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El doble bloqueo de Ormuz y sus límites reales

Trump añade un segundo candado al estrecho ya cerrado por Irán, pero los expertos señalan serias dificultades para hacerlo efectivo.

Por Carlos García·miércoles, 15 de abril de 2026·4 min lectura
Ilustración: El doble bloqueo de Ormuz y sus límites reales · El Diario Joven

Donald Trump anunció el lunes que la Marina de Estados Unidos bloqueará el tráfico de buques por el estrecho de Ormuz, el paso estratégico que ya lleva semanas cerrado por iniciativa iraní. La medida busca asfixiar la economía de Teherán y presionar a Pekín para que empuje a Irán hacia una negociación de paz. Sin embargo, analistas y expertos en geopolítica energética coinciden en que su aplicación práctica está llena de obstáculos.

El anuncio generó perplejidad inmediata en los mercados y entre los analistas. La razón es sencilla: Trump ordena bloquear un estrecho que, según el propio Pentágono, ya está bloqueado. El mismo mandatario publicó en su red social que 34 buques cruzaron el estrecho en un solo día, la cifra más alta desde el inicio del conflicto, justo cuando anunciaba su intención de cerrarlo. Esa contradicción refleja bien la naturaleza errática de las decisiones de Washington en esta crisis.

Qué pretende Trump con este movimiento

Detrás del órdago se distinguen dos objetivos concretos. El primero es económico: llevar las exportaciones energéticas iraníes a prácticamente cero. Irán exporta el 90% de su petróleo a través de la isla de Jarg, que quedaría completamente aislada si la armada estadounidense establece un control efectivo a la entrada del estrecho. Según los cálculos que maneja el sector energético, el impacto sería de cerca de 200 millones de euros menos al día en una economía ya muy deteriorada, con inflación elevada y protestas sociales previas al conflicto.

El segundo objetivo apunta directamente a China. Pekín es el principal comprador del crudo iraní y, desde hace meses, viene acumulando reservas estratégicas de gas y petróleo anticipando una crisis de este tipo. Si el suministro iraní desaparece, Xi Jinping se verá obligado a buscar nuevos proveedores en un mercado energético global ya tenso. La apuesta de Trump es que esa presión lleve a China a exigir a Teherán que negocie. Según el análisis de la consultora Eurasia, una aplicación estricta del bloqueo podría implicar la incautación de buques de propiedad china, lo que supondría una escalada sin precedentes.

Por qué los expertos dudan de su viabilidad

Gonzalo Escribano, investigador del Real Instituto Elcano, señala dos limitaciones estructurales. La primera: es muy improbable que la Marina estadounidense bombardee un petrolero con destino a China o India, porque eso dispararía el conflicto a un nivel completamente diferente. La segunda tiene que ver con la logística: si se intercepta un buque en alta mar, no está claro a qué puerto llevarlo. Los aliados de Estados Unidos en la región se encuentran en el golfo Pérsico, no fuera de él.

A eso se suma el factor renovables. China lleva años reduciendo su dependencia de los hidrocarburos: tiene una tasa de penetración del vehículo eléctrico sin parangón y una capacidad enorme para sustituir gas por carbón en la generación eléctrica. El margen de presión real de Trump sobre Xi puede ser, por tanto, menor de lo que calcula Washington.

El intento de Irán de reabrir poco a poco el tránsito energético junto a China y otros países aliados empezaba a dar frutos justo antes de este anuncio. Este martes, tres petroleros cruzaron el estrecho sin incidentes, lo que ilustra la brecha entre la retórica de la Casa Blanca y la realidad sobre el agua.

El coste interno para Trump

El bloqueo tiene también una lectura doméstica incómoda para el propio presidente. Los precios del crudo y el gas subieron con fuerza el lunes al conocerse la confirmación de la medida, borrando buena parte del alivio que había generado el alto el fuego anunciado días antes. Eso se traduce directamente en precios más altos en las gasolineras estadounidenses, un indicador que los votantes sienten de forma inmediata.

Trump llegó a la presidencia con la promesa explícita de abaratar el coste de la vida. Más de un año después, los conductores pagan más por repostar que a finales de marzo, cuando comenzó la escalada militar. Con las elecciones de medio mandato aproximándose y el Partido Republicano atravesando horas bajas, el impacto en el bolsillo de los ciudadanos es un riesgo político real para la Casa Blanca.

Las contradicciones no terminan ahí. Mientras anima a sus socios a comprar petróleo estadounidense como alternativa al iraní, Trump envía mensajes a Reino Unido y Noruega para que aumenten su producción en el Mar del Norte y abandonen las energías renovables. Un mensaje que choca frontalmente con la dirección que han tomado las políticas energéticas europeas en los últimos años y que, de momento, no ha encontrado eco en Londres ni en Oslo. La ofensiva sobre Irán, en definitiva, está resultando ser un baño de realidad para la administración estadounidense en más de un frente.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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