico, las amenazas a la seguridad y defensa plantean desafíos mayores para Europa, que debe preparar respuestas adecuadas para mantener su posición global.
Esta perspectiva invita a reflexionar sobre cómo medimos la fortaleza económica y la calidad de vida, mostrando que enfocarse solo en el crecimiento del PIB o en la innovación tecnológica puede ocultar complejidades y realidades distintas sobre el desarrollo y el bienestar.
Para profundizar, puede consultarse el análisis original que ofrece Krugman en Substack y el informe de Mario Draghi de 2024 disponible en fuentes oficiales europeas.
Este debate sigue vigente y es clave para entender el futuro económico, social y estratégico de Occidente.