La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha dado un paso sin precedentes en la transparencia del sector energético español al publicar en abierto y con detalle cartográfico los mapas completos de la red eléctrica nacional. El resultado es revelador y, para muchos actores del sector, incómodo: el problema de la red no es solo que esté saturada, sino que está profundamente desequilibrada. Hay capacidad donde no se necesita y escasez donde la demanda es más urgente.
Hasta ahora, el diagnóstico oficial apuntaba principalmente a la saturación como el gran cuello de botella para conectar nuevas instalaciones a la red, ya sea para consumir electricidad o para verter energía producida por renovables. Pero los nuevos mapas del regulador ponen sobre la mesa una realidad más compleja: el desequilibrio es bidireccional, afecta tanto a los puntos de enganche para consumo como a los de generación, y se extiende por toda la geografía española sin distinción entre redes de alta tensión y las de distribución que llegan a hogares y pymes.
Un sistema que no cuadra
Lo lógico en cualquier red eléctrica bien planificada sería que los puntos habilitados para consumo se concentraran allí donde hay mayor capacidad de generación cercana. De ese modo, la electricidad producida no tendría que recorrer grandes distancias a través de costosas líneas de transporte para llegar a quienes la consumen. En España, sin embargo, ocurre lo contrario con demasiada frecuencia: hay cientos de megavatios de capacidad disponible para consumo en zonas con escasa generación, y abundancia de puntos para verter electricidad en áreas donde la demanda es limitada.
Un ejemplo concreto es el arco mediterráneo, desde Cádiz hasta Girona. En esa franja existe una concentración elevada de puntos vacantes para consumo en alta tensión en provincias como Cádiz, Murcia, Alicante y Barcelona. Sin embargo, la disponibilidad para conexiones de generación no sigue el mismo patrón: hay sobreabundancia en gran parte de Cataluña, pero es escasa o prácticamente inexistente en el resto del litoral. El sistema, en definitiva, no encaja.
La solución pasa por dos caminos, ninguno sencillo ni barato: o se habilitan nuevos enganches donde la demanda lo exige, o se construyen nuevas líneas de transporte que lleven la electricidad desde donde se produce hasta donde se consume. Ambas opciones implican inversiones cuantiosas y plazos que el mercado, especialmente el de las energías renovables, difícilmente puede asumir sin certidumbre regulatoria.
Madrid, caso extremo
Si hay un ejemplo que ilustra con claridad la magnitud del problema, ese es Madrid. Un primer informe de la CNMC ya había concluido que más del 80% de los puntos de acceso en redes de distribución estaban saturados a nivel nacional. Ahora, con los datos desagregados por zonas, se comprueba que en la región madrileña la saturación es prácticamente total: no queda margen para nuevos enganches de más de un megavatio.
Esto tiene consecuencias directas y muy concretas. Madrid es precisamente la comunidad donde se está concentrando la mayor oleada de proyectos de centros de datos de toda Europa. Empresas tecnológicas globales han elegido la región como hub digital para el sur del continente, y todas ellas necesitan conexiones de gran potencia a la red. La saturación al cien por cien no es un problema abstracto: es un freno real a la inversión y a la creación de empleo cualificado.
Quién gestiona qué
La red eléctrica española se divide en dos grandes segmentos. La red de transporte, de alta tensión y función troncal, está en manos de Red Eléctrica, dependiente de Redeia. La red de distribución, la que llega a hogares y pequeños negocios a través de líneas de media y baja tensión, está gestionada principalmente por Iberdrola, Endesa, Naturgy y EDP, además de un centenar de operadoras locales y comarcales. El desequilibrio detectado por la CNMC afecta a ambos niveles, lo que amplifica su alcance y su complejidad.
Los mapas se han elaborado a partir de los datos que los operadores de red están obligados a remitir al regulador en cumplimiento de una orden publicada el año pasado, con la que la CNMC pretendía medir con precisión el alcance de la saturación. La novedad ahora es que el regulador ha homogeneizado y agregado esos datos, lo que permite una visión de conjunto imposible hasta ahora cuando la información llegaba fragmentada por operador.
Esta publicación en abierto supone también un cambio de postura institucional. Al hacer visibles los mapas para cualquier ciudadano, empresa o inversor, la CNMC no solo ofrece transparencia: lanza también un mensaje implícito a los operadores de red y a la Administración sobre la urgencia de actuar. La pregunta que queda en el aire es si esta radiografía será suficiente para acelerar las decisiones que el sector energético lleva reclamando desde hace años.